Día del Periodista. Periodismo, tan rebelde y tan humano

Frente a las crisis, la precarización y el avance tecnológico, este 7 de junio invita a rescatar la esencia humanista del periodismo. Una profesión que resiste en el territorio para escuchar, incomodar al poder e iluminar las historias de carne y hueso.

27 de mayo de 2026 a las 03:18 p. m.
Florencia Perez Gaudio*
Periodismo, tan rebelde y tan humano
7 de Junio, Día del Periodista

¿Es posible escribir sobre periodismo en este 7 de junio desde un nuevo lugar? Es decir, sin la sóla necesidad urgente de denunciar los agravios de cada día o sin caer en la narrativa de la derrota que tiene en “crisis” la palabra-espina dorsal.

Escribir sobre periodismo sin por ello olvidar el récord de 278 ataques contra periodistas registrados por el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) en 2025 y que, no cuesta adivinar, no son la película completa de las agresiones recibidas. Hablar de periodismo sin que salga de cuadro la precarización, el multiempleo, los escollos para acceder a las fuentes oficiales, las malas prácticas -que también las hay-, por mencionar solo algunas de las adversidades y males intrínsecos y extrínsecos que se cruzan en su camino de todos los días.

Pero, a pesar del enjambre de dificultades, el periodismo sigue ahí. Los periodistas seguimos ahí. No sólo -y cada vez menos- porque hacer periodismo es un trabajo. Estamos ahí porque el periodismo no se tiene a sí mismo como destino. Su existencia es, en cada acto periodístico, para otro. Y ese más allá de los propios límites es revolucionario en tiempos de individualismo rampante, de narcisismo y de la soledad multiplicándose como plaga.

La excelencia del periodismo

A comienzos de mayo, Columbia University entregó los Premios Pulitzer a la excelencia del periodismo. Repaso retazos de algunos de los fundamentos publicados en el sitio oficial:

“...por documentar con gran detalle el impacto humano de los recortes (de la administración Trump) y las consecuencias para el país”;

“Por reportajes exhaustivos que expusieron cómo el presidente Trump ha quebrantado las restricciones sobre los conflictos de intereses y ha explotado las oportunidades de ganar dinero que conlleva el poder…”;

“Por su reportaje innovador y revelador sobre Meta, que detalló la disposición de la empresa tecnológica a exponer a los usuarios, incluidos los niños, a estafas y manipulación…”;

“...se trata de reportajes impactantes marcados por la minuciosidad y la compasión.”;

“...una esclarecedora colección de ensayos sobre el auge de los regímenes autoritarios… ”;

“...por arrojar luz sobre los crecientes desafíos globales…”.

Es cierto: son investigaciones producidas en una realidad lejana y cercana a la vez, como es la de EEUU (en la que Washington Post -ganador en la categoría “servicio público- despidió en manos de Bezos a un tercio de su plantilla a comienzos de año). Los fundamentos de los Pulitzer, para bajar de las ramas, nos dejan vislumbrar buena parte de lo que hace el periodismo.

7 de Junio, Día del Periodista
7 de Junio, Día del Periodista (La Voz / IA)

El rol del periodista

Pero -aquí y allá- hay muchísimo más. El periodismo tiene un rol fundamental y creciente respecto de la democracia. Andrés Malamud decía hace unos días en Infobae que las democracias que vienen “van a ser mucho más desagradables que las que conocimos”. Su explicación: “La democracia es el sistema en el que gobierna la mayoría, pero estamos acostumbrados a llamar democracia a la democracia ’liberal’, donde además de gobernar la mayoría, se respetan los derechos de las minorías. Y eso es reciente y va a ser efímero”.

¿Qué será de las sociedades desiguales que ya están pariendo estas democracias sin el periodismo? Mientras avanza la digitalización de casi todo, incluso de las injusticias, ocupará cada vez un rol más importante el contar la carne y el hueso de las historias humanas. Las historias de los excluidos y marginados. Las historias palpitantes de los pesares. De las audacias. De las indispensables esperanzas.

