Pensar la infancia. Therians, ¿otra forma de soledad?

El fenómeno therian no es nuevo; tampoco original. Sin embargo, su versión moderna interpela con aspectos que, lejos de provocar burlas, deberían invitar a la reflexión.

01 de marzo de 2026 a las 12:01 a. m.
Therians, ¿otra forma de soledad?
Therians en Buenos Aires.

El fenómeno therian no es nuevo; tampoco original. Pinturas y esculturas rupestres de diversas civilizaciones muestran híbridos humano-animal como símbolos fundamentales en su mitología.

Una creencia dominante en la Europa medieval y principios de la Edad moderna fue la licantropía (hombres lobo), como expresión de temor social a la naturaleza salvaje.

Recién a finales del siglo XIX surgió el término “teriantropía” (del griego antiguo therion, 'bestia', y anthrōpos, "ser humano") para nombrar la supuesta capacidad sobrenatural de transformarse en animales no humanos.

Y en 1992 el término adquirió el significado actual. La fecha corresponde a la creación de un foro online para aficionados al cine de terror, propuesto específicamente para compartir películas sobre –otra vez– hombres lobo.

En poco tiempo, aquellos debates fueron adquiriendo una extraña complejidad, hasta plantear como real y posible la transformación en otro animal.

Desde entonces, su expansión ha sido global, debido a la potencia de las redes sociales tecnológicas y al terreno fértil de esta época en la que la identidad física muestra límites cada vez más flexibles.

Perro es el “teriotipo” más elegido; luego lobo, zorro y felinos.

No obstante, esta no es la única agrupación que pugna por identidades diferentes.

Los furries (o furros) son personas que se disfrazan y representan roles de otros animales, aunque la suya es una decisión eventual y no una identidad asumida como real.

Otro simpático grupo nacido en la década de 1970 son los “Otherkin”, individuos que eligen parecerse –maquillaje e indumentaria mediante– a seres como dragones, elfos, ángeles o unicornios, aunque sin identificación permanente.

Pero atentos a la difusión mundial de los therians y la consecuente reacción popular, no pocos investigadores dedican estudios fenomenológicos sobre la teriantropía.

La construcción de la identidad

Un enfoque desde la psiquiatría vincula a determinados integrantes de esta comunidad con alteraciones mentales debido a la expresión de rasgos psicóticos. No obstante, aclaran que la entidad “therian cultural de internet” es una autopercepción no psicótica; los individuos sólo se identifican espiritual o psicológicamente como animales no humanos sin perder la noción de realidad.

Otra corriente de la Psicología plantea la posibilidad de que, al no disponer durante la infancia de elementos constitutivos de su subjetividad, los therians buscarían identificarse con otras especies. Entienden que su cuerpo es humano, pero sus sentimientos están ligados a un animal específico y les satisface imitar sus movimientos o sonidos.

Todas las miradas parecen remitir a un núcleo central: la construcción de la identidad humana. Gestada siempre a partir de una genética singular, se elabora a lo largo de la vida con referentes familiares, amigos, compañeros de colegio, de deportes, de congregaciones religiosas, de grupos de militancia; es decir, todos aquellos “otros” que, en cada interacción, marcan su huella en la arcilla blanda de la niñez y la adolescencia.

Se presume que, si desde el nacimiento se cuenta con presencias significativas y tribu (humana) que otorgue pertenencia, será difícil verlos buscar otra manada, oírlos aullar o caminar con más de dos piernas.

Lo dicho: el fenómeno therian no es nuevo; tampoco original. Sin embargo, su versión moderna interpela con aspectos que, lejos de provocar burlas, deberían invitar a la reflexión.

Porque quizá, sólo quizá, se trate de un pedido de ayuda de quienes, desde temprano, no encontraron nitidez al momento de construirse a imagen y semejanza.

O tal vez sea una inédita forma de soledad, nacida de buscar la agrupación que los admita como iguales.

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