Vuelta a clases. Gestionar la movilidad urbana desde la perspectiva del cuidado

Basta observar cualquier ingreso escolar a las 7.30: autos en doble fila; madres y padres apurados; colectivos demorados; niños que cruzan entre vehículos. Allí se juega buena parte de la calidad urbana cotidiana. La vuelta a clases no debería ser sinónimo de caos. Puede ser la oportunidad para empezar a ordenar la movilidad desde el cuidado.

04 de marzo de 2026 a las 12:01 a. m.
Micaela Favaro Leuci* y María Sol Petrocelli**
Gestionar la movilidad urbana desde la perspectiva del cuidado
Niños y adultos caminando hacia el colegio. (José Gabriel Hernández / La Voz / Archivo)

Un nuevo año lectivo está por comenzar, y en las agendas del hogar ya se presiente el cambio. La coordinación se vuelve elemental para poder cumplir con las diversas necesidades y múltiples actividades que la vuelta a clases demanda: entrada y salida a los centros educativos, visitas médicas, compra de útiles y uniformes, actividades extraescolares, reencuentros sociales y períodos de adaptación, son sólo algunos ejemplos. Podríamos decir que la temporada de llevar y traer ya está entre nosotros.

Estos desplazamientos vinculados con responsabilidades familiares se encuadran dentro de lo que la literatura especializada denomina “viajes por motivo de cuidado” y representan una proporción significativa de la movilidad urbana.

Según encuestas de origen-destino realizadas en distintas ciudades, pueden alcanzar hasta el 40% del total de los desplazamientos diarios, como ocurre en el caso de Madrid, España.

Cuidados y cuidadores

En Córdoba, los viajes vinculados al acompañamiento y al cuidado –como llevar niños a la escuela, asistir a personas mayores o acceder a servicios de salud– aparecieron como un componente central de la movilidad cotidiana en la encuesta Origen-Destino 2022 de Córdoba y el área metropolitana: alrededor del 11% del total de los viajes relevados corresponden a este tipo de desplazamientos, mayoritariamente asumidos por mujeres y tradicionalmente subrepresentados en los diagnósticos de transporte.

Basta observar cualquier ingreso escolar a las 7.30: autos en doble fila; madres y padres apurados; colectivos demorados; niños que cruzan entre vehículos. Allí se juega buena parte de la calidad urbana cotidiana.

Los viajes de cuidado vinculados a las infancias son los más relevantes. Es por eso que las ciudades y las organizaciones que apuntan al desarrollo sostenible prestan especial atención al cuidado de la infancia y sus cuidadores, a través de programas y acciones específicas.

Unicef afirma que la experiencia de la infancia es cada vez más urbana. Más de la mitad de la población mundial –incluidos más de 1.000 millones de niños y niñas– vive en urbes. Por lo cual es necesario entender la movilidad como el puente hacia las oportunidades que ofrece la ciudad.

En este punto, el Institute for Transportation and Development Policy establece que los principales aspectos que se deben tener en cuenta para el desarrollo de la infancia están relacionados con garantizar el acceso a una mejor calidad del aire, a la vida en contacto con la naturaleza, a servicios y a espacios saludables.

En la misma línea, estiman que el retorno por cada dólar invertido en programas que mejoren la calidad de vida de la infancia es de U$S 6,4 a U$S 17,6. Esto implica beneficios de por vida para ellos y la sociedad, logros educativos, resultados positivos en la salud y un mayor potencial de ganancias económicas.

Interrogantes fundamentales

¿Están las ciudades preparadas para satisfacer las necesidades de la primera infancia y sus cuidadores, ofreciendo experiencias de viaje amigables? ¿Cómo son las veredas para que las infancias en cochecito y un cuidador puedan transitar? ¿Cómo es viajar en transporte público para una mamá embarazada?

Estos son algunos de los interrogantes que invitan a tomar conciencia. El abanico de temas que se vinculan a la movilidad van más allá de mejorar la frecuencia del transporte público o agilizar el tránsito vehicular.

El valor de entender, planificar y gestionar la movilidad en diálogo con los diversos actores es la clave para alcanzar ciudades más inclusivas y sostenibles.

Con el universo expuesto, una estrategia de movilidad que valide las tareas de cuidado se consolida como una herramienta poderosa y necesaria para la vida en comunidad. Es el fomento hacia una ciudad competitiva, donde las brechas se reducen y el acceso a las oportunidades y a las amenidades se manifiesta.

En general, se asocia el desarrollo urbano sostenible con nuevas obras de infraestructura, colectivos eléctricos o aplicaciones tecnológicas. Sin embargo, si estas acciones no forman parte de una estrategia integral que incorpore la perspectiva del cuidado, su impacto se diluye.

Cuando la estrategia de estas acciones no tiene una visión de sostenibilidad que vincule y potencie, la fuerza y la validación de las iniciativas suelen diluirse y pierden la posibilidad de transformar realmente la calidad de vida urbana, asumiendo el riesgo de sólo ser hechos aislados.

Una oportunidad

El nuevo paradigma de la movilidad urbana sostenible emerge como tal cuando la movilidad en la ciudad es entendida, gestionada, implementada y seguida como un sistema de relaciones dentro del territorio. Es decir, cuando el diálogo se hace presente con un objetivo común claro entre los diferentes actores. Con inversión en infraestructura, vehículos y planes estratégicos, en general de la mano de políticas públicas estatales y con compromiso ciudadano, entendiendo a este último desde lo sectorial, con políticas específicas de organizaciones que generan desplazamientos –empresas, centros educativos, etcétera– y desde lo individual.

Esto implica traducir la mirada sistémica en acciones concretas: planificar horarios escalonados; mejorar los entornos escolares; priorizar veredas seguras; articular el transporte público con los establecimientos educativos, y promover formas de movilidad activa y acompañada.

La vuelta a clases no debería ser sinónimo de caos. Puede ser la oportunidad para empezar a ordenar la movilidad desde el cuidado.

Las instituciones educativas son grandes generadoras de viajes y tienen la oportunidad de liderar este debate junto con los gobiernos y otras organizaciones sociales y privadas. Incorporar la perspectiva del cuidado en la planificación de la movilidad no es un detalle: es una condición para construir ciudades más inclusivas y sostenibles.

*Magíster en Economía Urbana

**Abogada, especialista en Políticas Públicas