Poner a la República en su sitio
Estamos en un momento sociohistórico en el que los magistrados –y todos los actores sociales– tenemos la posibilidad y la obligación de volver a reconquistar “la cosa de todos”.
El funcionamiento del Poder Judicial en el país es perfectamente comparable a la caja de Pandora: está lleno de sorpresas. En este sentido, el hecho de que en una misma semana se haya apresado a dos actores fundamentales de la lógica kirchnerista durante estos últimos 12 años nos ha tomado por sorpresa a varios de nosotros. Si bien esperábamos que la Justicia tomara cartas en el asunto, no imaginamos que se hiciera en la misma semana.Uno de ellos es Ricardo Jaime, exsecretario de Transporte del gobierno anterior que, tras haberse entregado a la delegación cordobesa de Delitos Complejos de la Policía Federal ante el pedido de detención del juez Julián Ercolini, por la compra irregular de trenes, ahora se encuentra alojado en una dependencia de Gendarmería en Retiro y concurre a declarar a los tribunales de Comodoro Py, en la ciudad de Buenos Aires.La misma suerte corrió el magnate de las obras públicas durante el gobierno del matrimonio Kirchner, Lázaro Báez, quien fue detenido tras descender de un avión privado en el aeropuerto de San Fernando, por orden del juez Sebastián Casanello.Sin embargo, la noticia que hizo estallar a los medios de comunicación en todo el mundo fue la imputación a la expresidenta Cristina Fernández por supuesto lavado de dinero. Imputación también efectuada por el juez Casanello, pues es él quien está a cargo de la investigación conocida como "la ruta del dinero k".
El nuevo marco
Lo interesante de estos sucesos es analizarlos, ya que no se han desarrollado en el vacío y tampoco fuera del tiempo, sino que surgieron de una determinada manera.
Es decir, tienen un contexto concreto y están marcando el ritmo de la flamante gestión de Cambiemos, que abogaba en su campaña política por la “independencia del Poder Judicial” como así también, en palabras de Mauricio Macri, por la “impunidad cero, para atrás y para adelante”.
Asimismo, cabe destacar la definición epistemológica de la palabra “república”. Proviene del latín
res
publica
, que significa “la cosa pública” “la cosa de todos”; sin ir más lejos, “la cosa del pueblo”.
Respecto de la significación de la palabra en sí misma, enmarcada como forma de gobierno democrática, se deben rescatar al menos los siguientes tres conceptos fundamentales para explicar las detenciones ante mencionadas.
La igualdad ante la ley sin que existan privilegios. Por ese motivo, la figura de la Justicia está alegóricamente representada por una mujer que tiene los ojos vendados y una balanza en sus brazos.
La división de los poderes. Es decir: la delimitación de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) a efectos de evitar la concentración de poder y que la forma de gobierno se convierta en una tiranía.
La responsabilidad de los funcionarios públicos , la cual no sólo es política sino también civil, penal y administrativa, con motivo del mal desempeño en funciones o por delitos cometidos durante el desempeño del mandato.
En efecto, dentro de este cambio de época y época de cambio, parece no haber –y esperemos que así sea– ningún espacio para quienes tienen la mala costumbre de meter la mano en la lata y así apropiarse de lo que no les corresponde.
Ha llegado la hora de aplicar “ley dura” a la impunidad. Por ello también la representación alegórica de la Justicia tiene una espada en su otra mano, que nos recuerda que la ley es dura, pero es la ley, y hay que respetarla y aplicarla.
El enunciado es simple: estamos en un momento sociohistórico en el que los magistrados –y todos los actores sociales– tenemos la posibilidad y la obligación de volver a reconquistar “la cosa de todos” poniendo a la República una vez más en su sitio.
*Periodista, investigadora del Centro de Estudios Libre

