Fraternidad Religiosa. Pijamas para no dormirse

La neutralidad es la máscara inútil de la complicidad.

14 de abril de 2026 a las 12:06 a. m.
Marcelo Polakoff
Pijamas para no dormirse
Escena de la película "El niño con el pijama de rayas".

John Boyne escribió la novela El niño con el pijama de rayas en el año 2006. Dos años después, se estrenó la versión cinematográfica y la historia recorrió el mundo.

La tierna amistad de dos niños de 9 años en el campo de concentración de Auschwitz, el hijo de un oficial alemán y un prisionero judío, fue una de las escenas más emotivas del acto que anoche vistió de gala y recuerdo al Teatro del Libertador.

El evento, organizado por la filial cordobesa de la Daia, puso en evidencia cómo el arte -a través del cine y la música- puede motorizar la memoria para convertirla en un acto esencial de ciudadanía.

Damián Mahler, igual de talentoso que Ángel, su amado padre, dirigió la orquesta académica con 67 jóvenes músicos que hicieron de esta noche, como lo dijo nuestro gobernador, una experiencia inmersiva.

Las escenas de las películas más relevantes sobre la Shoá, el holocausto nazi, cobraron vida a través de las piezas musicales de cada una de ellas.

Y Helene Gutkowski, sobreviviente de la tragedia, nos contó en primera persona del singular lo que significó el odio más descarnado.

Por qué elijo quedarme con la escena del film El niño con el pijama de rayas, donde ambos chicos están sentados jugando solamente separados por un alambre de púas?

Por varios motivos.

Porque más allá de esa ficción, es muy cierto que las decisiones que vamos tomando en lo cotidiano van conformando en nosotros mismos -y en nuestros descendientes- alambres o puentes.

Porque más tarde o más temprano, al igual que en el libro (y en la película), el alambre encierra a todos, y nadie sale ileso.

Porque la ilusión del control (tan atractiva como falsa) es un arma suicida. Y, a la vez, porque la ilusión del “desentenderse” anida de a poco -muy de a poco- la tardía asunción de la propia responsabilidad, por más pequeña que sea, en el guión de lo cruel.

Porque cuando a la maldad no se la enfrenta, se la potencia. Y porque la neutralidad, en esos casos, es la máscara inútil de la complicidad.

Anoche trocamos el alambre de púas por las púas de una guitarra. No hay otro modo.