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Quiénes y cuando

Nos juntábamos todos los días a las 4 / y yo empezaba a ser feliz desde las 3. Don Ata. Daniel Salzano.

29 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Daniel Salzano
Quiénes y cuando

Me olvidé de escribir del Día del Amigo / y ahora siento como si me hubiesen quedado nueve dedos / hagamos una cosa / yo escribo sobre los amigos / y ustedes ponen una musiquita que ayude / Serrat ayuda / Vicentico / Mercedes ayudaba / qué país éste / donde las palabras para nombrar la amistad desaparecen.................................................Ignoro lo que afirma el diccionario / pero si no dice que amigo viene de amor / deberían confiscarlo / Stan Laurel amaba a Oliver Hardy / Butch Cassidy a Sundance Kid / Labruna a Loustau / y cada vez que el cine Cervantes daba una de amigos / la cola atravesaba Colón / seguía por Rivera Indarte / y se hundía en las procelosas aguas del Suquía. ................................................Año 1950 / calle Jerónimo Luis de Cabrera / Córdoba / Argentina / los hombres trabajan en el ferrocarril y no se andan con vueltas / pisan el frío con los pies desnudos / y besan a sus hijos como si comieran uvas / sus mujeres tampoco se andan con vueltas / caminan apuradas porque la eternidad se les acaba / algunas van de negro y todas adelgazan con el viento / la gran fábrica de la calle / nunca descansaba en punto muerto.................................................Año 1950 / tengo 9 años / todos tenemos 9 años / jugamos de lunes a domingo / incluso el Día de los Muertos / somos como el río Níger cuando desemboca en el golfo de Guinea / ¿de dónde salimos? / calzamos alpargatas / y llevamos una cicatriz en las rodillas / pero nuestra belleza es innegable / nuestra ropa está arrugada / como la de los ciegos / es increíble pero en el Sermón de la Montaña / no se menciona a los pibes de la calle Jerónimo Etcétera Etcétera.................................................¡Mujeres! / no conocíamos ninguna / y ninguna nos conocía / las mujeres eran como el humo / lo fumábamos pero no podíamos tragarlo / no sabíamos / y tal vez aún no lo sepamos / que el amor es un misterio que se hincha como una gota de agua concentrada en la punta de una rama / y cuando cae / el San Roque se desborda por encima del nivel del vertedero / pero en 1950 / no habíamos tocado una mujer / ni una pulgada de mujer / por mi parte / confieso que lo hice por primera vez en el cine Odeón / a mi prima / la toqué en la muñeca / donde se reúnen todas las venitas / la luna / puedo asegurarlo / se había hecho cargo de nosotros.............................................Un gomía no es un gomía si no se saca el reloj y te lo presta / cada vuelta que da el minutero es una paliza que estalla en la cara de la vida / un gomía no es un gomía si no se tumba a tu lado / para ver cómo se reúnen los planetas a trazar sus dibujos en el cielo. ................................................Nos tragábamos un botón al mediodía y otro por la noche / arrancábamos las alas de las moscas / y tirábamos piedras para perturbar el Universo / eso sí / no podías ser ni pibe ni nada si no tenías amigos / si no decías hola Horacio / conozco gente que por no tener amigos / vivió y murió ardiendo como un faso debajo de la mesa.................................................Nunca volví a jugar a la escoba como en 1950 / sumaba con los labios y los dedos / a veces jugábamos por plata / 50 dólares el poroto / una vez / furioso / como un animal acorralado / metí la mano en el bolsillo / saqué ciento doce mil cuatrocientos dólares y los hice pedazos / fue mi primer contacto con la furia / yo caminaba en dirección a la furia / y ella / furiosamente / caminaba en dirección a mí / bajé por Roma / y terminé sentado bajo un retrato de Garibaldi en la sala de espera del hospital Italiano / solo / la furia entretanto era la luz de una vela que se iba deshaciendo / quiero decir que a los 9 años morir no duele tanto / hiere mucho más vivir.................................................El rey de bastos / el que mejor se desplazaba en los desfiles / el que avanzaba sin pedir permiso / y hablaba de modo indescifrable / fue el primero en morir de toda la baraja / oh padre / ¿por qué nos has abandonado?................................................En 1950 se puso de moda la locura / hola loco / chau loco / cómo anda tu hermana loco / a veces tocábamos un timbre / cualquier timbre / rajemos loco / ¡pregúntenme por cada uno de los locos y les diré qué ha sido de sus vidas! / aunque mejor / no me pregunten demasiado: / yo lo único que sé es que la gloria me apretaba la cabeza / y un día me soltó.................................................¿Cómo se llamaba esa película con Tom Hanks en la que le hablaba a una pelota blanca y la pelota no le respondía?...............................................Ahora todos mis amigos sacan un número en el banco Supervielle / antes de cobrar la jubilación / todos calzan menos del 42 / y cuando uno parte el otro sigue / a veces jugamos a las palabras invisibles / las que ya no existen porque nadie las dice: / cinemascope / cumbia tropical / ring side / hesperidina / turro / yugo / guaso / feca / trolo / mina / nerca / sifón / buchón / telo / langa / morfi / bueno/ lectores / terminemos de una vez: / todo se gana y se pierde / se pierde y vuelve a ganarse / sólo ha quedado una frase que me vuelve loco: nos encontrábamos todos los días a las 4 / y yo empezaba a ser feliz desde las 3.

