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Pensar con los pies

El concepto de experiencia es indispensable para concebir la fe como encuentro de todo hombre con Dios.

15 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Pedro Torres*
Pensar con los pies

El título de esta breve columna podría hacer pensar, a primera vista, en el mundo del fútbol y sus recurrentes sinsabores. Pero en realidad hace alusión a lo que expresó con cierto humor José Ortega y Gasset, filósofo español nacido a finales del siglo XIX, para referirse al fenómeno de la experiencia, a la necesidad de aprender a través del contacto directo con la realidad. Dicen que el concepto de experiencia es difícil de definir y lo catalogan como uno de los más enigmáticos de la filosofía, pero su etimología ayuda a aclararlo. Viene de un término latino que significa "explorar viajando", conocer algo no sólo de oídas, sino de haber ido en su busca y de haber estado en contacto vi­tal con ello, por medio de una relación vivida, sobre la base de logros y fracasos, atravesando dificultades. En la experiencia se da un cono­cimiento directo, "sabroso" (de allí viene la palabra sabiduría), que queda impreso en las entrañas. Esto vale de un modo difícil de explicar para la experiencia de Dios, que de hecho se da en re­­la­­ción con alguna experiencia intramundana, en los acontecimientos de la vida diaria, en la historia.Como en el caso de Moisés (muy de moda por estos días), muchas veces a Dios le vemos las espaldas, caemos en la cuenta de que ha tocado nuestra vida cuando pasó, por los frutos que hacen arder el corazón y liberan la existencia.De hecho, el concepto de experiencia es indispensable para concebir la fe como encuentro de todo hombre con Dios.Hoy muchas veces parece que tememos expresar las propias vivencias, que tenemos miedo a utilizar el lenguaje más importante de nuestra experiencia humana: el lenguaje religioso. Una experiencia que dinamiza la existencia, genera energías y modifica la vida interior permitiendo tomar conciencia de la presencia de Dios siempre mayor y siempre aveniente.Celebramos la invitación que nos hizo el papa Francisco a cele­brar este año las entrañas misericordiosas de Dios, que nunca se cansa de perdonar y que nos pone en camino a etapas nuevas de la historia, a pensar desde esta experiencia en vínculos que sepan hacer a los demás lo que queremos que Dios y los demás hagan por nosotros.* Obispo católico. Miembro del Comipaz