Salud. Violencia y consumos: ¿quién inspira a los adolescentes?

La innovación y el marcado de agenda pública que “inspira” a los jóvenes quedan en manos de grupos económicos o de poder habituados a planificar con más de 10 años de anticipación, según sus propios objetivos.

04 de junio de 2026 a las 12:01 a. m.
Gabriela M. Richard Losano
Violencia y consumos: ¿quién inspira a los adolescentes?
Amenazas de tiroteo en una escuela de Jesús María.

¡Qué hago! Un chico de 15 años asesinó a un compañero, instruido y alentado por la red digital Comunidad del Crimen Verdadero (TCC, en inglés).

Ese día, madres y padres que estaban haciendo las compras o, más tarde, mientras tranquilamente cenaban junto a sus familias se enteraban de la noticia por la radio, la televisión o las redes. No lo podían creer, no sabían cómo hablar de esto con sus hijos.

Poco después, se sucedieron otras amenazas de crímenes en distintas escuelas del país. Una situación nueva que sorprendió a todos, comenzando por las mismas autoridades educativas, que tuvieron que lidiar con la reconfiguración de la actividad escolar y atravesar preguntas y supuestos que no estaban previstos.

Los cambios son vertiginosos.

Encontramos una coincidencia entre diversos diagnósticos: llegamos tarde. Algo ya se inició y promete continuar, con impulso desde el mundo digital.

Llegar antes

Entonces, se impone la siguiente pregunta: ¿que podríamos hacer para llegar antes? Simplemente, proponérnoslo de manera honesta y trabajar en consecuencia.

Eso implica planificar de un modo distinto, que incluya reflexiones sobre la dimensión simbólica: es allí donde se crean los deseos, las aspiraciones, las expectativas y las motivaciones para la acción, incluidas las violentas.

Hace falta innovar mediante un reencuadre que visibilice esta dimensión, la cual configura la nueva realidad a partir de la cual se toman decisiones y se actúa.

Este enfoque devela un desfase entre la dinámica propositiva de la industria, que se expresa a través de las nuevas tecnologías, y las culturas que funcionan con una dinámica tradicional privilegiando la identificación de factores ubicados en tiempo pasado.

A este fenómeno conocido como "cultura del cuidado o de la asistencia" se viene adelantando la creada por el marketing, dedicada a funcionar proyectando futuro. De este modo, la innovación y el marcado de agenda pública que “inspira” a los jóvenes quedan en manos de grupos económicos o de poder habituados a planificar con más de 10 años de anticipación, según sus propios objetivos.

Ocupan el lugar primordial, donde se configura lo que da sentido, y “a su modo” inspiran, educan y guían. Establecen modas o tendencias. Saben cómo captar, sobre todo a quienes menos capacidad de filtro tienen: niños y adolescentes.

Los adultos también suelen ir por detrás de modelos que esta cultura de consumo les ofrece. Sin darse cuenta, familias e instituciones son “usurpadas” en su función de inspirar según valores que cultiven el bien común y vínculos en ese sentido. No es un problema de infancias y adolescencias. Es un problema sistémico, que se extiende por el entramado social.

Entonces: ¿cómo llegar antes? Primero, introduciendo un interrogante que suele quedar al margen, acerca de cómo “inspiramos” (o no) a los más jóvenes a favor de su desarrollo personal y al del conjunto social del que son parte. En segundo lugar, ampliando el foco de observación sobre una línea de tiempo que permita registrar situaciones en las que ellos ya están siendo inspirados para que orienten sus decisiones como consumidores actuales o potenciales.

Esto es lo que en el campo de las adicciones denominamos identificar “contextos adictivos”, en tanto facilitadores de hábitos de consumo funcionales a redes comerciales.

Si volvemos al tema del comportamiento violento, con este nuevo enfoque descubrimos que el problema ya no consiste sólo en la cantidad de horas que los jóvenes pasan frente a un celular, sino también en la actitud que adoptan frente a él y, por ejemplo, la elección y el uso de videojuegos.

Analicemos el caso de un videojuego, el GTA (Gran Robo de Autos), donde los jugadores asumen roles criminales para completar misiones. Lanzado en 1997, el primer juego se centraba en robos de autos para venderlos y ganar puntos; luego, los jugadores también pudieron desempeñar diversos roles criminales, como asesinar o dedicarse al narcotráfico, donde se suman puntos si escapan de la policía.

Fue usado por varias generaciones en versiones mejoradas –sin ser analizado críticamente en ningún manual destinado a educadores; tampoco para familias– y con una presentación atractiva contribuyó a normalizar un sistema de creencias y un modo de vincularse para jugar. Este y otros juegos donde el liderazgo es desempeñado por personajes violentos son de libre acceso.

La máxima regulación ofrecida por proveedores se refiere a la restricción para menores de 18 años –mismo criterio que pretende aplicarse a la oferta de apuestas online y a la de vapeadores, entre otras–. Se podría extender este análisis hacia el rol de youtubers, publicidades, letras de canciones, etcétera.

Conscientes de este tipo de procesos naturalizados con el paso del tiempo, ¿quién podría sorprenderse por las conductas violentas o ligadas al consumo/venta de drogas, cada vez más frecuentes? Es necesario incluir una mirada crítica ante este contexto proactivo que define modos de ver el mundo y de elegir, y proceder de modo activo. No basta con acompañar.

Inspiración

Trabajo cotidianamente con docentes y profesionales de la salud. En diálogos francos sobre la grave situación actual, donde los cambios estructurales están atropellando las previsiones, hemos encontrado un punto de acuerdo: recuperamos el entusiasmo cuando nos damos cuenta de que la clave para llegar antes es poder inspirarnos e inspirar con valores genuinos que evidencien el contraste con las modas impuestas y amplíen el rango de alternativas elegibles.

Si se habilitan alternativas con capacidad de guiar, alentar, inspirar, motivar en clave de lo que Byung-Chul Han denomina “el espíritu de la esperanza”, se logrará avanzar delante de la intencionalidad planificada por el mercado, carente de todo tipo de ética.

Psicóloga especialista en adicciones; directora de Fundación ProSalud