Un traspié de Macri que no lo fue tanto
Si el kirchnerismo esperaba un retroceso de Macri en la semana que pasó, los ciudadanos no se dieron por enterados y así lo reflejan los sondeos de intención de voto.
Los resultados del balotaje por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el domingo pasado, provocaron un inusitado revuelo en todos los campamentos políticos que se enfocan en la elección presidencial. En una campaña caracterizada por los dichos y no por los hechos, cada uno interpretó a su conveniencia el voto porteño y se esperanzó con un cambio de escenario. Exageraciones aparte, nada de eso sucedió. La única verdadera novedad que arrojaron las urnas en la ciudad del Obelisco fue el nacimiento de Martín Lousteau como nueva estrella en el firmamento político. Lo admitieron desde sus aliados hasta sus adversarios de todos los colores. Pero, como siempre ocurre con estas apariciones, el tiempo y las actitudes del protagonista se encargarán de posicionarlo en el futuro o de hacerlo pasar al olvido.Por lo demás, a una semana, nadie puede decir que el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta por el 51,64 por ciento con el que retuvo el distrito significó un drama para la candidatura de Mauricio Macri, como lo presentó con cierta euforia el kirchnerismo.Era previsible que Martín Lousteau iba a ser votado por quienes en primera vuelta votaron por Mariano Recalde y también por algunos electores de la izquierda, hasta hacerlo llegar al 48,36%. Sin registro Pero no hay dudas de que ese 25,59 por ciento que Lousteau consiguió en el primer turno, en las presidenciales no será para el oficialista Daniel Scioli. El kirchnerismo en Ciudad de Buenos Aires parece tener un techo que ronda el 22 por ciento, mientras que Macri, después de las primarias del 9 de agosto, tendría como piso el 52 por ciento. A pocas horas de que el nuevo sistema de boleta única electrónica registrara los cómputos –como nunca, se los tuvo a las 21.30–, los comandos electorales del PRO y del Frente para la Victoria ordenaron nuevas encuestas para registrar el impacto del resultado.Ni el ajustado triunfo de Rodríguez Larreta ni las declaraciones de Macri –que cambió su discurso y prometió que el Estado seguirá administrando, pero mejor que el actual gobierno, a YPF y Aerolíneas Argentinas– pudieron mover el amperímetro a favor de Scioli.Por el contrario, el PRO tomó como una oportunidad poder aclarar la contradicción discursiva y decir que es flexible en sus concepciones y que hace política con inteligente pragmatismo.Consecuencia: si el kirchnerismo esperaba un retroceso de Macri en la semana que pasó, los ciudadanos no se dieron por enterados y así lo reflejan los sondeos de intención de voto.Sergio Massa –el tercero en discordia– aprovechó para darle la bienvenida a Macri "a la gran avenida del centro", que él dice representar como ninguno. Por las dudas –y en línea con lo que anticipamos desde esta columna la semana pasada–, Massa reforzó su oposición al kirchnerismo y se mostró más dispuesto que antes a enhebrar algún acuerdo con el líder del PRO.En cercanías de ambos candidatos, se comenta que son prometedoras las conversaciones por ahora reservadas entre el ministro de Gobierno porteño, Emilio Monzó, y el exjefe de Gabinete nacional y asesor del Frente Renovador Alberto Fernández, para hallar algún camino de entendimiento en la provincia de Buenos Aires. Todas las opciones que se barajan recién tendrían andadura después de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) del 9 de agosto próximo. Los miedos Tanto para Macri como para Massa, esa preocupación por el territorio bonaerense responde al temor que despierta la falta de garantías para una elección normal en las zonas marginales del conurbano. La coalición Cambiemos, que integran el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, pidió a la Justicia Electoral que autorice en la provincia fiscales de otros distritos y alertaron sobre el robo de boletas.Felipe Solá, candidato a gobernador por el Frente Renovador, afirmó que el mayor problema es la noche, que en esta época cae temprano e inunda de inseguridad extrema a esas barriadas.En el campamento oficialista, también se advierte cierto nerviosismo, pero por otras razones. Si bien las encuestas que maneja el kirchnerismo dan una buena ventaja a Daniel Scioli, en ningún momento esos números garantizan un triunfo en la primera vuelta. Y todos los sondeos indican que, de haber un balotaje, la oposición sumada podría hacerse del gobierno.La estrategia, por ahora, seguirá igual: Cristina Fernández, respaldando con todos los medios del Estado a sus candidatos –incluida la cadena nacional–, y Scioli, sobreactuando identidad kirchnerista en cada acto para terminar de ganarse la confianza de su jefa y sus acólitos.

