Por qué voy al "cacerolazo"
No puedo aceptar que quienes pensamos distinto al Gobierno, o creemos que hay cuestiones por mejorar, seamos considerados traidores a la patria.Pablo Cuenca Tagle.
Tengo la necesidad de expresar las razones por las cuales asistiré al cacerolazo que se va a desarrollar hoy en todo el país.
Previamente, es importante recordar que estas manifestaciones del pueblo son el ejercicio de diversos derechos democráticos, como el de libertad de expresión, el de peticionar públicamente a las autoridades y el de reunión.
Más que un derecho, en épocas de profunda anomia social e indiferencia, la participación es un deber cívico urgente.
En tiempos convulsionados, donde parece que el poder presidencial eclipsa todo lo que se le enfrente, hay que insistir en que la Presidenta es mandataria del pueblo; es decir, cumple un mandato que le otorgaron los electores, con plazo de vigencia y obligación de rendir cuentas.
Recordar que en una república democrática hay límites y derechos innegociables no es ser destituyente. Es justamente lo contrario: cuidar el sistema para que no degenere en un totalitarismo antidemocrático.
Deseo afirmar una y mil veces que, en democracia, el dialogo, el pluralismo y la concordia son atributos que no pueden faltar.
No concibo que el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no logre sentarse a dialogar con la presidenta de la Nación para acordar la innumerable cantidad de temas pendientes que hacen a su autonomía y a la gestión de intereses compartidos.
No puedo aceptar que quienes pensamos distinto al partido gobernante, o creemos que hay cuestiones por mejorar, seamos considerados traidores a la patria.
No voy a soportar que los argentinos nos sigamos peleando entre nosotros y continuemos perdiendo el tiempo.
Sueño con un país despojado de la mentira y la manipulación. Que refleje la realidad de la economía, que reconozca los problemas que apremian, como la inflación que azota a los sectores populares, y que tome medidas para corregir los desajustes.
Anhelo una nación con dirigentes probos y honestos, que no utilicen la política para enriquecimiento ilícito de sus patrimonios, sino como herramienta para solucionar los problemas de la gente.
Por último, aspiro a que todos los gobiernos se sometan a la ley suprema que es la Constitución, que establece la división de poderes, el federalismo como sistema de gobierno, la alternancia en el poder, la democracia y los derechos humanos, que hoy son pisoteados todos los días.
La Nación se pelea con Córdoba por la Caja de Jubilaciones, la ciudad de Buenos Aires se pelea con el Gobierno federal por los subterráneos y colectivos, todos se pelean entre todos, y se olvidan de que en el medio de está la gente.
Gente que retoma la soberanía popular y les recuerda a los gobernantes que son mandatarios, no monarcas.