Don Ata

Cada vez que llegaba de visita a Córdoba, Atahualpa Yupanqui se alojaba en el hotel Crillón, a 50 metros de la iglesia de la Merced y a 10 de la zapatería Guante. Curiosamente, y mientras duraba su visita, se producía un respetuoso silencio en las inmediaciones del hotel. Como si estuviera descansando Martín Fierro. Algo parecido a lo que sucedió en 1901, en Milán, cuando Giusseppe Verdi agonizaba y, para no perturbar su descanso, los caballos atravesaban el empedrado con los cascos envueltos en zoquetes.

Y es que Yupanqui, Don Ata, Héctor Roberto Chavero, reunía en su persona todas las características de un prócer popular: era conocido, escribía con talento, cantaba como ninguno, hablaba con autoridad, vivía en París y nunca se quejaba.

Lo que quiero decir es que cada vez que llegaba a la ciudad, por la redacción del diario corría un viento helado, porque había que ir a entrevistarlo y entrevistar a Yupanqui era como entrevistar a Lindor Covas: no sólo tenías que consultar una bibliografía de recortes que abarcaba cuatro biblioratos, sino que tenías que entrenarte en música, política, folklore, filosofía y derecho agropecuario.Y es que Yupanqui no sólo imaginaba la patria tal como debía ser sino que la conocía tal como era.

Lo primero que hacía Don Ata cuando llegaba era hun­dir sus posaderas bíblicas en el sillón color marfil­ que el hotel desempolvaba para las grandes ocasiones:­ Borges, Locche, Ellington, Aznavour, Nélida Roca.

Atahualpa Yupanqui se protegía los hombros con un poncho de vicuña cuyos extremos se plegaban y perdían en la inmensidad de sus sobacos, llevaba en la solapa un gallito de oro concedido por el Ministerio de Cultura de Francia, una corbata de cabecita negra y a la hora del almuerzo se tiraba 10 minutos analizando la carta de vinos del hotel.

Primera impresión: estaba mucho más allá del fulgor y de la basura de las reglas del juego mediático. Segunda: un país se puede permitir que sus políticos sean unos ineptos, pero no que lo sean sus artistas.

Antes de oírte, y por supuesto mucho antes de contestarte, el prócer, sin mover las pupilas te orejeaba y te sacaba cien metros de ventaja. Yupanqui, con los hombros volcados hacia delante, el abdomen generoso, el pelo untado con un dedo de gomina y unas manos prolijas y oscuras que contrastaban con la blancura del mantel, pidió paté con aceitunas, un bife bien hechito y queso de cabra bañado con arrope. De la marca del vino no me acuerdo, sólo que era tinto y mendocino.

Había nacido en Pergamino y aprendido a conocer las cosas de la tierra desde chico. Le gustaba el silencio y observar los caballos en el río, con los ijares llenos de espuma. Cuando era un bebé lo izaban en brazos para que se diera el gusto de tocar con sus manitas los arreos. Su casa –recordó– lindaba con el cielo.

No fumaba ni permitía que se fumara en 50 millas a la redonda y mientras yo escribía en una libreta de la librería Ompré me escrutaba como si se tratara de un piojo.

Una acotación: entrevistar a Yupanqui no solamente era una tarea ardua por lo que había que escribir sino porque a la mañana siguiente él iba a leer lo que habías escrito.

Llegó el fotógrafo. Ni se le movió la cara. Su verdadero genio consistía en salir siempre en la mejor fotografía, ya que estaba en cada momento en el lugar exacto. Esa, al menos, fue la opinión del fotógrafo cuando terminamos de hacerle la entrevista.

No recuerdo exactamente los temas que le propuse para el reportaje, pero lo que no consigo olvidar es que nunca respondía de inmediato. Pensaba un rato largo antes de hablar, como si estuviera redactando sus respuestas en el aire.

De memoria: “El amor no es amor si no se desea y la muerte no es muerte si no se le teme”.

Lo demás está sintetizado en los cientos de canciones y en una docena de libros que fue escribiendo a lo largo de su vida pero que, curiosamente, no se consiguen con facilidad. En el estante de la Y de las librerías de la calle Deán Funes no existe otra cosa que el polvillo que se desprendió cuando rasquetearon la iglesia de Santo Domingo.

De memoria: "Se levanta en la noche / la voz doliente de la baguala / y el camino lamenta / ser el culpable de la distancia".El payador perseguido murió bajo el signo de Géminis, en Francia en 1992.

Una vez, en un pueblito de Tucumán, cantó en un circo cuya atracción mayor era un chanchito amaestrado que atravesaba un aro de fuego. El aro, claro, era de alambre. Eso también me lo contó. Fue la única vez que sonrió a lo largo de toda la entrevista.

Cuando muera el último de nosotros, ¿quién lo visitará en el Cerro Colorado?