Educación superior. La universidad de Florencio Sánchez

La ciudad de Córdoba cuenta con siete universidades, que abarcan todos los campos del conocimiento. La Provincia debería volcar sus recursos en fortalecer los niveles inicial y medio, y desarrollar un sólido sistema terciario no universitario, de responsabilidad jurisdiccional.

24 de mayo de 2026 a las 12:02 a. m.
Armando Gutiérrez
La universidad de Florencio Sánchez
Un aula de la Universidad Provincial de Córdoba.

En 1903, el dramaturgo Florencio Sánchez –autor rioplatense que reflejó como pocos los efectos de la inmigración y los cambios sociales en nuestro país y en Uruguay a principios del siglo 20– presentó su obra M’hijo el dotor.

En ella se refleja que, en la sociedad de principios del siglo 20, egresar de una universidad otorgaba a los hijos de inmigrantes o de padres sin instrucción la posibilidad de ascender socialmente.

Este principio de movilidad social que otorgaba la universidad en aquella época se grabó profundamente en el inconsciente colectivo de nuestro país y persistió incólume en el imaginario social hasta el presente. No importa si ya no se corresponde con la realidad, la universidad es la meta ideal, como destino, de todo aquel que ingresa al sistema educativo formal.

De esta manera, nuestro sistema de educación omitió las alternativas posibles para los egresados del nivel medio, que tienen como único destino los estudios universitarios o la nada.

Poco a poco se fueron dejando de lado las ofertas terciarias no universitarias de carreras cortas con salidas laborales directas, gestionadas por los gobiernos locales.

Desde mediados de los años 1960, las jurisdicciones provinciales fueron absorbiendo todos los establecimientos de nivel primario, medio y terciario no universitario, y se volvieron responsables también de su financiamiento. Sólo el sistema universitario quedó bajo la órbita de la Nación.

Síndrome Florencio Sánchez

Ahora bien, las provincias fueron dejando de lado el desarrollo de la oferta de terciarios no universitarios más ligados a los sistemas de producción y servicios locales y regionales, y volcaron sus esfuerzos en lograr que el Congreso de la Nación creara nuevas ofertas universitarias en sus jurisdicciones.

Y aquí aparece el síndrome Florencio Sánchez. Nuestros políticos, de todos los sectores, están infectados por este virus que se activa una vez que se sientan en su banca. Allí comienza el intercambio de favores. Yo voto la creación de una universidad en tu ciudad de origen si vos votás la creación de otra en la mía, para mostrar como bandera a mis electores.

Y así, en los últimos 30 o 40 años hemos creado una inflación de universidades por todo el territorio nacional y se dejó sin alternativas de formación a millones de personas que podrían insertarse de manera exitosa en el sistema de producción y de servicios, con una oferta de carreras cortas, con salidas laborales directas, gestionadas por las provincias con la participación de diferentes actores sociales.

Este sería seriamente un sistema inclusivo y no simples manifestaciones de deseos sin reflejo en la realidad de los argentinos.

La Provincia de Córdoba llevó el síndrome Florencio Sánchez a su máxima expresión al crear en 2007 la Universidad Provincial de Córdoba.

En su momento, fui invitado por la Legislatura para que expresara mi opinión fundada sobre su creación. Expuse argumentos de sobreoferta. Nuestra ciudad cuenta con siete universidades, que abarcan todos los campos del conocimiento. La Provincia debería volcar sus recursos a fortalecer los niveles inicial y medio, y desarrollar un sólido sistema terciario no universitario, de responsabilidad jurisdiccional.

Debo reconocer que fui escuchado con respeto, aunque luego los legisladores votaron mayoritariamente la creación de la casa de estudios superiores.

Inclusión genuina

Es cierto que Córdoba no recibe fondos de la Nación para su universidad, pero deriva fondos que deberían estar destinados a mejorar los niveles educativos que son de su responsabilidad y, en cambio, son usados para incursionar en un nivel que en nuestra provincia tiene oferta suficiente y de calidad.

Para redondear el disparate, el gobernador nos anuncia con gesto triunfal que va a crear una subsede de la Universidad Provincial en Villa El Libertador.

Todos conocemos que es un barrio de la ciudad de Córdoba habitado mayoritariamente por personas de escasos recursos y que, si se otorga el boleto gratuito estudiantil a quienes lo requieran, podrían estar en 30 o 40 minutos en la sede de la Universidad.

Lo que Villa El Libertador necesita es fortalecer sus colegios de nivel primario y medio, con doble escolaridad en todos los casos; volcar los mejores recursos humanos y técnicos en esas instituciones para que sus niños y jóvenes tengan la mejor formación de base y puedan obtener un umbral de educabilidad que les permita acceder a lo que aspiren, según su capacidad y esfuerzo.

Esto es preocuparse por la inclusión de los menos favorecidos; no discursos para la tribuna.

Dada la experiencia que me otorga mi alta edad, doy por sentado que ahora tampoco seré escuchado.

Exsecretario general de la UNC