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Vacíos que golpean a los adolescentes

El adolescente carece de referentes, de límites, de invitación a realizar un proyecto de vida, de encontrar padres culturalmente adultos. Hugo Zanet .

07 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
Hugo Zanet (Director general de Institutos Privados de Enseñanza)
Vacíos que golpean a los adolescentes

Como director de la Dipe, he aprendido muchísimo sobre la situación que abordo en este artículo. Y precisamente para validarla con aproximación a la realidad adolescente, valiéndome de las realidades que nos expresan los hechos, como los aportes de tantos directivos y docentes que escucho. Para avanzar a la solución de problemáticas, entiendo que debe partirse desde la realidad a la idealidad; de lo contrario, manejarnos ilusoriamente desde la ficción o irrealidad nos impediría encontrarnos con lo que nos hace falta saber. Hoy, la adolescencia no sólo es un desafío biológico y psicológico; también es cultural y nos incluye a los adultos, en especial a los funcionarios, directivos, docentes y a los padres, como actores que no pueden excluirse ni omitir su propia autocrítica.En una sociedad en permanente mutación, en contextos complejos, no se pueden hacer análisis lineales ni con marcos de referencia únicos. Casi todo está en debate; no sé si el debate también, en un ámbito atravesado por contradicciones, crispación, individualismo. Estos desvalores crecen en nuestros queridos adolescentes que, además de sus propias incertidumbres, deben sumarles las de los adultos. Hay una especie de mimetización con los adolescentes y hasta podría decirse que, en nombre de éstos, aquéllos expresan sus rebeldías, su inmadurez e incapacidad de encontrar sentido a la propia existencia y razones ciertas para vivir feliz.Al "ni" de los adolescentes se une el de los mayores: "ni niño ni adulto", al compás de "adónde va Vicente, donde va la gente", sin encontrar el norte. Y no hay límites. Los adolescentes, por su condición, no lo tienen y los mayores no se autorregulan y menos gravitan en aquellos a quienes deben acompañar en el crecimiento.En la familia no se ponen límites. En algunos casos, porque el tratamiento es de pares, amigos, compinches, cómplices y, como contrapartida, la escuela queda como el lugar donde deben exponerse al riesgo de ser contradichos, desautorizados y hasta judicializados por los padres-amigos.Así, encontramos la falta de cultura del esfuerzo, dedicación, disciplina, reemplazada por la moda de lo atractivo, divertido, lúdico. Es inútil buscar el argumento para seguir avanzando sin formación ni estrategia, con el propósito de conseguir de cualquier modo el objetivo; por ejemplo, el de la obligatoriedad del secundario. Por un proyecto de vida. El proyecto de vida, en otras épocas tenido como un desafío, hoy no se puede dilatar de manera indefinida. El adolescente carece de referentes, de límites, de invitación a realizar un proyecto de vida, de encontrar padres culturalmente adultos, docentes apasionados por ser modelo de entrega generosa en cada hora de clase todos los días del ciclo lectivo. El adolescente nos reclama testimonios verdaderos de una y otra forma. No basta amar; hace falta que se den cuenta de que son amados. Adolece de ser acompañado en el cultivo de valores perennes, no de efímeros momentos con sabor a nada.Todo esto y más "es necesario hacerlo teniendo en cuenta a cada uno en su originalidad, desde su historia personal y social, y reconociendo la posibilidad que tienen de asumirse como personas dueñas de su libertad, capaces de comprometerse con el mundo donde viven" (Carena, S., Pisano, M. & Conca, A. 2009: 31). En definitiva, asistir a los adolescentes requiere de una ruptura en la actitud de los adultos vinculantes y, luego, construir los resultados en común y en genuina comunidad educativa.