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Sin prensa libre crece la arbitrariedad

26 de octubre de 2020 a las 12:08 a. m.
Luis Abinader*
Sin prensa libre crece la arbitrariedad

La Declaración de Chapultepec, de 1994, representa un compromiso continental a favor de una prensa libre, como condición fundamental para que las sociedades resuelvan sus conflictos, promuevan el bienestar y protejan su bien más preciado: la libertad.

La apertura política gana terreno en todo el mundo. Los ciudadanos tienen mayor conciencia de sus derechos. Elecciones periódicas; gobiernos democráticos; parlamentos; partidos políticos; sindicatos; asociaciones y grupos sociales de la más variada índole, reflejan más que en ningún otro momento de nuestra historia las aspiraciones ciudadanas de progreso y libertad.

Estos logros suscitan optimismo, pero también aconsejan prudencia y observancia. La crisis de las instituciones, las desigualdades, el atraso, las frustraciones transformadas en intransigencia, la búsqueda de recetas fáciles o el mal uso de las tecnologías son peligros constantes para el progreso alcanzado. Constituyen también obstáculos potenciales para seguir avanzando.

Cuando nacieron las redes sociales y se generalizó su uso de manera masiva, se dijo que el mundo había cambiado para siempre porque cualquiera con un teléfono móvil con acceso a internet era un periodista, y que los medios de comunicación no tardarían en perder su papel como instrumentos para la comunicación social.

La tecnología iba a permitir –al igual que en otros ámbitos, como la economía o la política– acabar con los intermediarios profesionalizados. Todo sería directo y, por tanto, mejor.

Eso era un error. Fenómenos tan inquietantes y peligrosos como la posverdad o las fake news hacen que no podamos permitir que esa equivocación continúe.

Quien tiene en sus manos un teléfono móvil y graba las imágenes o el sonido de un acontecimiento es... alguien que tiene un teléfono móvil. Pero no es un periodista que ordenará los acontecimientos, contrastará con todas las fuentes a las que pueda recurrir y contextualizará los hechos para ofrecer a sus lectores, oyentes o televidentes eso que es a la vez tan simple y cotidiano como complejo e importante: una noticia.

El periodismo libre es un engranaje esencial de los sistemas democráticos, de la misma forma que lo es la separación de poderes, una Justicia independiente o la libertad de asociación.

El periodismo sirve para muchas cosas. Una antigua y entrañable definición dice que su función es formar, informar y entretener. Pero también sirve para garantizar el equilibrio de poderes, tan necesario en una democracia. Y esa garantía se materializa en la crítica.

El poder tiene que saber que la crítica ordenada y razonada que sólo los medios de comunicación y los periodistas pueden ejercer es fundamental, porque sin ella no tardarían en llegar la arbitrariedad, la injusticia, el miedo.

Los abusos de poder no son características exclusivas de regímenes autoritarios; se dan también en las democracias. Es un veneno que se extiende rápidamente, con efectos devastadores. Por ello, el mejor antídoto es la separación de poderes y la libertad de expresión, ejercida, entre otros medios, por un periodismo libre, profesional y de calidad.

El periodismo independiente es un escudo con el que podemos contar para defendernos. Pero no puede haber periodismo libre, profesional e independiente sin periodistas libres, profesionales e independientes que ejerzan su labor desde distintos y legítimos puntos de vista, con honestidad y con dignidad.

Sólo mediante la libre expresión y circulación de ideas, la búsqueda y difusión de informaciones, la posibilidad de indagar y cuestionar, de exponer y reaccionar, de coincidir y discrepar, es posible mantener una sociedad libre.

Sólo mediante la práctica de estos principios es posible garantizar a los ciudadanos su derecho a recibir información imparcial y oportuna.

Sólo mediante la discusión abierta y la información sin barreras será posible buscar respuestas a los grandes problemas colectivos, crear consensos, permitir que el desarrollo beneficie a todos los sectores, ejercer la justicia social y avanzar en el logro de la equidad.

Sin libertad, no puede haber verdadero orden, estabilidad y justicia. Y sin libertad de expresión, no puede haber libertad. La libertad de expresión y de búsqueda, difusión y recepción de informaciones sólo podrá ser ejercida si existe libertad de prensa.

Como dice la Declaración de Chapultepec: prensa libre es sinónimo de expresión libre.

Allí donde los medios pueden surgir libremente, decidir su orientación y la manera de servir al público, allí también florecen las posibilidades de buscar información, de difundirla sin cortapisas, de cuestionarla sin temores y de promover el libre intercambio de ideas y opiniones. Pero cuando con el pretexto de cualquier objetivo se cercena la libertad de prensa, desaparecen las demás libertades.

Nuestro continente no es una excepción a este mal. Aún persisten países con gobiernos despóticos que reniegan de todas las libertades, especialmente las que se relacionan con la expresión. Incluso los delincuentes, terroristas y narcotraficantes amenazan, agreden y asesinan a periodistas, en muchos casos con total impunidad. El periodismo en América latina es con demasiada frecuencia una profesión heroica, que puede llegar a salirle muy cara a quien la ejerce.

Por ello es clave proclamar que elegimos el bando de la libertad y la democracia.

Para terminar, una reflexión del periodista y novelista francés, Albert Camus, quien dijo: “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala.”.

Seamos libres y ejerzamos esa libertad.

Discurso pronunciado tras firmar la Declaración de Chapultepec, por una prensa libre, el 23 de este mes

*Presidente de la República Dominicana