Por un nuevo y necesario contrato social
La desigualdad, en sus diversas manifestaciones y en los distintos ámbitos en los que se expresa, sigue siendo usada como justificación y hasta legitimación de las violencias hacia las mujeres. Graciela Ruiz.
Nos regocijamos por los enormes avances en la agenda de las mujeres, con leyes que han sido esperadas por centurias. Hemos acortado la distancia entre los hechos de la vida cotidiana y las leyes que los regulan, pero restan significativas cuestiones por ser contempladas, resguardadas y sancionadas. La desigualdad, en sus diversas manifestaciones y en los distintos ámbitos en los que se expresa, sigue siendo usada como justificación y hasta legitimación de las violencias hacia las mujeres. Las violencias hacia las mujeres siguen siendo expresadas en muchos ámbitos como una cuestión propia y habitual por el hecho de ser mujer, lo que contribuye a su naturalización. Así, en espacios de formación de la opinión pública, llega al extremo de mostrarse como parte del espectáculo y se la banaliza. Las violencias hacia las mujeres continúan siendo invisibles para la mayoría de la gente y de las estadísticas (que, dicho sea de paso, son en gran parte relativas a manifestaciones físicas de violencia, lo cual deja afuera otros tipos de violencia). Las violencias hacia las mujeres permanecen por lo general silenciadas. Aún persisten mandatos que imponen la carga de callar sobre quien las padece (el silencio de la víctima) y que mezquinan o niegan la palabra y la acción de quienes podrían contribuir a encontrar una salida (el silencio de la sociedad). Y, peor aún, en muchos casos de violencia física y/o sexual se revictimiza a la mujer, inclusive en espacios donde debería ser contenida. Las violencias hacia las mujeres siguen abordándose y explicándose como cuestiones psicológicas, desvinculándoselas de los contextos y factores sociales, culturales, económicos, religiosos, ideológicos, como si fueran una cuestión individual y no un problema del que todos y todas somos responsables. "Cuando la gente sabe, aunque sea con la mitad de la cabeza, que se está cometiendo una gran injusticia y no tiene ni el valor ni la generosidad de protestar, automáticamente echa la culpa a las víctimas, ya que ésta es la forma más sencilla de calmar sus conciencias" ( Warrant for genocide , Norman Cohn). Las violencias hacia las mujeres niegan la dignidad e integridad de las mujeres, avasallan los principios éticos en que debe transcurrir una convivencia respetuosa y solidaria y, fundamentalmente, violan el derecho humano a vivir una vida libre de violencias. El propio y esencial derecho a la vida se pone en riesgo. Las mujeres siguen muriendo por el solo hecho de ser mujeres.Chile tiene un importante avance en el proceso de modificación de su legislación penal, con la propuesta de incorporar como delito la figura de feminicidio, lo que deberíamos analizar, con los alcances y tipificación que le son propios.Los términos de un nuevo y necesario contrato social para alcanzar un desarrollo humano justo, sustentable e integral conlleva a cada uno a ser consciente de que podremos alcanzar sociedades y democracias igualitarias sólo si comprendemos, como sostiene Noam Chomsky, que "cualquier tipo de conversión tendrá que formar parte de una reestructuración total de las sociedades".

