Un verano sin letargo
La Presidenta volvió a demostrar que está decidida a darle a su Gobierno su impronta. Horacio Serafini.
La Presidenta volvió a demostrar que está decidida a darle a su Gobierno su impronta; aquella que aparecía eclipsada por la híper quinesia política de Néstor Kirchner. Sus decisiones indican que, más que querer llegar al final de su mandato sin ceder poder, busca sustentar bases de su lanzamiento hacia la reelección. "Tendríamos que hacernos muchos goles en contra para perder este partido", dice una fuente de la Rosada. El encumbramiento de Juan Manuel Abal Medina como virtual ministro de Comunicación Pública demuestra que la Presidenta ha resuelto rodearse de colaboradores de su máxima confianza, sin sopesar si pertenecen o no a la estructura peronista. En la misma línea se inscribió el primero de los cambios, cuando puso a Nilda Garré en Seguridad. Y en los que introdujo en Justicia y en la Procuración del Tesoro.Pero también ha combinado esa toma de decisiones con la injerencia directa en el "armado". Fuentes de la Rosada dicen que, como lo hacía el ex Presidente, convoca casi a diario a Olivos a los mayores operadores del kirchnerismo, Juan Carlos Mazzón y Roberto Porcaro.Abal Medina manejará los multimillonarios recursos de la publicidad oficial y de los presupuestos que la Anses y la Afip administraban por su cuenta, como también los del programa Fútbol para Todos. Pero será ella la que, al frente de un consejo de coordinación, tendrá la última palabra en su distribución, tan discrecional como clave en un año electoral.El mensaje de estos cambios es la decisión de recrear la coalición que le dio sustento. Algo les había anticipado a los jefes del PJ cuando en Olivos los llamó a "no mirar torcido" a los no justicialistas que acompañan el "modelo", como sectores sobrevivientes del Frente Grande, a los que pertenecen o pertenecieron Garré y Abal Medina.Los cambios suponen un inédito recorte de poder del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. La "máquina" del kirchnerismo batirá este lunes el récord de permanencia como ministro de un gobierno nacional. Pero a diferencia de quien lo ostenta, Ángel Borlenghi, el ministro del Interior y segundo hombre fuerte de los primeros gobiernos de Juan Perón, será en situación de declive. Algunas fuentes dicen que la Presidenta ha decidido esmerilarlo, pero que no lo echará para no transformarlo en otro Martín Redrado. Aníbal Fernández, aun recortado, sabe que nadie sobrevive a la intemperie: permanecerá. "No hace a la esencia del Gobierno si permanece o no", dice otra fuente gubernamental. Los cambios tienen consecuencias. Si no, que lo diga Garré. Después de seguir esta semana con la limpieza de la cúpula de la Policía Federal, tuvo un aviso: el robo del dinero destinado a la comitiva presidencial que viajó a Asia se atribuye, en fuentes gubernamentales, a una represalia de sectores de la Federal, que golpea por partida doble: la inseguridad alcanza a la mismísima Presidencia de la Nación. También por su labor anterior en Defensa parecen haber golpeado miembros de la Fuerza Aérea, en el caso del avión de los Juliá. Ya nadie duda que la tonelada de cocaína se cargó en Argentina, quizás en Ezeiza, pero más probablemente en Morón, "un aeropuerto que es tierra de nadie", según dijo una fuente gubernamental que conoce del tema.En lo puramente electoral, hubo señales acerca de que irá por la reelección. No las dio ella sino Scioli. Por primera vez desde la muerte de Kirchner, su sospechado eventual contendiente afirmó que lo suyo será buscar la reelección como gobernador. El bonaerense, además, desautorizó una reunión en la que este fin de semana todos los intendentes bonaerenses pretendían postularlo como el sucesor.La oposición también acelera sus tiempos. Tomaron la iniciativa los radicales con la convocatoria a internas cerradas en abril o mayo entre Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz, con la abstención confirmada de Julio Cobos. Después le siguió el Peronismo Federal, que rumbea hacia internas regionales durante cuatro meses. El argumento les es común: ponen en duda la realización de las primarias que por ley deben hacerse el 14 de agosto y necesitan mayor tiempo para instalar a sus candidatos. El Gobierno les salió al paso. Amenaza con impugnarles judicialmente esas internas e insiste en que las primarias se harán, aunque aún quedan cuestiones por reglamentar. ¿Por qué entonces no las reglamenta ya? "No tenemos obligación", responde un encumbrado dirigente del PJ. "Los tiempos políticos los maneja cada uno según su conveniencia".

