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No es prócer por genocida

La escuela fue la institución encargada de legitimar el discurso del “crisol de razas”, que desmarcó a pueblos originarios y afro del relato “nacional”, ubicándolos simplemente en el pasado, como piezas de museo.

18 de octubre de 2013 a las 02:00 p. m.
José María Bompadre y Pol Zayat*
No es prócer por genocida

Ante la nota aparecida en este diario el miércoles 9 de octubre, titulada "Se renueva la polémica por pedido de cambio de nombre a avenida Roca", el Instituto de Culturas Aborígenes quiere pronunciarse sobre algunas expresiones vertidas por personas de reconocimiento público, que aparecen como fuentes del artículo. La producción historiográfica del siglo pasado, en general, naturalizó en la ciudadanía la idea de desaparición de los pueblos indígenas, especialmente por la institucionalización de un discurso pedagógico basado en el determinismo de que la "civilización" extinguiría a las minorías étnicas calificadas de "salvajes" y "bárbaras", más que en comprender las lógicas de las políticas estatales sobre estos grupos.La escuela fue la institución encargada de legitimar el discurso del "crisol de razas", que desmarcó a pueblos originarios y afros del relato "nacional", ubicándolos simplemente en el pasado, como piezas de museo.Nuevos estudios histórico-antropológicos de investigadores de universidades públicas han revisado estos discursos oficiales y han aportado nuevas perspectivas de análisis para explicar el proceso de formación del Estado argentino como nación. Entre ellos, podemos nombrar a Diana Lenton, Walter del Río o Marcelo Musante.

Proyecto genocida

Durante el proceso de formación del Estado como nación (segunda mitad del siglo 19), los sectores oligárquicos asaltaron el poder a través de mecanismos fraudulentos, llevando adelante una política sistemática de usurpación de los territorios de los pueblos originarios de la Pampa, Patagonia y Chaco, a la vez que desarticularon las poblaciones de de indios existentes en varias provincias y, en particular, en Córdoba.

Terminadas dichas campañas, Julio Argentino Roca afirmaba: “La ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las dilatadas y fértiles llanuras de las pampas y que nos tenía como oprimidos en estrechos límites, imponiéndose vergonzosos y humillantes tributos, ha sido por fin destruida o replegada a sus primitivos lugares, allende las montañas... estas románticas Campañas del Desierto, es una lástima que concluyan, eran una admirable escuela para los jefes y oficiales del Ejército”.

Este proceso no sólo invisibilizó la resistencia de estos grupos, sino que, además, se diseñó un proyecto genocida, tendiente a hacer desaparecer a la población indígena en pos de fortalecer la metáfora nacional del “crisol de razas”.

En este sentido, entendemos que el Estado nacional diseñó una política genocida para con los pueblos indígenas, concepto que lo entendemos desde lo explicitado por la Convención de Naciones Unidas de 1948, que establece: “Se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”.

Revisión

Las precedentes afirmaciones sientan las bases para considerar una necesaria revisión de discursos hegemónicos que sostienen en el presente la no existencia y/o la desaparición de los pueblos originarios.

Importa, por sobre todo, a la hora de comprender los fundamentos, revisar las perspectivas teóricas, epistémicas y metodológicas que fundamentan estos discursos racistas y discriminadores, que garantizan políticas de demarcación étnica y territorial y no reconocimiento.

Nuestra petición se funda en el desafío de construir un Estado que garantice el reconocimiento y políticas de diversidad, en consonancia con lo enunciado en la Constitución Nacional y la Ley Nacional 24.071.

En lo que respecta a las palabras del concejal (UCR) Javier Bee Sellares acerca de que Roca es un expresidente argentino, “pese a que haya dirigido la Campaña al Desierto”, rechazamos la relativización de dicha frase, en tanto podemos citar a otros expresidentes que cometieron delitos de lesa humanidad, como es el caso de Jorge Rafael Videla (más allá de ser presidente electo o de facto, el genocidio y los delitos de lesa humanidad son punibles).

Dicha campaña se enmarca en un proceso expropiatorio de larga duración, donde a los pueblos indígenas se les sacaron sus territorios y se les prohibieron usar sus nombres propios y creer en sus propios dioses.

Detrás de muchas “prudencias, cuidados y objetividad”, como a las que nos exhorta el concejal Esteban Dómina, se esconden “picardías”. ¿A qué biblioteca adhiere él? A nosotros nos queda claro que adhiere a maquillar un genocida comprobado por la historiografía.

No será que también adhieren al punto final sin memoria con respecto al genocidio perpetrado con los indígenas en la colonia y en la época de conformación del Estado nacional argentino.Marcelo Valko dice, en su libro Pedagogía de la desmemoria , que "un genocidio es heredero de uno anterior".Queremos decir "nunca más" al atropello de los pueblos indígenas, en este caso, simbólicamente, diciendo "Roca no es prócer por genocida".

*Coordinadores y docentes del Instituto de Culturas Aborígenes