Las virtudes de la negociación de centralidad media articulada
Instalar el debate sobre el nivel dominante de la concertación colectiva, si bien no es novedoso, es un tema mayor, de aparición recurrente, que merece este comentario. Lucio Garzón Maceda.
En vísperas de iniciarse la ronda anual de negociaciones colectivas en el marco de las paritarias, el pasado 23 de febrero, en la principal nota editorial del diario La Nación , titulada "La discusión salarial", se criticaba el modelo imperante de negociación colectiva por actividad, de centralidad media, y se propiciaba la negociación descentralizada por empresa. Instalar el debate sobre el nivel dominante de la concertación colectiva, si bien no es novedoso, es un tema mayor, de aparición recurrente, que merece este comentario.Los empresarios, de manera unánime, son partidarios del modelo descentralizado a nivel de empresa y de las ventajas enunciadas, procurando una sintonía actual con la publicitada necesidad de negociar productividad, asegurando competitividades.Los sindicatos, por su parte, lo son de la negociación colectiva de centralidad media y articulada, a nivel de actividad, industria o sector.Esta divergencia de fondo es reflejo del conflicto de intereses entre el capital y los asalariados, centrado en la fijación del precio del trabajo dependiente.A la negociación a nivel de la empresa –descentralización mayor–, propiciada por los empresarios, se le adjudican, entre otros méritos de rigurosa actualidad, el ser deflacionista, productivista, guardiana de competitividad y realista. Mientras, a la negociación de actividad, de mediana centralidad, se le adjudican todos los defectos.Por su parte, los sindicatos, en general, desconsideran tanto las críticas como a la negociación por empresa, salvo excepciones de algunos grandes colectivos.Principios doctrinarios abonan las divergentes concepciones sobre la eficiencia, así como sobre el papel de los sindicatos en ella. Equilibrio necesario. Desde que se les adjudicara a las asociaciones sindicales la representación de intereses de todas las categorías socioproductivas y se dispusiese la aplicación obligatoria a todas las empresas, quedó abierto el debate sobre la negociación. Entre los principios fundantes, surgió que para la existencia de una verdadera negociación, y no una mera ficción, era imperativo la existencia de una relación de fuerzas mínimamente equilibrada entre los actores sociales.Tanto para los empresarios como para los sindicatos, estuvo muy en claro que el resultado de la negociación dependía de la fuerza acumulada en términos reales por cada uno de los interlocutores.Por ser una batalla decisiva para fijar el valor de la fuerza de trabajo, unos y otros han procurado, en lo posible, llegar a la contienda en las mejores condiciones posibles.Los empresarios entienden que a nivel de su empresa, "tienen la sartén por el mango" y que la "empresarización" de sus trabajadores los favorece, dado las escasas externalidades sociales, políticas y macroeconómicas existentes a ese nivel.Los sindicatos, a la inversa, saben que en la negociación de empresa, salvo excepciones, a causa del riesgo de aquella "empresarización", la conciencia solidaria global suele debilitarse.La negociación de empresa segmenta los colectivos entre sí, mientras que la negociación unitaria de actividad fortalece la solidaridad general. Dicho en términos populares: en la negociación de actividad, el trabajador transpira la camiseta sindical, mientras que en la negociación de empresa, aquel se ve con frecuencia obligado a jugar con una camiseta ajena, en un ámbito delimitado, donde es difícil superar la irritante desigualdad con el empleador.Por otra parte, los empresarios, con poderío individual limitado, tienen dificultades para enfrentar al sindicato en ocasión de la negociación centralizada. A la inversa, los sindicatos se fortalecen en la negociación unitaria, posibilitando condiciones y salarios mínimos obligatorios para la totalidad del ámbito personal.Palabras más, palabras menos, los actores con intereses contrapuestos tienen, lógicamente, cada uno complacencias y elecciones diferentes. Ni pequeño ni hermoso. La doctrina liberal argumenta, en forma errónea, que la competitividad es alcanzable con la negociación descentralizada, olvidándose que ello esta asentado habitualmente en bajos costos salariales. Los empresarios consideran que la negociación a nivel del ámbito más descentralizado y, lógicamente, más reducido, es la que permite hacer converger los intereses de los trabajadores y empleadores, parodiando, quizá de manera anacrónica, la vieja consigna de la década de 1960 de que "todo lo pequeño es hermoso".Para los trabajadores y sindicatos, obviamente, la experiencia les indica que no es así y por ello, trascendiendo la empresa, escogen la negociación de centralidad media, industria-actividad, que les permite concertar la vigencia de un salario mínimo profesional tan alto como lo posibilite la realidad.En la negociación de industria o actividad, contra lo que comúnmente se cree, no se concertan los salarios máximos que pueden pagar algunas empresas, sino tan sólo las condiciones y salarios mínimos que todos pueden y deben cumplimentar por igual, grandes, medianas y pequeñas.La negociación de industria o actividad es una negociación de mínimos niveladores de subsistencia y dignidad. Una vez establecidos los mínimos comunes, se negocian mayores valores en forma articulada a nivel de empresas, conforme sus posibilidades, magnitudes, productividades, competencias, eficiencias, etcétera.Las negociaciones de industria, tengámoslo en cuenta, no están previstas para discutir productividad sino, en especial, condiciones y salarios mínimos. Aquella se discute, llegado el caso, después en forma articulada a nivel de cada empresa, en forma ascendente y progresiva –nunca a la baja–, conforme la mayor posibilidad de generar valor añadido. Competencia justa. Un beneficio pocas veces evaluado de la negociación de centralidad mediana, de industria o actividad, es que al establecer los mínimos comunes permite que desaparezcan los riesgos de las competencias desleales interempresarias basadas en los bajos salarios. Además, la negociación de actividad o industria condiciona las inversiones de las empresas para acrecentar productividades (por producto-hombre-hora) y así subsistir compitiendo desde la igualdad mínima-básica preestablecida por la convención colectiva.Si el modelo argentino diese prioridad a la negociación por empresa y se fragmentasen colectivos debilitando sindicatos, en ausencia de un sueldo mínimo de la industria habría remuneraciones de absoluta disparidad y equidad, sujetas tan sólo a la relación de fuerzas y a la voluntad del patrón; vale decir, "el zorro en el gallinero", con la activa colaboración de las gerencias de recursos humanos, con su actuar decisivo para sustituir al sindicato representativo.Pero claro está que para que haya negociación de industria, de actividad, de mediana centralidad, hace falta que haya sindicatos fuertes, con capacidad de resistencia. La negociación se apoya en la organización, en la representación, en la representatividad, pero también en la posibilidad de organizar la huelga, que pueda hacerse, aunque nunca haga falta hacerla. Al sindicato unitario y fuerte, en general le basta con advertir.Señalemos que no son muchos los sindicatos extranjeros que pueden hoy mantener verdaderas negociaciones de industria o actividad, ya que son pocos los países con un movimiento sindical en la actividad pública y especialmente en la privada, con las posibilidades contundentes de los nacionales.Así, con el mejor modelo de negociación, asegurando condiciones y salarios mínimos podrá reducirse de manera progresiva la existencia de los llamados "trabajadores pobres".Sólo así, y asegurando a la par servicios públicos eficientes y baratos, incluida la vivienda con función social, proseguiremos el rumbo hacia el bienestar y la calidad de vida, en especial para quienes más lo necesitan.

