Pensar la infancia. Uso de dispositivos electrónicos: basta de titubear

Urge reaccionar contra un abuso tecnológico que perturba de manera escandalosa la vida familiar y en los colegios.

30 de mayo de 2026 a las 11:48 p. m.
Uso de dispositivos electrónicos: basta de titubear
Advierten sobre el uso temprano de los celulares en niños y adolescentes.

Ya no quedan dudas. Basta de titubear. El uso excesivo de dispositivos electrónicos está causando estragos en niños y adolescentes.

Sin diferencias regionales ni sociales, todos parecen haber caído en la trampa que, de manera premeditada, diseña algoritmos adictivos.

Urge reaccionar contra un abuso tecnológico que perturba de manera escandalosa la vida familiar y en los colegios.

Los datos duros impactan. La edad promedio en la que chicos y chicas reciben su teléfono propio es de 9,6 años. Traducido a niveles educativos, desde cuarto grado comienzan a conectarse, a aislarse y a enfermar.

El tiempo promedio de pantalla supera largamente las cuatro horas diarias (840 horas al mes), con picos los fines de semana y feriados.

Esto ocurre durante los ciclos escolares; en vacaciones, el promedio suele exceder las 10 horas diarias.

Pero, más allá del tiempo dedicado –tiempo infantil y tiempo adolescente que, sabemos desde siempre, no vuelve–, importan los contenidos que abordan.

Varios informes nacionales coinciden en la lista prioritaria de plataformas: TikTok, YouTube, Instagram y juegos, la mayoría de los cuales no apela a la imaginación ni a la creatividad.

El resultado es previsible: diseño, tiempo y contenidos conducen, antes o después, a la adicción.

Esta palabra no es azarosa; para definir la temática como adicción, se requieren criterios nítidos. El primero es una fuerte dependencia, tanto emocional como física, traducida en diversas formas de ansiedad cuando pierden conexión o cuando se les pide que “atiendan” y ellos/as sólo están esperando volver a conectarse.

La adicción incluye tolerancia, que en este contexto significa aumento de dosis. Al igual que el consumo adictivo de tabaco, alcohol o drogas ilícitas, siempre se pide más.

La abstinencia es otro criterio fundamental. Lo prueban los berrinches y las protestas descontroladas al quedarse sin señal o –de manera sencilla y cotidiana– cuando alguien intenta quitarle una tablet o teléfono a un niño pequeño. Nada reemplaza la pérdida, que en algunos se asemeja a una amputación.

Negar ser adicto completa los criterios.

Qué hacer

Si los adultos –la mayoría de los cuales comparte algún criterio adictivo– deciden actuar, existen estrategias probadas.

Porque lo que está en juego no es sólo la dispersión, los trastornos del humor, la pérdida de hábitos esenciales (para alimentarse y para dormir) y la capacidad de socializar cara a cara. Están en peligro la infancia como territorio de crecimiento en libertad y la maduración cognitiva.

Como táctica inicial, bien funciona definir zonas libres de tecnología. Chicos y chicas no deberían utilizarla en la cama, durante las comidas, en clase o en prácticas deportivas. Difícil, pero no imposible.

Más sencillo es reducir la intensidad de la luz y el brillo en las pantallas, desactivar alertas no esenciales y no usar el teléfono como despertador, ya que esto conduce a iniciar cada día zambullido en las redes.

Y mientras prosperan los proyectos de políticas públicas e institucionales sobre la regulación del uso de dispositivos, cada familia puede decidir su política interna, tanto de tiempo como de contenidos. Sin miedo al enojo o a los estallidos emocionales. "Todo lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal", decía Nietzsche.

Existe un método que gestiona el trabajo o el estudio: Pomodoro, que postula bloques de 25 minutos y propone descansos obligatorios de cinco minutos, durante los cuales los dispositivos quedan lejos.

Para lograr todo esto, y muchos otros gestos de amor y protección, es necesario estar.

¿Y qué es la maternidad/paternidad sino justamente eso?

Médico