Sueldos mínimos decentes y trabajadores pobres
Es inexplicable que los empresarios hablen tan sólo del aumento nominal de los salarios omitiendo la magnitud de la riqueza producida. Lucio Garzón Maceda.
"Trabajadores pobres", " poor worker ", es una categoría de asalariados que, pese a trabajar diariamente una jornada legal completa, reciben un pago mensual que apenas satisface las necesidades mínimas de supervivencia y que tienden hacia la pobreza. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) enuncia en sus informes la necesidad de que los actores sociales y el Gobierno estén advertidos y eviten su desarrollo.En nuestro país, pese a relatos demasiado exitistas, se estima que bastante más del 20 por ciento de los trabajadores privados, registrados, con una jornada mínima de ocho horas, percibe valores de bolsillo que no superan los 2.800 o tres mil pesos mensuales. Si a la penuria apuntada le añadimos, por ejemplo, el pago de un alquiler, obviamente, se estaría marchando por la peligrosa senda enunciada por la vieja dama de Ginebra.La canasta del costo de vida medida por la Confederación de Asociaciones Sindicales de la Industria de la Alimentación (Casia) y el Sindicato de la Industria de la Alimentación de Córdoba (Stia) estimó para febrero pasado en seis mil pesos el mínimo ingreso mensual de un hogar tipo –esposa y doshijos. ¿Alto o bajo? Hace unos días, en Córdoba, el presidente de una importante confederación empresarial nacional, en declaraciones a este diario, como mención de altas remuneraciones, sostuvo que el salario de la industria de la alimentación, medido en dólares, es en nuestro país más alto que en Brasil y México. Obviamente, ello no evidencia el poder adquisitivo real del trabajador, sino tan sólo la minimización de la devaluación del valor del peso argentino respecto del dólar y expresa una demanda tácita de rectificación de la relación peso/dólar.Precisemos: hoy en la Argentina, el salario convencional de ingreso, para la categoría inferior, de un trabajador mayor de edad en la industria de la alimentación es de 19,24 pesos la hora.Si ese valor lo multiplicamos por el promedio de las horas trabajadas en jornada normal de ocho horas (192/186; nunca 200), da un ingreso bruto de 3.700 o 3.580 pesos, que deviene, luego de deducciones, aportes y contribuciones, en un sueldo mensual de bolsillo cercano a los tres mil pesos.Con este importe, sin disponer de vivienda adecuada y económica, con una jornada completa de tres horas de transporte público y otras carencias de servicios, se está muy cerca de la pobreza. Si no ingresa otro salario en el hogar, se está en el límite desaconsejado por OIT. Posiciones. Desde hace mas de dos meses, las 17 federaciones que integran la Casia –entre ellas, la de los trabajadores de la alimentación– han aprobado bregar por un salario inicial mínimo mensual de cinco mil pesos para la categoría inferior y por incrementos proporcionales para las demás categorías no inferiores al 25 por ciento. Las empresas, entre tanto, propondrían concertar un aumento nacional de convenio en el nivel cercano al 15/18 por ciento y discutir, después, con las empresas que estén en condiciones, un adicional por productividad y eficiencia. Ello les posibilitaría trasladar el riesgo empresarial al trabajador. Claro está, los riesgos, sin compartir dividendos.Coincidente, la Asociación de Dirigentes de Empresa, a través de su presidenta, ha señalado que el sistema para fijar las remuneraciones es erróneo "... por no tener en cuenta el mérito individual ni la rentabilidad empresarial. Se reniega del empresario y de las vicisitudes que atraviesan las empresas. Es un estilo inversamente proporcional a la competitividad y eficiencia".La posición que sostendrían las empresas es un tanto esquizoide. Por una parte, son conscientes de que el 15/18 por ciento es de una irrealidad delirante, pero la siguen manteniendo. Al mismo tiempo, dejan trascender, en sus cálculos y presupuestos anuales, para el personal fuera de convenio, aumentos punta a punta de un 23/25. ¿Entonces? Nos preguntamos: si para los no convencionados se acepta el 25 por ciento, ¿por qué para los convencionados sólo el 15/18 por ciento? ¿Y cuánto para los bajos salarios? Buenos cálculos. Es incorrecto tomar en cuenta el valor nominal de los salarios sin evaluar los atrasos experimentados en valores reales, la producción real y el costo unitario del trabajo, vale decir el costo del trabajo/producto. La alta productividad en la actividad privada, registrada en los últimos 20 años, nunca fue debidamente abonada a los trabajadores.Es inexplicable que los empresarios hablen tan sólo del aumento nominal de los salarios omitiendo la magnitud de la riqueza producida.Los empresarios confunden a menudo la productividad con la tasa de utilización de la mano de obra. Puede haber una sin que se dé la otra. Puede haber buena utilización de la mano de obra y una mala productividad o, a la inversa, alta productividad con mala utilización de la mano de obra.No olvidemos que detrás de la palabra "productivo" se esconde muchas veces la reducción de la masa salarial.De allí la conveniencia de establecer los salarios mínimos nacionales por actividad, industria, sector, y sólo después, de manera articulada, analizar la eventualidad de incrementos sobre la base de la eficiencia y productividad de cada fábrica en particular.Muchas veces, en las actividades o industrias concentradas, la productividad y los dividendos aumentan, sin que se reduzcan los precios ni aumenten la oferta y el poder de compra de los salarios. En busca de acuerdos. ¿Qué va a pasar, en definitiva, en esta ronda de negociaciones? Se mantendrá el modelo dominante de discusión central por actividad. Conforme a ello, los sindicatos procurarán llegar a los mínimos (cinco mil pesos y un 25 por ciento), aconsejados hace dos meses por la Casia. Esas metas quizá se disimulen en los acuerdos, de manera que se cumplan las anhelos de atenuación simbólica. Luego de fijados los nuevos valores nacionales, con mínimos, se articularán negociaciones tendientes a concertar aumentos adicionales, conforme las posibilidades de cada una de ellas, a partir de otros objetivos empresariales: productividad, eficiencia, competitividad, presentismos, etcétera.Se deben concertar, pues, mínimos suficientes que acerquen el salario convencional a una condición decente.Si todos se benefician con el aumento del consumo popular, los salarios decentes son indispensables para aumentar la demanda agregada.El Gobierno y las empresas saben que son imprescindibles buenos aumentos, porque sus destinatarios son los más propensos a gastarlos. Además, es indispensable por justicia y equilibrio garantizar, en forma directa e indirecta, la economía popular de los hogares, reduciendo el riesgo de incrementar los "trabajadores pobres".

