La sintonía fina también es política
Desde la fortaleza que implica el 54 por ciento de los votos, la Presidenta eligió a Hugo Moyano para hacer sonar la primera nota de sintonía fina en la política. Horacio Serafini.
La ejecución de la sintonía fina que la Presidenta empezó a ensayar sobre la economía también tiene una versión política. A partir del próximo sábado, nada será exactamente idéntico al modelo de los últimos ocho años, aunque persista el objetivo central de desarrollo económico con inclusión social, con el mercado interno como uno de sus pilares.Señales de esta línea rectora, con la que encarará por lo menos el primer tramo de su segundo gobierno, ha dado Cristina Fernández de Kirchner en la semana que pasó.Desde la fortaleza que implica el 54 por ciento de los votos, la Presidenta eligió a Hugo Moyano para hacer sonar la primera nota de sintonía fina en la política. El diálogo con el secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) está cortado desde la Casa Rosada.El dirigente que desde el ámbito sindical aportó sustento a los gobiernos de los Kirchner, al menos hasta la muerte del ex presidente, en una dinámica de sostenida acumulación de poder, reconoció ante los suyos este corte. Y no parece dispuesto a dar el primer paso para recomponerlo."Yo llamo una sola vez; si no me atienden, no llamo más", respondió, desairado, a uno de sus incondicionales que le había sugerido llamar a la Presidenta.Sucedió el jueves, en la reunión de urgencia del consejo directivo de la CGT. Moyano pudo comprobar allí la debilidad política en la que se encuentra. Los "independientes" le hicieron el vacío y, en el mejor de los casos, enviaron a sus segundos dirigentes; los Gordos, como es habitual desde que Moyano llegó a la CGT, no participaron.Sólo pudo reunir a la tropa propia. Pensada para hacer una demostración de fuerza, con una posición institucional de la CGT sobre los cuatro puntos de su agenda, la reunión terminó en una manifestación de la debilidad de Moyano: solicitarán una audiencia con el Ministerio de Trabajo, aun cuando algunas de las demandas exceden las atribuciones de esa cartera. Por caso, la deuda millonaria que el Estado acumula con las obras sociales sindicales, que pone a muchas de ellas en una difícil ecuación financiera. No hubo más que magros desembolsos hacia ellas durante este año.Pero, además, el Gobierno pasó al terreno de los hechos después de la confrontación dialéctica que la Presidenta y Moyano sostuvieron las últimas semanas: igualó en parte el tratamiento legal a las obras sociales sindicales con las empresas de medicina prepaga y podría perjudicarlas aun más con la imposición del IVA, de las que las segundas están exentas, según la reglamentación de la ley que se conoció el jueves."Cristina ahora se recuesta sobre el sector empresario", se escuchó también quejarse a Moyano en esa reunión. No deja de tener razón. Primero, ante los industriales, echó por tierra la intención de la CGT de avanzar por ley con el reparto de las utilidades empresariales entre los trabajadores; después, frente a los empresarios de la construcción, el martes, entonó otra melodía para el sector: tomó el compromiso de terminar con la "doble vía" del reclamo judicial en el caso de los accidentes de trabajo.Compromisos, definiciones, que tuvieron la firma de la paz con Techint, el primer grupo empresarial del país. Cristina recibió a su presidente, Paolo Rocca, como mensaje de punto final al duro enfrentamiento que este año mantuvieron por la participación de directores del Estado en la conducción del grupo a partir de las acciones que tiene la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses).Para Moyano, son demasiadas señales de una inclinación hacia el sector empresarial. Ni hablar de la indiferencia con que el Gobierno responde a las otras dos demandas de la CGT: la universalización de las asignaciones familiares y el aumento del mínimo para el pago de Ganancias de los asalariados.¿Qué capacidad de reacción conserva Moyano? Esa es la pregunta. A juzgar por estos hechos, ninguna capaz de lesionar la autoridad presidencial.Las señales al sector empresarial, sin embargo, no estuvieron exentas de recordatorios de lo que pretende la Presidenta. A los empresarios de la construcción, les pidió "ajustar los costos" para no acelerar la inflación y "cuidar" así el consumo interno. Del mismo modo, a los industriales les había reclamado reinversión. Como contrapartida, las primeras decisiones para desmantelar la red de subsidios, gradual si se ven los números: van apenas 4.300 millones de pesos, sobre los 70 mil millones de este año.Son todos posicionamientos hacia los desafíos que deberá afrontar desde el sábado. Con un gabinete que sólo ella tiene en mente y que se cuidará hasta último momento en anunciar (hizo lo mismo con Amado Boudou para vicepresidente y, esta semana, con los cargos estratégicos en el Senado), aunque se prevén pocos cambios. Y entre ellos, la elevación a un lugar clave de Julio De Vido, un interlocutor-negociador experimentado en la relación con empresarios y sindicalistas. Resta apenas una semana.

