¿Qué significa oposición?
En aquella oposición, ya se notó que los de una facción nunca hablan bien de la opuesta, a la cual tienen por una enemiga peligrosa.
Para Jorge Guillermo Federico Hegel, la oposición o contraste es la relación más universal. Todo lo que ocurre o se piensa en el mundo remite a su contrario. Y este movimiento se encuentra en la totalidad de cuanto escribió y lleva a la superación o síntesis, lo que a su vez constituye su dialéctica. Sin embargo, como agregó “todo lo real es racional”, sus discípulos se marearon un poco.
Los hegelianos de derecha (como Weisse y Fichte) lo interpretaron como una conceptuación filosófica de la doctrina de la Providencia y una justificación para una política de obediencia absoluta. Los hegelianos de izquierda (Feuerbach, Moleschott, Bauer y Marx) volvieron al escepticismo de la crítica del joven Hegel y desarrollaron la Filosofía de la Historia en una teoría de lucha de clases que conduce, por necesidad hegeliana, al inevitable socialismo.
Así que Hegel, llamado “el filósofo imperial”, empolló los huevos del “socialismo”. En aquella oposición, ya se notó que los de una facción nunca hablan bien de la opuesta, a la cual tienen por una enemiga peligrosa. Así, llegamos al problema actual, en el que se llama “oposición” a un conjunto de partidos.
Para enfocarla, recurriremos a otra cita, no tan universal como la del filósofo alemán, pero algo más comprensible. Cito de memoria: Todos los patitos se fueron a nadar/ El más chiquitito se quiso quedar/ La madre enojada le quiso pegar/ Y el pobre patito se puso a llorar.
El psicoanalista se referirá, sin duda, a la intencionalidad de quienes gustan repetirlo. Estos humanos se hallarán meditando sobre el conflicto que ocasionó el patito al enfrentar al poder. Y si se trata de un lacaniano, pondrá la lupa sobre ese término “quiso”. De allí puede inducirse que hay una intención por parte del poder que, cuando puede pegar, no pega para provocar el miedo en la oposición. O bien que la autoridad de ese matriarcado tenga sus sospechas sobre un conspirador contra el Estado totalitario. Se ve de todas maneras que la jefa del matriarcado (la pata) otorgaría muchas cosas, menos la manija de su autoridad.
Por asociación de ideas, nos hace acordar de un gobierno actual que reparte escuelas, computadoras, hospitales, cargos donde hacen falta; todo menos poder. Y resulta que un patito ahora pretende modificar la plataforma política.
Si la pata no toma medidas contra el patito golpista, puede considerarse una actitud demagógica permisiva y/o solapada, como en otro orden de estrategias sería, también según algunos opositores, el voto a los 16 años.
Así arribamos a la escena de la política actual: el poder frente a la oposición. Aquí, en teoría o moralmente, es obligación del ciudadano decidir de acuerdo con su opinión sobre los mejores intereses del Estado. En la oposición, ante la urgencia y en la práctica, asoma cierto compromiso en su elección debido a grupos de presión que apoyan a determinados candidatos sin tener en cuenta a qué partido pertenecen.
El poder, por su parte, se esfuerza por lograr cualquier forma que lleve a mantener una fuerte cohesión. Y en ambas campañas se utilizan los medios eludiendo la verdad.
Ante este desfase, apelamos al dramaturgo Bernard Shaw, que dice: “La ley sálica, que prohibía a las mujeres ocupar el trono, está fundada en el hecho de que cuando una mujer está en el trono, el país está dirigido por hombres y, por consiguiente, mal dirigido. Mientras que si un hombre ocupa el trono, el país está dirigido por mujeres y, por consiguiente, bien dirigido”.
*Periodista.

