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¿Todos hacen lo mismo?

En nuestro medio, prácticamente todos los adolescentes tienen su propio teléfono celular. Más que usarlo, el aparato es una extensión natural de su cuerpo.

06 de abril de 2014 a las 02:02 p. m.
Enrique Orschanski*
¿Todos hacen lo mismo?

En nuestro medio, prácticamente todos los adolescentes tienen su propio teléfono celular. Más que usarlo, el aparato es una extensión natural de su cuerpo.Metidos en el chat, muchas reuniones de amigos acaban en grupos de cabezas gachas y rostros iluminados. El cristal líquido resulta más atractivo que la realidad contigua. Y sin celular, aparecen ansiedad y desprotección. ¿Por qué? Porque la cultura global de las comunicaciones ordena el modo de vincularse y encontrarse. Porque todos hacen lo mismo.Muchos adolescentes salen a bailar a horarios extremos, después de consumir dosis de alcohol para las que no están preparados. Las previas han dejado de ser tema opinable para mayores, y liberan de algún modo el consumo.El volumen de la música en boliches llega más allá de la tolerancia humana, con consecuencias comprobables. ¿Por qué? Porque la cultura del entretenimiento impone que no es posible diversión sin madrugada, embriaguez o aturdimiento. Porque todos hacen lo mismo.Los viajes de egreso del colegio secundario no son sino excursiones organizadas para el descontrol. Los viajes grupales a Bariloche, de costo económico exorbitante, conducen a los chicos a días de severo esfuerzo físico mezclado con alcohol, tabaco y otras drogas ilícitas.La circunstancia condiciona a algunos a establecer contactos sexuales para los que no están preparados ni decididos. El viaje, idealizado por la adolescencia estudiantil, parece obligarlos a experimentar lo que no habían hecho hasta entonces, superando la capacidad física de la mayoría. ¿Por qué? Porque la tradición manda que no haya alternativas. Conviene que ningún otro destino resulte atractivo. Porque siempre fue así. Porque todos hacen lo mismo.¿Realmente todos hacen lo mismo? Nadie podría dudar del amor que los padres sienten por sus chicos; confundidos con las nuevas demandas pero siempre en procura de su bienestar. Cubren las necesidades básicas de crianza, intentan aconsejar cuando pueden, pagan el abono del celular y, cuando corresponde, cubren con esfuerzo las cuotas para "Bariló".Para su sorpresa, la corriente los arrastra con fuerza hasta sumergirlos en las cuestionables culturas de la comunicación, del entretenimiento y del consumo, que no conducen necesariamente al bienestar. ¿Por qué? ¿Porque todos hacen lo mismo?La tendencia a la masividad muestra una lógica –en apariencia– implacable, que marca hojas de ruta por las que todos deben transitar. Y allí, la opinión adulta aparece postergada, cuando no ignorada.Pero no todos son iguales. Hay alternativas. La cultura es, más allá de definiciones académicas, lo que las personas hacen mientras transitan su circunstancia. Entonces, si se reconocen como individuos, cada uno tiene la posibilidad de crear rumbos propios, personales. En contacto con otros, pero con rasgos distintivos.Aquellos padres que dedican enorme esfuerzo en los años complejos y apasionantes de la adolescencia podrían ser protagonistas de un cambio singular si al menos se lo propusieran.Porque aún quedan voces paternas decidiendo cuándo apagar el celular; aunque sea para compartir un almuerzo o una charla. Porque todavía hay personas en condiciones de decir "no" a los horarios que sólo benefician a los que venden diversión impregnada de adicciones. Porque existen adultos que se animan a cuestionar un viaje de egreso de alto riesgo físico y psicológico.¿O los padres deben resignarse a asentir callados y quedarse rezando hasta que los chicos vuelvan enteros al final de la madrugada, al final de un viaje, al final de la adolescencia?Si hay una cultura que emborracha, ensordece e intoxica, que entorpece las comunicaciones por exceso de contactos, que enferma de ansiedad y de necesidades impostadas, esa cultura puede ser intervenida. Tal vez por alguna palabra adulta. La suya, por ejemplo. Para que después no anden diciendo por ahí que todos hacen lo mismo.

*Médico