Treinta años de democracia y exportaciones
Cuando las exportaciones se estancan no son sólo una luz amarilla en el tablero sino una luz roja, de máxima preocupación.
Se cumplieron 30 años de la asunción del gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Es un momento de celebración, por tratarse del más largo proceso democrático de la Argentina, y también la oportunidad de plantear diferentes análisis acerca de cómo evolucionamos como sociedad. La economía argentina pasó por diferentes situaciones que impactaron en el contexto político durante este período. En 23 de los 30 años, se gastó más de lo que ingresó, lo cual generó múltiples déficits fiscales, cuya consecuencia fue más emisión monetaria y más deuda externa, y las consiguientes crisis recurrentes.Es bueno recordar que, antes de 1983, Argentina venía de una gran crisis económica y de una amplia destrucción del sistema industrial durante la dictadura. El mayor momento negativo se dio con la apertura económica de comienzos de la década de 1980. Muchos sectores sufrieron grandes pérdidas de las que no pudieron sobreponerse.De los 30 años, en seis hubo déficit comercial –las importaciones fueron mayores que las exportaciones–, dos fueron casi iguales y el resto hubo superávit comercial.El período democrático que se inició aquel 10 de diciembre de 1983 comenzaría con un fuerte superávit fiscal, ya que las exportaciones sumaron el doble que las exportaciones entre 1983 y 1985.En plena vigencia del Plan Austral, el superávit se achica respecto de los años anteriores, pero sigue siendo importante, sólo que en 1987, dicho plan no puede contener la inflación, y la exportación sufre una fuerte caída (-24 por ciento en dos años) mientras que las importaciones crecen a buen ritmo (+23 por ciento en 1987).Esto generó un casi nulo superávit mientras que los pagos de la deuda eran importantes, y los ingresos por otras vías eran relativamente bajos. La crisis era inminente. Déficit fiscal más déficit comercial es igual a crisis en el corto o mediano plazo.El Plan Primavera mejoró las exportaciones, contuvo las importaciones, pero la inflación fue la espada que golpeó de forma drástica a la economía del gobierno alfonsinista.Alfonsín se va con un fuerte superávit, basado en una caída profunda de importaciones, ya que no existían divisas para comprarle al mundo.
Convertibilidad y apertura
En el gobierno de Carlos Menem, la convertibilidad le dará fuerza al peso argentino y, por lo tanto, a las importaciones, ya que resultaba más barato comprar afuera que fabricar. Algunos sectores tenían fuertes protecciones, pero la mayoría se encontró compitiendo mano a mano con los grandes países fabricantes a nivel global.
También el proceso de integración económica regional, dado a través del Mercosur, significó un cambio en el principal socio comercial de nuestro país. Brasil pasó a ser el primer comprador de nuestras mercaderías.
Entre 1992 y 1994, aparecen los primeros déficits comerciales de la democracia, porque las importaciones crecían más rápido que las exportaciones. Las ventas argentinas al mundo pasan de nueve mil millones en 1988 a casi 24 mil millones en 1996.
Argentina tiene dos años (1994 y 1995) en los cuales se igualan ambos flujos (importaciones-exportaciones) para luego volver al déficit comercial en los años siguientes, cuando surgen en el mundo crisis como la mejicana (tequila), brasileña (
caipirinha
) y rusa (vodka).
El peso argentino se sobrevalúa, proceso que ya se veía en 1998, y las exportaciones se estancan en un nivel de 26 mil millones, permaneciendo en esa cifra durante ocho años.
Ese estancamiento en las ventas –dado por el valor del peso más la crisis en los compradores y el menor ritmo de compras en el mundo– impactó en la economía argentina y colaboró con la crisis.
Para 2000, se vuelve al superávit, pero no por un crecimiento de las exportaciones, sino porque no hay quien compre, no hay dinero para importaciones y se avecina la
debacle
que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa, quien no pudo o no quiso salir del esquema de la convertibilidad, que para entonces ya se había convertido en un cerrojo asfixiante.
Devaluación
La devaluación fuerte siempre genera efectos: aumento de exportaciones; caída de importaciones; crecimiento del superávit comercial; pérdida del salario real.
En 2002, se verifica el segundo superávit comercial mayor de todo el período de 30 años, de 16 mil millones de dólares (25.650 millones de dólares de exportaciones y nueve mil millones de dólares de importaciones). Se establecen los derechos de exportación (retenciones).
En poco tiempo las exportaciones se duplican, de 2002 a 2007, momento de gran auge exportador, dado por los precios internacionales y la competitividad del tipo de cambio.
El otro gran superávit, el mayor de todo el período, se da en otra crisis importante, la de 2009, que fue de carácter global. Se exportó por 55 mil millones de dólares y se importó por 38 mil millones de dólares, lo que implicó una diferencia de 17 mil millones de dólares.
Hoy el superávit se achicó por debajo de los 10 mil millones, debido a una presión sobre las importaciones.
Conclusiones o aprendizajes
Muchas cosas se repitieron durante estos años. La inflación fue uno de los temas que más influyeron en el período. Dólar, tipo de cambio y competitividad, algunos de los puntos que más se debatieron y debatirán en la economía argentina.
En cuanto a la moneda, tuvimos peso, austral y volvimos al peso, siempre erosionado por la inflación y vinculado al valor del dólar.
Algunas consideraciones importantes de estos años pueden ser: que haya superávit comercial no significa que el país esté bien. Los dos mayores superávits se dieron en años de fuertes crisis económicas. Se puede crecer en años de déficits comerciales, pero debe cuidarse como se los financia.
Cuando las exportaciones se estancan no son sólo una luz amarilla en el tablero sino una luz roja, de máxima preocupación, porque significa que alguna otra variable no está funcionando de modo correcto.
El balance de los 30 años es muy positivo desde lo político, al tratarse del más largo período democrático de la historia de nuestro país; aunque en términos económicos existe una gran cantidad de carencias y deudas internas. No se logró un modelo de crecimiento y desarrollo, sin inflación, con competitividad e inclusión social sostenible en el largo plazo.
*Docente de la Universidad Nacional y de la Universidad Católica de Córdoba

