Un año sin Justicia en salud mental
Empecé una y otra vez esto que pretende ser una reflexión sobre el estado de la salud mental en nuestra Provincia.
Empecé una y otra vez esto que pretende ser una reflexión sobre el estado de la salud mental en nuestra Provincia. Escribí una y otra vez las distintas acciones que llevamos adelante desde el mismo momento en que nos sentamos en la banca aquel 10 de diciembre de 2011 y repasé los tantos viajes a los distintos hospitales monovalentes. Fui con mi pensamiento por el "Neuro", por Oliva, Santa María de Punilla, el inhumano centro psicoasistencial Unidad de Agudos Judicializados (CPA), la Casa del Joven, el Instituto provincial de Alcoholismo y drogadicción (Ipad) y Bell Ville, tantas veces Bell Ville.
Imágenes
Mi memoria se detiene en rostros que he mirado, en hombros que he tocado, en pequeñas mujeres que abracé tratando de darles un poco de afecto en medio de tanta indignidad, tantos hombres con los que bromeé en un intento de, aunque sea por segundo, poder reírme junto a ellos.
Hay imágenes que no se borran a pesar del tiempo, y al evocarlas, los ojos se inundan de eso que llamamos lágrimas y no es más que la forma que el dolor encuentra para salir de nuestro corazón y que no nos ahogue adentro.
Es la imagen de las cabezas rapadas, de los cuerpos desnudos caminando entre su orina, del brazo de un “loco” que abraza a otro “loco” desnudo y trata de ese modo de cobijarlo como nunca el Estado los cobijó a ellos.
Es el eco de la paciente de Gustavo que cada vez que vamos me dice que él la salvó de la locura.
Es Gonzalo cuyo padre me visita en la Legislatura y a quien cada vez que vuelvo lo llamo para decirle que vi a su hijo y que en su nombre lo acaricié, él me agradece como si hubiese hecho un acto extraordinario.
Es el impacto en la retina de un hombre sentado en su silla de ruedas y otros dos jugando a que son una ambulancia y entonces lo pasean por el camino que va de la sala tres a la uno.
Hay otras tantas imágenes, olores, impresiones que tienen que ver con las paredes descascaradas y pisos por los que aflora el agua, camas herrumbradas y finas láminas de gomaespuma que alguna vez fueron colchones. Frazadas rotas y sabanas mojadas. Baños tapados e inundados.
Abandono
Y entonces entiendo que lo edilicio no es más que el reflejo del estado en que se encuentran nuestros ciudadanos que padecen algún sufrimiento psíquico. El abandono no es exclusividad de lo edilicio, el abandono es total.
Es este horror que vi durante un año y medio en mis visitas, el que intenté que el Gobierno provincial revirtiera: una docena de pedidos de informes, citaciones al ministro y al director de Salud Mental, Ley de Emergencia y, finalmente, ante el fracaso de la política, la judicialización del espanto, pensando que la Justicia debía tomar cartas en el asunto de manera inmediata para garantizar la plena vigencia de los derechos humanos de las personas internadas. Me equivoqué.
Hace un año que la Justicia de Córdoba tiene entre sus manos la primera denuncia y seis meses que tiene la segunda. Valga decir que sólo se abocó al estudio de la primera cuando la segunda vino acompañada de una exposición mediática del horror.
Hasta allí y hasta aquí la Justicia no ha llegado.
Deudas pendientes
Es cierto que se están llevando a cabo algunos cambios, me constan, porque visito Bell Ville todos los meses. Sé que se están haciendo las obras que llevan 14 años de atraso, que se ha nombrado personal de salud, que hay capacitaciones y mucha voluntad del equipo por producir transformaciones.
Pero, también es cierto, que aún hay deudas, la del Gobierno, de acelerar las transformaciones, de darle plena vigencia a la ley nacional y a la ley provincial de salud mental.
No pasa sólo por mejorar edificios ni por externar pacientes sino que es mucho más complejo que eso. Hay otra deuda, la de la Justicia, que siempre es lenta, pero que es mucho más lenta cuando se trata de garantizar los derechos de los vulnerables, de quienes no tienen voz ni poder económico y aun terriblemente lenta cuando se trata de garantizar la impunidad de quienes tienen el poder político y económico.
En el caso de las denuncias sobre los hospitales de salud mental, hay una combinación paralizante para el accionar del fiscal Anticorrupción, cual es el tema de los derechos de los pobres sumado a la impunidad para los poderosos.
La falta de acción de la Justicia por promover una sanción a los responsables del horror genera la desconfianza, que es una de las hijas no querida de la injusticia. Por eso sería importante que se tomara nota de estas deudas, que cada uno se haga cargo de la suya para que no carguemos sobre la espalda de los más vulnerables el peso de lo que nos corresponde a nosotros pagar.
Quienes estamos en la función pública no tenemos opción: o nos ocupamos de las mayorías sufrientes y excluidas o nos excluimos nosotros de la función pública.
*Legisladora provincial por el Frente Cívico

