Política nacional. Milei ya piensa en su reelección
Miembros prominentes del Gobierno se han atrevido a pronosticar un fácil triunfo electoral para la elección presidencial del año que viene. Sienten que cuentan con un amplio apoyo electoral y, sobre todo, computan como un gran activo el rechazo popular hacia el kirchnerismo.
En política y en economía, saber hacia dónde hay que ir resulta decisivo. Por su simpleza, bien podría ser esta una afirmación atribuible a don Pedro Grullo (o Perogrullo), el incierto personaje literario cuya especialidad consistía en proclamar obviedades con tono de verdad revelada.
Pero, a la vez, determinar con claridad un rumbo es apenas poco más que nada: lo verdaderamente importante es saber cómo se va a llegar al puerto que se propone; cuáles son los pasos; cuáles los meandros y obstáculos que se encontrarán; cuáles las rebeldías y adhesiones que pueden esperarse; cómo sortear los problemas, y cómo aprovechar el viento de popa. Enunciar y actuar es la distancia entre teoría y práctica, entre el prejuicio y la dura realidad.
El poder legítimo no releva a los gobernantes de dar explicaciones e intentar consensos. Si la política es considerada un arte, no es porque consista en la mera enunciación teórica de las intenciones. Lo es porque quien gobierna debe demostrar habilidades que le permitan percibir con claridad una realidad esquiva y resbaladiza en todas sus dimensiones, incluidos sus pasadizos secretos.
Reelección en marcha
Miembros prominentes del Gobierno se han atrevido a pronosticar un fácil triunfo electoral para la elección presidencial del año que viene. Sienten que cuentan con un amplio apoyo electoral y, sobre todo, computan como un gran activo el rechazo popular hacia el kirchnerismo.
Las adhesiones políticas son asaz resbaladizas. El humor popular varía rápidamente. La razón pura es apenas una parte de los componentes del sistema decisorio de los votantes.
En ese sentido, y sobre todo en la Argentina, siempre resulta temerario hacer pronósticos sobre quiebres o continuidades políticas. El “no vuelven más” no es más que una tontería, sea de izquierda o de derecha el grupo político al cual se refiera.
En este país, al menos hasta ahora, el eterno retorno es la norma y puede computarse como algo completamente inusual y altamente valorable el respaldo que ha recibido el Presidente en los comicios de medio término, si tenemos en cuenta que la situación económica de los votantes había desmejorado en términos generales.
“La micro”
En los meses recientes, ha continuado recrudeciendo el malestar social. Los logros macroeconómicos que tanto entusiasman al Gobierno no se corresponden con beneficios palpables en la economía cotidiana, la que afecta a los millones de argentinos ajenos a la minería, el petróleo y la producción agropecuaria.
Por distintas vías, el Gobierno ha comenzado a hablar de reelección. Apuestan a que los próximos meses serán gloriosos en materia económica. Los números publicados inyectan optimismo, aunque adolecen de esa focalización que señalamos: sólo llega a algunos sectores capital intensivo.
La gran incógnita con vista a los comicios, que todavía están muy lejos, es si el deterioro de lo que, en un esfuerzo de asepsia, los economistas llaman “la micro” –es decir la situación de la economía cotidiana, de los ingresos, empleo y esperanzas del grueso de las familias– torcerá el voto masivo hacia opciones que despierten, de manera justificada o no, cierta esperanza de mejora económica general.
Sustentabilidad
En estos meses que vendrán, también se pondrá a prueba la sostenibilidad de los ajustes realizados, en lo económico y en lo político, aunque ambos planos se entrecruzan.
En enero de 2014, y teniendo en cuenta los comicios del año siguiente, el gobierno de Cristina Kirchner dispuso una devaluación importante, pues estimaba que, en caso de postergarse, tendría un mayor efecto pernicioso sobre el voto popular.
El gobierno de Milei, en cambio, vive el retraso cambiario como uno de los logros más importantes de la gestión económica. No considera que en este punto, al manipular el tipo de cambio, esté violando un principio elemental del liberalismo económico. Descarta también que allí se estén acumulando presiones que en el futuro puedan estallar.
Detrás del atraso cambiario está la convicción oficial de que el tipo de cambio está lejos de reflejar el valor real; es decir, el que tendría en un sistema de flotación libre, sin interferencia estatal. Piensa también que lo peor que podría pasarle es que su liberación tenga un impacto inflacionario, lo que echaría por tierra la viga maestra de su propuesta económica.
El Gobierno busca asombrar –sobre todo, fronteras afuera– con reducciones impositivas que se asientan sobre gastos imprescindibles pero postergados o suprimidos drásticamente, con gran costo futuro: deterioro de la red vial, reducción de ingresos a los jubilados, en términos reales, postergaciones insólitas a discapacitados.
Los periodistas, otra vez
Estos equilibrios precarios, sumados a las desmesuras y extravagancias del Presidente, han hecho pensar a Mauricio Macri que quizá la principal crítica que recibía –su extrema prudencia– pueda ser ahora nuevamente valorada como una necesaria cuota de racionalidad y mesura.
Por eso está tomando distancia del Gobierno. Y más se aleja cuando ve al Presidente sumamente desencajado insultando con lenguaje soez a los periodistas que no comparten sus puntos de vista. ¡Curioso liberalismo este, que no tolera las opiniones adversas y que sólo admite a los complacientes!
Analista político

