Legado. Roger Onnis: una vida dedicada a devolver la visión y construir futuro

Con la humildad de un grande, nos enseñó que la excelencia profesional no consiste únicamente en saber más o en disponer de la mejor tecnología, sino en utilizar el conocimiento y la innovación para servir mejor a las personas. Esa fue la esencia de su medicina y, probablemente, la razón más profunda de su legado.

01 de junio de 2026 a las 12:05 a. m.
Juan Manuel Ibarguren
Roger Onnis: una vida dedicada a devolver la visión y construir futuro
Roger Onnis: una vida dedicada a devolver la visión y construir futuro

Desde la profunda Añatuya santiagueña hasta la consolidación de una institución oftalmológica reconocida a nivel nacional e internacional, la trayectoria de Roger Onnis es la historia de una vocación temprana, una inquebrantable cultura del esfuerzo, una pasión por la enseñanza y una permanente búsqueda de excelencia al servicio de los pacientes.

Roger Onnis nunca soñó con ser imprescindible. Soñó con construir una institución capaz de seguir creciendo cuando él ya no estuviera.

Hay historias que ayudan a comprender cómo se construyen las instituciones. Y hay personas cuya trayectoria termina explicando mucho más que una organización: explican una forma de entender el trabajo, el liderazgo y la medicina.

La historia de Roger Onnis pertenece a esa categoría.

Desde la Argentina profunda

Para comprender la dimensión de la obra que dejó es necesario volver al principio. No a los quirófanos de última generación, ni a los congresos científicos, ni a la institución que hoy lleva su nombre. Hay que volver a Añatuya, en Santiago del Estero, donde comenzó una historia marcada por el esfuerzo, la perseverancia y una profunda vocación de servicio.

Roger nunca ocultó sus orígenes. Por el contrario, hablaba de ellos con orgullo. La Argentina profunda de la que provenía le enseñó tempranamente el valor del trabajo.

Su vínculo con la medicina comenzó mucho antes de ingresar a la universidad. El hospital formaba parte de su vida cotidiana. Aquellos pasillos donde observó a médicos, enfermeros, pacientes y familias atravesando situaciones difíciles se transformaron en una escuela silenciosa que despertó una vocación temprana.

Como tantos jóvenes del interior, debió dejar su ciudad para continuar sus estudios. La llegada a Córdoba representó un desafío enorme. La ciudad universitaria ofrecía oportunidades, pero también exigía sacrificio, adaptación y esfuerzo permanente.

En aquellos años, descubrió también otra escuela de vida: el deporte. El Club Rieles ocupó un lugar importante en su juventud. El básquet le enseñó disciplina, trabajo en equipo y compromiso con objetivos colectivos.

La elección de estudiar Medicina fue la consecuencia natural de una vocación que venía gestándose desde la infancia.

Dentro de la medicina, encontró finalmente la especialidad que definiría su vida profesional. La oftalmología reunía varios de los aspectos que más lo apasionaban: el conocimiento científico, la precisión técnica, la innovación tecnológica y la posibilidad concreta de mejorar la calidad de vida de las personas.

Formar e innovar

Roger Onnis fue también un formador. Entendía que el conocimiento sólo adquiere verdadero valor cuando se comparte. A lo largo de décadas, participó de manera activa en la formación de nuevas generaciones de oftalmólogos, transmitiendo conocimientos técnicos, experiencia clínica y una concepción profundamente ética de la profesión.

Esa misma actitud explica otra de las características distintivas de su trayectoria: la incorporación temprana de innovación tecnológica. Sin embargo, Roger nunca confundió innovación con moda. Toda incorporación tecnológica debía demostrar que mejoraba efectivamente la atención médica.

A lo largo de los años, impulsó una cultura institucional basada en la calidad, el respeto, la formación permanente y la búsqueda continua de excelencia. Detrás de cada decisión, existía una convicción profunda: el paciente debía ocupar siempre el centro de la escena.

Con el paso del tiempo, apareció un nuevo desafío: lograr que la obra pudiera trascender a su fundador. Hoy Sebastián y Santiago Onnis representan esa nueva etapa, en la que se proyecta la institución hacia el futuro y se preservan los valores que le dieron origen.

Desde aquella Añatuya profunda que nunca olvidó hasta la consolidación de una institución reconocida dentro y fuera de la Argentina, Roger Onnis demostró que el origen no determina el destino y que las obras más importantes son aquellas que continúan creciendo cuando su fundador ya no está para impulsarlas personalmente.

La humildad de un grande

Pasé 24 años al lado de mi jefe, el doctor Roger Onnis.

Sin dudas hoy se cierra una etapa irrepetible y profundamente importante de mi vida. Una etapa en la que compartimos proyectos, desafíos, sueños y realizaciones que permanecerán para siempre en mi memoria.

Lo que más voy a extrañar es esa mirada crítica que siempre nos impulsaba a buscar una alternativa mejor. Esa capacidad permanente de cuestionar, de pensar distinto y de exigirnos encontrar la mejor solución posible ante cada desafío.

Voy a extrañar, asimismo, la humildad de un hombre verdaderamente grande.

Roger nos enseñó que la excelencia profesional no consiste únicamente en saber más o en disponer de la mejor tecnología, sino en utilizar el conocimiento y la innovación para servir mejor a las personas. Esa fue la esencia de su medicina y, probablemente, la razón más profunda de su legado.

Los hombres pasan, las instituciones permanecen. Pero sólo algunas dejan alma en aquello que construyen. Roger Onnis fue uno de esos hombres.

Magíster en Administración de Servicios de Salud