Y ahí estará el periodismo, con sus nativos digitales, buscando el sentido que le contesta al ruido. Poniendo en juego su algoritmo -incorrecto y bellamente humano- como alternativa sensible a la intermediación sintética de las máquinas, con su efecto fragmentario y ligero.

Mientras el tráfico se muda de piel y pasa de los motores de búsqueda a los resúmenes de IA, el último Digital News Report, que estudia el consumo de noticias en el mundo, señala que “los editores dicen que será importante poner más énfasis en las investigaciones originales y en las coberturas sobre el terreno, análisis contextual y explicaciones y las historias humanas”. Cuando es la confusión la que cubre con su inmaterial manto nebuloso lo que sucedió y lo que no, y cuando el periodismo le ha sacado bastante el cuerpo a cuerpo al territorio, suena muy razonable lo de los editores del informe de Reuters Institute.

Nuestra tarea

Porque son las y los periodistas quienes buscan el antes y el después de las cosas. Quienes contextualizan los pedazos aislados de la realidad. Los que dan vueltas al asunto hasta dar con la pequeña historia que cuenta de una vez lo universal. El buen periodista recoge las partes, va a donde suceden los hechos, corporiza las partículas en las que el sistema disuelve las cosas. Pregunta para entender lo que desde lejos -y de cerca- no se ve. Abre un tajo de complejidad en la trama simplificadora y polarizante en la que vivimos.

Al tiempo que la interroga, la cronica y la piensa, el periodismo irá un poco a contramano de su época para hacer lo suyo. A veces, aunque no siempre, a costa del “like”. Porque el propio hacer del periodista incomoda, molesta al poder que le pone “dislike”.

El filósofo Byung-Chull Han planteó que la escucha, como ocurre ya con la atención, será el próximo bien escaso. Dice que se trata de una capacidad que iremos perdiendo a tal punto que existirá, en un futuro, una profesión nueva: la de oyente. “ Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche”, escribe en La expulsión de lo distinto. Es la escucha, junto con la pregunta, una de las habilidades más identitarias de la profesión del periodismo con vocación humanista y con preocupación por el otro. Cuando falte del todo la escucha y sólo quede el monólogo, el periodismo estará ahí para propiciar el diálogo social verdadero. Porque en la era de los feed hiperpersonalizados por fuerza del algoritmo, al periodismo también le toca el desafío de integrar una zona común, un nodo que interconecte, sin dejar de lado lo diverso ni caer en reduccionismos que muestren una sola cara del prisma del asunto.

El escritor Jorge Carrión, en el taller llamado “El periodismo como curación del futuro”, que dictó semanas atrás; trajo a la conversación el ensayo The Game del italiano Alessandro Baricco. Baricco sostiene: “En los próximos cien años, mientras que la inteligencia artificial nos llevará aún más lejos de nosotros, no habrá bien más valioso que todo lo que haga sentirse seres humanos a las personas. Por muy absurdo que pueda parecernos ahora, la necesidad más extendida será la de salvar una identidad de la especie. En ese momento recogeremos lo que hayamos sembrado en estos años”.

Propongo recibir la frase por fuera del sistema tecno optimista vs. tecno pesimista con el que encasillamos las ideas, a cambio de poner foco en la importancia de cuidar al periodismo que estamos sembrando en estos tiempos locos. Velemos por el humanismo que late en las raíces mismas de una profesión cada vez más necesaria para un mundo que peligra con volverse todavía más aislado y artificial. Porque, como dice Miguel Perez Gaudio -el autor de esa la brújula metodológica que es el Periodismo Idea- “el periodismo no puede (ni podrá) vociferar los apagones de la humanidad sin alumbrarlos”.

*Florencia Perez Gaudio, directora de la Tecnicatura Superior en Periodismo Colegio Universitario Politécnico (CUP).