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Por qué estamos como estamos

Tenemos solo unos 1.700 kilómetros de autopistas. Necesitamos “la construcción de 15 mil kilómetros de autopistas como mínimo para entrar en carrera”.

18 de julio de 2013 a las 02:00 p. m.
Román Ballesteros*
Por qué estamos como estamos

Después de ser arrasado en la Segunda Guerra Mundial, Japón quedó sub­ordinado a los Estados Unidos tanto en lo militar como en lo económico y político. El general Douglas Mac Arthur era jefe absoluto en el Japón durante la ocupación norteamericana, pero no se mareó ni fue insensato. Respetó al emperador Hirohito y, a la vez, lo hizo respetar.

Además, Mac Arthur recurrió al gobierno de Estados Unidos para que colaborara en la reconstrucción del país oriental. También pidió la colaboración de los mejores cerebros de Japón para que le propusieran un Plan de Reconstrucción.

¿Qué fue lo que pidieron los dirigentes japoneses? Ayuda económica para dar trabajo a todo el pueblo, con sólo dos objetivos fundamentales: 1) restablecer las comunicaciones para unir a la nación nuevamente mediante la urgente reconstrucción de ferrocarriles, caminos, autopistas y aeropuertos, 2) hacer escuelas. Nada más. “Lo demás vendrá solo”, dijeron. Con el tiempo, Japón llegó a ser la segunda potencia del planeta. Se ve en esto que el pueblo y sus dirigentes tuvieron una visión estratégica.

En 1985, una delegación de China fue al Banco Mundial y la atendió un ingeniero argentino, José Veniard. Los chinos le dijeron que deseaban construir una fantástica red de autopistas. Entonces, Veniard se sorprendió: “¡Pero si no tienen más que 100 mil autos!”. “Primero las autopistas, después vendrán los autos”, respondieron los chinos. Los autos se fabrican en minutos; las autopistas tardan décadas. Luego Veniard se radicó en Beijing en representación del Banco Mundial para poner en marcha y supervisar el tendido de 25 mil kilómetros de rutas y autopistas en China. En 2005, ese país tenía las autopistas terminadas y llegaron a 40 millones de vehículos. Se estima que esta cifra trepará a 170 millones en 2020.

Alemania, antes de la ­guerra, había construido la red de autopistas más grandes del planeta. Pero en 1945 gran parte del país quedó en ruinas. La historia quiso que el general Dwight Eisenhower, luego presidente de Estados Unidos, fuera el comandante en jefe de las fuerzas militares de Europa. Allí comprendió la importancia vital de las autopistas.

Luego, cuando asumió el poder en su país, se acordó de lo visto en Alemania, tras lo cual construyó durante su mandato la impresionante cantidad de 68 mil kilómetros de autopistas y 55 mil puentes. El costo de esta obra ciclópea fue el doble que el del viaje a la Luna. Pero hoy se la reconoce como la obra más rentable de la economía norteamericana. Lo demás vino solo.

El ejemplo de esos países permite concluir que asignaron como prioridad la construcción de vías y medios de comunicación para el desarrollo de sus naciones.

Véase ahora el caso de nuestra Argentina. Hay construidos solo unos 1.700 kilómetros de autopistas. La mayoría de las rutas nacionales tienen un ancho de 7,20 metros. El resultado es, hasta ahora, de miles de muertos por año y un atraso fenomenal de todas las regiones. Entonces, necesitamos “la construcción de 15 mil kilómetros de autopistas como mínimo para entrar en carrera”, como dice el ingeniero Guillermo Laura.

Por nuestra provincia pasa la única autopista construida en muchos años, la Rosario-Córdoba, con más 400 kilómetros. Tuvimos la ilusión de un tren bala, pero tenemos el Fútbol para Todos, los subsidios escandalosos, la ­venta de nuestras tierras a los extranjeros, la megaminería contaminante y la destrucción de nuestros bosques y glaciares o el tráfico de drogas. Esto se llama no tener visión estratégica para nada.

*Ingeniero, especialista en servicios públicos