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¿Un liberal suelto por París?

¿Recuperó Boudou en París su fe en el libre mercado o fue el temor a perder una importante fuente de recaudación lo que lo acercó, al menos por unos días, a Adam Smith y David Ricardo? Juan Manuel Garzón.

25 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Juan Manuel Garzón*
¿Un liberal suelto por París?

En la última reunión del Grupo de los 20 (G-20) realizada en París, participaron representantes de siete países industrializados líderes, Rusia, Unión Europea (como bloque), y de 11 países de reciente industrialización, entre los que se encontraba la Argentina.

Francia, país anfitrión y a cargo de la presidencia del G-20, incluyó en la agenda de discusión la necesidad de alinear políticas que permitan acotar la gran volatilidad que han mostrado las commodities (materias primas) en los últimos tres años y en particular sus efectos adversos básicamente sobre la inversión (mayor volatilidad implica mayor riesgo) y la seguridad alimentaria de las naciones menos desarrolladas (comprometida en situaciones de altos precios).

Propuesta francesa El gobierno francés propuso trabajar en cuatro áreas: a) mayor regulación en los mercados financieros donde se negocian contratos a futuro sobre la base de commodities; b) mayor información y transparencia en los mercados "físicos" de granos (sobre existencias, por ejemplo); c) mayor coordinación en las acciones preventivas y de manejo ante situaciones críticas en materia de suministros de alimentos, con la posibilidad de la creación de un organismo internacional con competencias en este tema y un esquema de stocks de granos/alimentos que actúe de forma anticíclica; d) nuevos instrumentos financieros de cobertura y protección frente a procesos de volatilidad excesiva en los precios a los que puedan acceder los países en desarrollo.Se intuye que de todas las propuestas del gobierno francés, hubo al menos una que inquietó a los países productores y exportadores líderes, la tercera (c), que insinúa la posible creación de un organismo supranacional, con poder suficiente como para alinear y subordinar las políticas agropecuarias nacionales al cumplimiento del objetivo de estabilización de precios.

Probablemente, el temor de los países productores resida en un posible control asimétrico de los precios de las commodities, en el sentido de que el organismo supranacional y los esfuerzos colectivos globales se focalicen en los ciclos alcistas, dejando al mercado que corrija por si solo en los ciclos bajistas. Es decir, que la preocupación esté sólo en contener posibles subas y no tanto en generar un mecanismo que mantenga los precios entre ciertas bandas.

La posición de la Argentina, transmitida fundamentalmente por el ministro de Economía, Amado Boudou, fue de rechazo a todo intento de regular el mercado internacional de materias primas. En otras palabras, la posición de la Argentina fue lo que se podría decir de un gobierno liberal, al considerar que sólo el mercado debe regular los precios, y que, frente a los aumentos, las respuestas deben provenir del propio mercado, vía un incremento de la producción.

En contra de la Oicca. Puede decirse que la Argentina no admitió la creación de una Oficina Internacional de Control Comercial Agropecuario (Oicca), parafraseando a la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) que dispone el país y que justamente tiene, entre otras funciones, la de controlar o regular el destino de ciertos productos (casos el maíz y el trigo) a los efectos de garantizar en el marco interno "la seguridad alimentaria".

Se deduce también que la posición argentina exigiría desistir de toda medida que tienda a penalizar la oferta exportable mundial y/o a generar desincentivos a la producción mundial de granos. Ser consecuente con esta posición no permitiría aplicar derechos de exportación, ni restricciones cuantitativas a la exportación, medidas ambas que limitan y/o reducen la oferta exportable global.

La posición argentina en materia internacional no se corresponde con la política que aplica en el mercado interno: los mercados de varios productos han sido muy regulados en los últimos años y una práctica común ha sido la de penalizar la exportación, en particular en momentos de altos precios internacionales.

Nótese que una de las pocas políticas que rechaza la propuesta francesa, por sus efectos contraproducentes para atenuar un ciclo alcista, es los derechos de exportación. Se sigue de lo anterior que muy probablemente la propuesta francesa, de prosperar, hubiese avanzado en la prohibición (o atenuación en el uso) de ese tipo de gravámenes.

El interrogante que queda es el siguiente: ¿recuperó el ministro Boudou en París su fe en el libre mercado o fue el temor a perder una importante fuente de recaudación del Estado el que lo acercó, al menos por unos días, a los principios de Adam Smith y David Ricardo?

*Economista jefe del Ieral de Fundación Mediterránea