Amenazas en colegios. La violencia en las escuelas no puede llegar para quedarse
La violencia extrema en las escuelas llegó como el virus de la pandemia, sin pedir permiso ni golpear la puerta, como un viento tan fuerte que te abre la ventana y no te deja cerrarla a tiempo, antes de que derribe algún objeto del cuarto.
Mi viejo siempre fue de pocas palabras, pero cuando se mandaba una frase, ufff, te la mandaba con todo, te tiraba con esa ironía que te atravesaba el cuerpo y te dejaba temblando. De pequeña recuerdo que nos decía: “En tal villa, si no tenés un arma al entrar, te la dan…”, y esto me generaba mucho miedo…
Hoy, 35 años después, cuando prendo la radio camino al colegio de mis hijos, lo primero que escucho es otro caso sobre amenazas violentas en las escuelas, en tal provincia, en tal otra…
No puedo con mi genio, cambio el programa por otro sin noticiero, con música de mi época, porque “todo tiempo pasado fue mejor”. ¿Pero estoy haciendo bien cuando miro para otro lado?
Evidentemente, mi respuesta es negativa y acá me encuentro de nuevo, buscando inspirar ideas de cambio, afianzar o reforzar, a través de la escritura, esos valores morales con los que me criaron, aunque sea en la pequeña sociedad cordobesa donde nací.
Algo que no sé si hago bien, pero lo hago y, por los comentarios que llegan, está claro que la gente sigue leyendo y empatizando…
¿Hacia dónde queremos ir?
No podemos naturalizar ni la violencia ni las amenazas en las escuelas, no en mi querida Argentina. Parecía que los tiroteos pasaban habitualmente allá lejos, en la otra punta del mundo, en Estados Unidos sobre todo.
A través de las amenazas, el problema ya está a la vuelta de la esquina y no podemos minimizarlo. La violencia extrema en las escuelas llegó como el virus de la pandemia, sin pedir permiso ni golpear la puerta, como un viento tan fuerte que te abre la ventana y no te deja cerrarla a tiempo, antes algún objeto del cuarto te derribó.
Relato esto y se me viene a la mente un video que vi hace poco, realmente me impactó. No dura más que un par de segundos. Un exalumno de un colegio en Estados Unidos entra con un arma a la institución y el director lo tira al piso, lo taclea como un rugbier, otro profesor le quita el arma. Seguramente salvaron muchas vidas. Ningún maestro del mundo se prepara para esta situación.
Me siento vieja cuando hago esta pregunta retórica: ¿hasta dónde hemos llegado? Dios, hay cosas que nos hacen helar la sangre. Tal vez llegó la hora de repreguntar: ¿Hacia dónde queremos ir? Lo que estamos viviendo es muy peligroso.
Las autoridades locales ahora se preocupan por el dinero invertido en los operativos policiales en las escuelas y no sé si reír o llorar. ¿Por qué no se preocuparon antes por mejorar las condiciones de las escuelas, los sueldos de los maestros, la calidad educativa? Si la educación argentina viene en crisis hace tiempo…
Nunca fue prioridad para ningún político o funcionario público, ni lo a va ser, simplemente porque los resultados de una mejora en la educación se ven en el largo plazo, mientras que los políticos, aunque permanezcan en el poder, siempre están de paso y nos “venden” las estadísticas como les conviene.
La construcción de la paz
Hoy las armas llegaron a las escuelas, no hablamos de villas como decía mi papá (y con esto no quiero decir que allí el uso de las armas sea menos grave), pero hablamos de escuelas, aquellas por cuya apertura luchamos tanto en la pandemia, desde Argentinos por la Educación, Padres Organizados y otros movimientos sociales, algunos ya convertidos en asociaciones civiles consolidadas, que trabajan por mejorar la educación en todo el país.
Más de esto necesitamos, más compromiso de las familias, más participación, más campañas positivas, como la de los estudiantes sanjuaninos que crearon una campaña en contra de los mensajes de los tiroteos en las escuelas.
¿Por qué esta campaña no se contagió por todo el país? ¿Por qué los chicos están copiando “lo malo” y no “lo bueno”? Porque nadie los sostiene, porque muchas familias argentinas también están destruidas, por la pobreza, la droga, la violencia.
De ninguna manera la violencia en las escuelas puede llegar para quedarse, es responsabilidad nuestra aportar a la construcción de la paz, con cada charla que tenemos con nuestros hijos, con cada ejemplo que les damos y con cada vínculo que construimos en nuestra sociedad.
Doctora en Política Pública

