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Modos conocidos para un regreso misterioso

La ausencia de la Presidenta ha generado un vacío en las cúpulas del poder. Varios secretarios y hasta algunos ministros han mostrado en ámbitos privados su desconcierto.

10 de noviembre de 2013 a las 01:41 p. m.
Modos conocidos para un regreso misterioso

De algo hay que estar seguros: el retorno de la presidenta Cristina Fernández al ejercicio de sus funciones no será improvisado ni sus gestos públicos serán producto de la espontaneidad. La convalecencia durante un mes, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometida, ha sido un tiempo suficiente para que el equipo de especialistas que trabaja su imagen diseñe un retorno pautado y en línea con su conveniencia política.

Habrá momentos de alta emotividad, en los que se mostrará como un ser humano vulnerable, y también manifestaciones de coraje para exaltar que, pese a todos los infortunios, ella está allí para luchar y así cumplir los sueños de su pueblo. De tan repetidos, los manuales a los que el kirchnerismo viene respondiendo en los últimos 10 años ya son previsibles.

De todos modos, esta vez son muchos los factores que, por fuera del territorio emocional, contribuyen a un aumento de las expectativas: en lo político, saber cómo se procesó la derrota electoral de hace sólo dos semanas y de qué manera Cristina conducirá el tránsito hacia el recambio presidencial de 2015. En paralelo, conocer qué hará el Gobierno con la economía, la inseguridad, el narcotráfico y otros temas centrales cuyos problemas se agudizan día 
a día.

Pocos saben

La ausencia de la Presidenta ha generado un ostensible vacío en las cúpulas del poder. Varios secretarios de Estado y hasta algunos ministros han mostrado en ámbitos privados su desconcierto por la falta de información sobre la salud y los planes de Cristina.

Los mecanismos de comunicación interna en el Gobierno no están funcionando de modo correcto por dos razones: el titular de Legal y Técnica, Carlos Zannini, uno de los hombres con acceso a la intimidad presidencial, ha acentuado su habitual parquedad y es poco lo que les cuenta a sus colegas.

La otra razón es la distancia que tomaron muchos funcionarios, que ya casi no dialogan entre sí, a no ser por una estricta necesidad. Esta es la muestra más acabada del calentamiento de las internas políticas como consecuencia de la derrota electoral y el comienzo de la transición hacia un nuevo gobierno.

Todos buscan tinglados alternativos para guarecerse del temporal en ciernes. “Yo soy peronista, no kirchnerista”, es una de las expresiones más oídas en la Casa Rosada, y un signo de los tiempos que corren.

En los niveles inferiores de la pirámide, terceras líneas de dirigentes y militantes, la adhesión al “modelo” continúa, pero el fervor ya no es el mismo. A eso ha contribuido, entre otras cosas, el camino que comenzó a recorrer lo que venía siendo una bandera de la épica kirchnerista: la ley de medios. Declarada constitucional por la Corte Suprema de Justicia, la norma entró ahora en el engorroso terreno de la aplicación práctica, y allí las especificaciones técnicas prevalecen sobre el voluntarismo político.

Si Cristina prefiere continuar con lo que es la pelea-símbolo de su gobierno, la ley y la propia sociedad le marcarán límites de tolerancia. Y si no quiere mantener encendida la llama del conflicto –que ella alimentó como si fuese una acción revolucionaria–, todo se resolverá de manera casi burocrática, lejos de las consignas que prometían destruir un imperio. Ambas opciones no son las mejores para mantener en alto el espíritu de la tropa.

Hay alertas

Mientras las dirigencias del oficialismo y la oposición se plantean escenarios de disputas políticas que miran a 2015, los economistas más serios del país alertan sobre la necesidad de adoptar medidas urgentes para corregir las distorsiones. El crecimiento constante de la inflación, el fracaso del congelamiento de precios, el cepo cambiario, la pérdida de competitividad de las economías regionales, el achicamiento sin pausa del nivel de reservas del Banco Central y todo lo que se deriva de este conjunto de factores negativos ya representa más que una luz de alarma.

Si, como algunas versiones lo consignaron en estos días, la Presidenta vuelve dispuesta a introducir cambios en el área económica y a modificar algunos criterios que no han obtenido los resultados que se buscaban, podría iniciarse una etapa diferente, que recoja en parte el mensaje de las urnas. Pero son pocos los funcionarios que imaginan ese nuevo rumbo.

En lo político, en cambio, todos sueñan con escenarios favorables. Lo que suceda dentro del Partido Justicialista– donde muchos se anotan como precandidatos– y los efectos de la bomba de fragmentación del peronismo que significó el triunfo de Sergio Massa son las claves de un futuro que nada tiene escrito.