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Neurociencias, entre la realidad y la fábula

En la Argentina reciente, el discurso oficial en Educación, Ciencia y Tecnología ignora la soberanía intelectual y el desarrollo nacional.

10 de diciembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Roberto Rovasio*
Neurociencias, entre la realidad y la fábula
Facundo Manes. El neurólogo asesor del Gobierno nacional. (La Voz / Archivo).

Las neurociencias estudian la estructura, la química y las funciones del cerebro, en salud y enfermedad. Y avanzan sobre bases del comportamiento, la psicología, la memoria y el aprendizaje. También se sabe que desde las neurociencias se puede contribuir o se puede fabular. ¿Qué aportaron las neurociencias? Avances científicos impensables tiempo atrás. Sin embargo, al final del siglo 20, el proyecto millonario en dólares denominado Década del Cerebro sirvió para algunos trabajos trascendentes y muchos de total mediocridad. Sin alcanzar las expectativas, el fin de la década decepcionó al pretender que el conocimiento del cerebro "derramara" en beneficio de la sociedad global. Un efecto que todavía se espera.No obstante, se respondieron grandes interrogantes y se derribaron viejos mitos. Hoy se sabe que el cerebro no es invariable: muchas neuronas pueden multiplicarse luego del nacimiento y hasta edad avanzada, concepto asociado a células madre, plasticidad neuronal y redes neuronales.Con nuevas tecnologías no invasivas, se abolió el mito del uso del 10 por ciento del cerebro cuando se demostró que todo el cerebro funciona, aun durante el sueño. Y, como beneficio colateral, se dejó sin argumentos a los mercaderes de la onda paranormal y a las empresas que lucran productos para "incrementar el uso del cerebro".También se sabe que la inteligencia no se asocia al tamaño del cerebro ni al grosor de su corteza, sino al número de neuronas y a la precisión de sus conexiones, pues cada una de las 100 billones de células del cerebro humano puede contactar con otras 10 mil neuronas.También se descubrió que las neuronas "dialogan" mediante señales moleculares que regulan su crecimiento, diferenciación y hasta la muerte celular. Estos hallazgos en sistemas biológicos limitados permiten conocer cómo trabaja una neurona, aunque faltan años para saber cómo funciona el cerebro y regula sus atributos. Nunca mejor aplicado el ejemplo del iceberg, ya que el 90 por ciento permanece oculto.

Fábulas

Un emergente boom neurocientífico se está montando sobre conocimientos del cerebro, pero “estirando la frazada hasta destaparse los pies”.

Hoy, los neurocientíficos “pueden ver” cuándo, cuánto y cómo los estímulos externos llegan al cerebro. Y, asociados con publicistas, administradores de empresas y diseñadores multirrubros, inventaron el neuromarketing , estudio de señales asociadas al producto que inducen una reacción cerebral de compra compulsiva, sin que el individuo se entere.

Antes, la multitud era atraída por la penumbra del templo, el aroma del incienso y los cantos gregorianos. Hoy, el aroma del café, la música ambiental, los colores y el crujido del popcorn o el sonido de un espray no son simples emanaciones de la mercadería, sino resultados de estudios para una eficiente aplicación.

La actual neuromercadotecnia produce resultados que no tienen límites legales ni protocolos controlados. No obstante, la moda del neuroliderazgo, neuromanagement , neurocoaching y hasta... neuroteología o neurorreligión no es lo peor que puede esperarse de la empresa “neuro”.

El peligro de los sabios

En la Argentina reciente, el discurso oficial en Educación, Ciencia y Tecnología ignora la soberanía intelectual y el desarrollo nacional. Se dice que se llevaron puesto no sólo el presupuesto de Ciencia y Tecnología –de 0,80 al 0,56 por ciento del producto interno bruto (PIB) para 2017–, sino también importantes proyectos en avanzado desarrollo y esencialmente autónomos en varios rubros, como Arsat 3, Atucha 3, Anlap, Fadea, Conae, Cnea, entre otros.

La última perla: en 2017, el ingreso al Conicet será de unos 400 investigadores, menos de la mitad que en 2015 y lejos de los 900 necesarios para mantener el crecimiento de ciencia y tecnología (CyT) que el ministro Lino Barañao propuso, con lo que se bajó a un nivel anterior a 2004. ¿Se recuerda que el presidente Mauricio Macri prometió aumentar al 1,5 por ciento del PIB los fondos para CyT? ¿Será esto parte de la estrategia de “fuga de cerebros” que el mismo ministro auspició como necesaria en recientes declaraciones?

Hace días, Barañao amenazó con renunciar. Si está “haciendo bien los deberes”, ¿por qué cambiar? Esto ocurriría si las bases (docentes, investigadores, técnicos) se ponen “pesadas”, pero el cambio no sería para mejor. Para la renovación (o enroque), se estaría instalando mediáticamente a un “salvador” de la CyT.

Por ahora, el globo de ensayo está en Educación (luego vendría la CyT) y empezaría por la provincia de Corrientes. Y la estrategia: reemplazar en las escuelas el “método psicogenético” por las “neurociencias”. Así, en vez de seguir integrando las llamadas ciencias duras y blandas, se impulsaría otra vez su divorcio.

Algunos neurocientíficos se ubican en las gateras pretendiendo haber dado el salto desde el estudio de una molécula de una neurona en un frasco de cultivo hasta mejorar la calidad educativa, con lo que intentan dejar de lado, con dudosos métodos, toda influencia social en la formación de niños, adolescentes o adultos.

Los neurocientíficos serios tratan de conocer, prevenir y curar neuropatologías; otros son adoctrinados por empresas que saben que las decisiones se toman en un 90 por ciento desde lo subconsciente.

¿Será por eso que se establecieron convenios entre la cartera educativa y fundaciones privadas de neurociencias? Sin duda, quedará por analizar la trascendencia del boom neuronal, que no augura un avance positivo en la evolución del ser humano pensante ni en nuestra educación, ciencia y tecnología vernáculas.

* Profesor emérito (UNC)