Que nadie crea que hay debilidad política
Después de la fuerte devaluación y en vísperas de una vuelta de tuerca más al fenomenal ajuste, la Presidenta dice que su poder es el de siempre.
A menos de dos años de finalizar su mandato, la presidenta Cristina Fernández tiene la comprensible necesidad de mostrar que conserva intacto su poder. Es una técnica básica de supervivencia que en política es imperioso utilizar. De allí que sus decisiones, discursos y actitudes públicas busquen ese objetivo, aunque en la intimidad enfrente numerosas dificultades y no le resulte fácil exhibir certezas donde hay tantas contradicciones.Su gobierno viene de perder dos elecciones, en las que casi el 70 por ciento de los votantes lo hicieron en contra de sus candidatos. Debió dar marcha atrás en cuestiones que habían sido presentadas como innegociables en el relato ideológico destinado a la militancia, entre ellas arreglos con el FMI, el Club de París, los fondos buitre o la indemnización a Repsol. Tuvo que archivar la reforma judicial, tragarse sus deseos de acallar al periodismo crítico y hasta reconocer la mentira de sus índices inflacionarios, entre muchas otras adversidades y retrocesos.Ahora, luego de una fuerte devaluación del peso que impactó sin piedad en el poder adquisitivo de los salarios, y en vísperas de una vuelta más en el torniquete de un fenomenal ajuste, insiste en que su poder es el de siempre. Eso expresó ayer a la Asamblea Legislativa, donde casi no hubo anuncios ni se abordaron los temas más urgentes que preocupan a la sociedad. Fue como si nada sucediera fuera de la peregrina idea de que el país "vive el ciclo más virtuoso de su historia".Todavía noPor si no fueran suficientes las palabras que hilvana con reconocida habilidad, Cristina se decidió la semana pasada a enfrentar al peronismo tradicional, ordenando que en su línea de sucesión, después del sospechado de corrupción Amado Boudou, se ubique el exgobernador santiagueño Gerardo Zamora, expulsado de la UCR por traidor. Es notable, pero puede decirse que la mayoría de las situaciones complicadas que ha debido enfrentar el Gobierno en estos casi 11 años de gestión ha sido generada por el propio kirchnerismo.En el bloque de senadores oficialistas se reconoce que la designación de Zamora será un caldero de problemas, pero ninguno de ellos se opuso con firmeza a la orden presidencial. "Todavía no es tiempo de rebeldías", confesó uno de los más importantes integrantes de la bancada. Eso sí, puso especial énfasis en "todavía", sugiriendo que habrá más adelante un momento oportuno.Sea por la situación judicial que enfrenta Boudou, que podría obligarlo a tomar licencia o renunciar, o por el deseo de Cristina de no concederle el segundo lugar sucesorio a un peronista, la nominación de Zamora significa entre otras cosas una evidente y necesaria demostración de poder de la Presidenta. El gesto deja en claro dos cuestiones: la confirmación de que Beatriz Rojkés de Alperovich, que ocupaba ese lugar hasta ahora, es de una inutilidad política manifiesta, y la ratificación de que el titular del bloque, Miguel Ángel Pichetto, no es bien querido por la jefa del Estado.El rionegrino, un leal a todos las conducciones peronistas de 1983 hasta acá, siempre tuvo la ilusión de ser gobernador de su provincia. El escollo permanente fue la Presidenta, desde que era senadora. Con Boudou sin ningún capital político propio y Zamora sin inserción en el peronismo y enfrentado a los radicales, Cristina se asegura que debajo de ella, en lo institucional, nadie esté en condiciones de construir un poder propio que amenace su liderazgo de fin de ciclo. La dudaFuera de los entretelones de la interna en que se debate el kirchnerismo, era necesario que la Presidenta brindara referencias sobre el curso que seguirán las decisiones económicas. Las altas tasas de interés impuestas por el Banco Central para bajar las expectativas con la compra de dólares, entre otras medidas, producen una retracción del consumo y una desaceleración de la actividad económica. Ronda el fantasma del estancamiento y en algunos sectores la producción ya se ha detenido.La inflación real de febrero será tan elevada como la de enero y todos los gremios discutirán en paritarias salarios que contemplen ese deterioro. Allí está centrada la mayor preocupación, porque si el Gobierno no orienta de manera correcta las negociaciones, el conflicto social será inevitable. Pero la Presidenta, con modales más amables que otras veces, se limitó a su acostumbrado recuento de obras realizadas y a la defensa del modelo. O sea, más de lo mismo, para evitar lo principal.

