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Una nueva narrativa humana

Corresponde a los gobiernos locales, desde la gestión, abordar o profundizar las políticas públicas que disminuyan las brechas urbanas.

19 de abril de 2014 a las 01:52 p. m.
Marcela Mondino*
Una nueva narrativa humana

En Medellín, Colombia, el séptimo Foro Urbano Mundial instaló en la agenda global la necesidad urgente de transformar los modelos de desarrollo excluyentes e inequitativos que evidencian las ciudades, en paradigmas económicos, sociales, ambientales y culturales que promuevan mejoras equitativas en la calidad de vida de sus ciudadanos, en el marco de un desarrollo sostenible.

Las brechas urbanas –como se denominó a las diferencias de acceso a oportunidades, en asuntos como servicios públicos, seguridad, uso y goce del espacio público, gestión de territorios, vivienda y diversidad cultural– concentraron las reflexiones en los principales paneles y estuvieron presentes en las experiencias de innovaciones cívicas, gubernamentales y de gestión privadas provenientes desde los cinco continentes, lo que dio contenido al eje central del séptimo Foro Urbano Mundial, Equidad Urbana en el Desarrollo-Ciudades para la Vida.

Esta agenda urbana mundial fue acom­pañada transversalmente y con relevante protagonismo, también, por la urgente necesidad de actuar ante el insoslayable avance del cambio climático.

Quedó claro que las ciudades no pueden eludir este debate y sus responsabilidades cuando concentran el 53 por ciento de la población mundial, consumen el 70 por ciento de la energía generada y se les atribuye el 80 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, por citar algunas cifras.

Y a la pregunta de qué sucede en Latinoamérica en torno de la desigualdad, el informe de ONU-Hábitat “Construcción de ciudades más equitativas, políticas públicas para la inclusión en América Latina” responde que a pesar de los índices pocos favorables a nivel global en torno a la desigualdad, se puede señalar que “América la tina y sus ciudades llevan 10 años en los que la curva de desigualdad se ha reducido y ha tenido un cambio positivo”.

A la vez, advierte que “para reducir las desigualdades se requiere de instituciones fuertes, programas sociales efectivos y de una buena articulación entre los órdenes de gobiernos”.

Estos datos indican que hay una tendencia positiva, pero aún no suficiente para que La­tinoamérica –la región más urbanizada 
del planeta, el 82 por ciento de los 450 millones de habitantes vive en ciudades y se estima que en el 2050 llegará al 90 por ciento– deje de encabezar la lista como la región más inequitativa del mundo.

En síntesis, el desafío está instalado. Corresponde a los gobiernos locales, desde la gestión, abordar o profundizar las políticas públicas que disminuyan las brechas urbanas empoderando los mecanismos de participación ciudadana.

Estos ineludiblemente necesitan de ciudadanos activos y propositivos y de empresarios y organizaciones comprometidas con una transformación integral basada en la valori­zación de lo público.

Hay que tener en cuenta que a mayor cantidad de bienes públicos, habrá mayor equidad, y que la transición debe orientarse hacia una nueva economía que promueva la sustenta­bilidad de la naturaleza y que contribuya al progreso social.

El premio Nobel de Economía Joseph Stig­litz, en la conferencia de cierre del primer día del Foro, expresó sus temores y sus esperanzas en torno de la desigualdad. Dos de sus ideas fueron contundentes en torno de lo antes dicho: “La desigualdad conduce a una inestabilidad política y un debilitamiento económico” y “uno de los aspectos más importantes de la desigualdad es la desigualdad de oportunidades”.

Entonces, debemos ser parte de una nueva narrativa humana.

*Fundación Avina.