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En el mundo de la incomprensión

En las dificultades y en la negación para ver lo que hay en el fondo de los ojos de los otros está gran parte del desencuentro humano, de la tragedia de la especie e, incluso, de la desventura de muchas sociedades. Alejandor Mareco.

16 de septiembre de 2012 a las 12:01 a. m.
En el mundo de la incomprensión

Somos extraños, aun frente al espejo. Lo que creemos saber de nosotros es lo que creemos saber del mundo, de la naturaleza de los hombres. Y estamos tan impregnados de cultura y de tiempo, que nuestra naturaleza apenas si sobrevive en pulsiones; que del mundo y de los hombres sólo tenemos retratos parciales, fragmentados, cuando no sucumbimos en la incomprensión casi total. La humanidad está compuesta de unos y otros. Y acaso nada resulte más difícil que conocer al otro, hasta cuando se trata del otro cercano que pasa todos los días por las mismas veredas y bajo el mismo cielo. El abismo es todavía mayor cuando caben diversos modos de distancia, a pesar de la globalización y su intento hegemónico. La difusión a través de Internet de un video en el que se presenta a Mahoma como mujeriego, homosexual, pedófilo y violento generó una ola de indignación y rabia en el mundo musulmán, que alcanzó el viernes último su mayor virulencia. Alrededor de una docena de personas ha muerto en estos episodios con multitudes enardecidas que apuntan su ira contra embajadas de Estados Unidos (el embajador norteamericano en Libia fue uno de los muertos). El video, realizado en Estados Unidos, fue subido a la Red el día en que se cumplía otro aniversario del ataque contra las Torres Gemelas. Su contenido fue duramente criticado por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y por la canciller Hillary Clinton, a la vez que enviaban tropas a Medio Oriente para proteger a sus funcionarios. Aunque hay quienes enarbolan teorías conspirativas (se señala, incluso, que el video es una maniobra de Al Qaeda para despertar la indignación de los musulmanes), en apariencia el gesto parece pequeño para provocar tamaña reacción. Si un hombre es un pueblo, como decía Miguel de Unamuno, también es una cultura. Y en esto puede rastrearse la ofensa que sienten millones de musulmanes que asumen el video como otro ataque occidental a sus valores (acaso cueste entender, además, las distintas maneras de asumir la religión: para los musulmanes no sólo es una cuestión íntima, sino un instrumento que proporciona normas en la vida cotidiana de sus sociedades). Algo similar ocurrió hace seis años cuando un diario de Dinamarca publicó caricaturas de Mahoma. Aquellas caricaturas y este video, no hicieron más que poner en escena el estado de tensión que existe entre dos culturas, dos concepciones del mundo. Tensión que por el lado occidental viene alimentada por las viejas depredaciones europeas y por las actuales que lleva adelante sobre todo Estados Unidos, a partir de su sed de petróleo y en nombre del combate contra el terrorismo islámico, que le ha servido en bandeja el discurso para poder arrasar. De hecho, ese terrorismo ha conseguido no sólo poner a Occidente en estado de paranoia, sino que también lo ha llevado a desplegar sus instintos más agresivos. El rencor islámico, azuzado por los sectores más intransigentes, también enceguece la mirada hacia el otro occidental. Y así no hay manera de ver matices ni una tolerancia posible. No sólo nuestros valores colectivos, sino también la manera de amar, las razones de los sentimientos, del dolor e incluso las sensaciones frente a la muerte están impregnadas de cultura y de tiempo. Además del egoísmo, en las dificultades y en la negación para ver lo que hay en el fondo de los ojos de los otros está gran parte del desencuentro humano, de la tragedia de la especie e, incluso, de la desventura de muchas sociedades.