Economía. El presidente Javier Milei y la transición
Si bien el Gobierno nacional ha eliminado impuestos y reducido otros, como retenciones, es necesario un pacto fiscal Nación-provincias –valiéndose del Pacto de Mayo– para eliminar retenciones y reducir (y/o eliminar) impuestos subnacionales.
El discurso pronunciado por el presidente Javier Milei en la Expo EFI 2026 se centra en la transición desde el modelo populista –de donde partió– al modelo liberal (propiedad privada, libertad de mercado, apertura de la economía, desregulación).
Este es, para mí, el mejor de todos los discursos que le he escuchado al Presidente, en el que exhibe su vasto conocimiento de la ciencia económica.
Milei explica la transición basándose en el concepto de “destrucción creativa” –del economista Joseph Schumpeter–, que se refiere al proceso mediante el cual las innovaciones destruyen viejas estructuras económicas y crean nuevas que generan oportunidades renovadas.
Schumpeter identificó diferentes formas de innovación: nuevos productos, nuevos métodos de producción, nuevos mercados, nuevas fuentes de suministro. Esto genera pérdidas temporales de empleo y otras consecuencias no deseadas, en un proceso necesario para el incremento de la productividad, base del crecimiento económico (y de los salarios) a largo plazo.
Schumpeter atribuye gran importancia a la figura del emprendedor, agente del cambio que impulsa la innovación y, por ende, el desarrollo económico.
Procesos de reconversión
Esto está ocurriendo en la economía argentina. Debido a la desregulación y apertura al comercio internacional, ingresan bienes cuyos precios son (algunos muy) inferiores a los precios de esos bienes producidos en Argentina, por lo que caen las ventas de las empresas productoras, las que disminuyen la producción y el personal ocupado, se incrementa la capacidad ociosa, suben los costos fijos medios de producción y se ingresa así en un círculo vicioso.
Es un proceso de destrucción de estructuras que van quedando obsoletas, mientras se están creando nuevos emprendimientos, sobre todo los impulsados por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (Rigi), que otorga beneficios impositivos, aduaneros y cambiarios a grandes inversiones en la producción de petróleo y minería.
Aunque sin Rigi, la desregulación y la apertura posibilitan la exportación a “nichos”; benefician al agro y a la agroindustria –lo que se potencia ahora por el Acuerdo Unión Europea-Mercosur– y a la economía del conocimiento; aparecen nuevas formas de comercio (e-commerce), etc. Una economía que transcurre por dos andariveles: una que innova y crece, y genera un círculo virtuoso; otra, especialmente la industria manufacturera, las formas tradicionales de comercio y los servicios, que decrece.
El Presidente instó a las empresas a reconvertirse, y puso como ejemplo a Lumilagro –productora de termos– que cerró la fabricación y la reemplazó por importaciones que hace fabricar en China bajo las normas de la misma empresa.
En este proceso de reconversión, la firma redujo su personal en 170 puestos; son los que pagan el costo hasta ser absorbidos en empresas que se reconviertan, o en nuevos emprendimientos.
Costo argentino
Dado este panorama, la UIA ha manifestado que no se opone al nuevo modelo, pero que “hay que nivelar la cancha”; esto es, bajar el “costo argentino”, compuesto principalmente por altos impuestos.
Todo impuesto es una distorsión al sistema, pero algunos lo son más: Ingresos Brutos, tasas municipales, Sellos, “impuesto al cheque”.
Si bien el Gobierno nacional ha eliminado impuestos y reducido otros, como retenciones, es necesario un pacto fiscal Nación-provincias –valiéndose del Pacto de Mayo– para eliminar retenciones y reducir (y/o eliminar) impuestos subnacionales.
El proceso sería: eliminar retenciones, lo que permitiría aumentar el uso de insumos y así aumentar la producción, las exportaciones y la rentabilidad del agro; subiría la recaudación por Impuesto a las Ganancias, que es coparticipable (las retenciones no lo son), con lo cual las provincias recibirían una mayor coparticipación y podrían incrementar –debido a la mayor rentabilidad del agro– la recaudación del Impuesto Inmobiliario Rural, lo que les permitiría bajar (¿eliminar?) Ingresos Brutos, tasas municipales, Sellos, etc.
Otros integrantes del costo argentino son: alto costo del factor trabajo –en vías de reducción y de transformaciones, debido al cambio tecnológico–, deficiente infraestructura y, principalmente, el alto costo del dinero.
La tasa de interés está ligada al “riesgo país”; para bajar este, se debe avanzar hacia la liberalización total del mercado de cambios, necesario para que el sistema determine el tipo de cambio real de equilibrio y el equilibrio de los precios relativos.
El incremento en la oferta de divisas –por las exportaciones de la cosecha gruesa– disminuiría el riesgo de una eventual suba brusca en el tipo de cambio. En el mediano-largo plazo, cuando aumente la oferta de divisas por las exportaciones de Vaca Muerta y minería, se espera que sería a la baja (con riesgo de “enfermedad holandesa”; esto es, baja pronunciada en el tipo de cambio).
Además, un Banco Central independiente que acumule reservas y que garantice los pagos de la deuda externa. De modo coadyuvante, una política monetaria que dé curso legal al dólar; o sea, una convertibilidad con tipo de cambio libre.
Con todo ello, el riesgo país tendería a cero, lo que posibilitaría tomar/renovar deuda no sólo a la Nación, sino a provincias, municipalidades y privados –empresas, emprendedores, consumidores, créditos hipotecarios– a tasas internacionales. Ello, aparte de aliviar el costo de la transición, es fundamental para el crecimiento económico a largo plazo.
Académico de número, expresidente (hoy vicepresidente) de la Academia Nacional de Ciencias Económicas

