Urgencias y agenda de largo plazo
No hay posibilidad de un modelo de desarrollo y de ciudad si no fijamos un rumbo y si no definimos colectivamente qué ciudad queremos y cómo la vamos a construir. Martín Lardone.
La ciudad de Córdoba se encuentra en una situación gravísima. A esto, todos los sabíamos, porque lo vivimos a diario. El municipio, el Estado municipal, también esta en una situación de gravedad. A esto, todos lo sospechábamos y lo hemos confirmado en estos días. Frente a esta situación, ¿qué debe hacer un Gobierno? Atacar la emergencia, atender los problemas urgentes y resolver los problemas operativos básicos del municipio. No hay posibilidad de sustentar políticas de largo plazo si no se resuelve el corto plazo. Eso dicen algunos. Otros, como Esteban Dómina en una columna en este diario, la semana pasada, advierten que estos problemas de coyuntura, aunque reales y graves, no deben impedirnos ver lo importante: el proyecto de ciudad a largo plazo. Desde esta mirada, se sostiene que en nombre de la emergencia no podemos sacrificar el largo plazo.La pregunta por lo urgente y lo importante que se plantea Dómina con mucha agudeza es, en gran medida, la misma que aquélla sobre el corto y el largo plazo. Cómo resolver el vínculo entre estos horizontes temporales diferentes, nunca ha sido una cuestión sencilla. Dos tipos de problemas. La diferencia entre un gobernante común y corriente y un hombre de Estado es, justamente, la de resolver el largo plazo, la de liderar una visión colectiva, sin trastabillar con las contingencias de la coyuntura y del día a día. Resolver los dos tipos de problemas. Compatibilizar las exigencias de la coyuntura, los legítimos reclamos de los vecinos para que les solucionen sus problemas más cotidianos, con la atención que requiere concertar intereses y hacer converger a actores en una visión de futuro colectiva.Si esto es difícil cuando a un gobernante le toca administrar un Estado relativamente ordenado y en funcionamiento, es aun más complejo de lograr en un municipio que no sólo evidencia enormes complicaciones financieras, sino que además se había acostumbrado a la desidia y al abandono de las cuestiones operativas mas elementales.El (des) gobierno de la segunda ciudad más importante de nuestro país ni siquiera podía garantizar el funcionamiento de los semáforos, por sólo mencionar uno de los problemas más graves y elementales.Es evidente que la realidad no admite estas dicotomías. Un gobierno que le devuelva gradualmente a nuestra ciudad el brillo que se merece debe poder hacer las dos cosas. No hay posibilidad de un modelo de desarrollo y de ciudad si no fijamos un rumbo y si no definimos colectivamente qué ciudad queremos y cómo la vamos a construir.Pero no hay largo plazo sin resolver el día a día ("en el largo plazo, estamos todos muertos", decía John Maynard Keynes...) y sin garantizar lo consolidación de un aparato estatal eficiente y moderno que nos permita llevar a la práctica esas políticas de Estado. Los acuerdos de largo plazo se vuelven un discurso bonito pero vacío e inútil si no tenemos un Estado municipal con capacidad de implementarlos y de volverlos realidad, de volverlos obras y hechos. Más allá del voluntarismo. En nuestro país se ha hablado demasiado, en los últimos tiempos, de políticas de Estado, tanto desde la oposición, como desde diferentes sectores políticos. Pero como muchas cosas en la Argentina, estos discursos están cargados de una alta dosis de voluntarismo, de discurso políticamente correcto (cuando no ingenuo...) y de cierta dosis de pensamiento mágico. Parece que la raíz de todos nuestros problemas fuera ponernos de acuerdo en definir objetivos comunes de largo plazo. Sin que esto deje de ser cierto, supone que la solución pasa por ese acuerdo, que mágicamente haría que la política y la gestión del Estado cambiaran a partir de eso.Pues bien, las políticas de Estado requieren algo más que la voluntad política de ponernos de acuerdo en ciertos denominadores comunes mínimos de la agenda pública. Requiere, además, de la inteligencia para identificar ciertos temas prioritarios, para legitimarlos y para disponer de la información estratégica y validada científicamente para abordarlos. Es necesario dotar al Estado de capacidades, de estructura y de instituciones para cumplir esta tarea. Políticas consensuadas. En su reciente discurso de asunción, el intendente Mestre habló de la coyuntura, de la grave crisis del municipio y de algunos de los problemas más urgentes a los que se abocó en los primeros días de gobierno. Pero también hizo anuncios que aparecen muy importantes a la luz de estas preocupaciones por el largo plazo, por un proyecto de ciudad y por un municipio con capacidad para implementar las políticas consensuadas. Anunció el ingreso por concurso a la planta permanente del municipio. Una medida central para poder contar con una administración pública moderna, meritocrática y democrática. Anunció, también, la creación de un Instituto de Planificación Municipal. La noticia de que haya una instancia responsable de planificar las políticas de largo plazo aparece como una buena nueva. Pero resulta muy oportuno también que sea un instituto, lo cual debería jerarquizar el tema y darle mayor capacidad para poder trabajar y pensar el largo plazo.Finalmente, anunció que este instituto trabajará de manera articulada con el Consejo Económico y Social que se propone revitalizar, y que será el ámbito institucional en el cual lograr los consensos de largo plazo.Es positivo que un gobierno que asume en estas circunstancias ponga estos temas como prioridades en su agenda y que muestre que no esta sólo pensando en cómo solucionar las urgencias.Es fundamental que nos pongamos de acuerdo todos los cordobeses en definir la ciudad que queremos y que trabajemos en pos de un objetivo común, compartido y construido colectivamente.Ahora bien, como ya dijimos, para lograr establecer políticas para escenarios de mediano y largo plazo se requiere también de la existencia de consensos sociales que transciendan los gobiernos. De allí la importancia de instituciones que cristalicen dichos consensos. Sólo superaremos la coyuntura si los actores sociales, culturales, empresarios, asociaciones intermedias, universidades, se unen en torno de una estrategia común y si contamos con un Estado municipal capaz de gobernar y de poner en práctica esta agenda.
*Director de Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.

