Política y economía. A Milei lo enojan los números adversos
El Gobierno carece de sólidos vínculos con la realidad cotidiana. Parece abocado a los altos equilibrios financieros. El comercio minorista, la oferta laboral, el consumo popular, el costo del crédito no forman parte de sus preocupaciones.
El Gobierno va enfrentando complicaciones en todos los frentes importantes. Los números se le están rebelando. Y también van revelando inconsistencias, dudas y debilidades.
La contradicción mayor quizá sea que pese aL furioso ajuste emprendido, con una motosierra activa y filosa, la inflación no ha cedido lo esperable. ¿Falla la teoría o es sólo cuestión de tiempo?
El Gobierno pide paciencia a los argentinos pero sale al exterior –su actividad predilecta– y se muestra eufórico con los resultados. Además de cantar y bailar, anuncia que en su país el consumo está en máximos históricos.
Es preferible pensar que el Presidente sabe que no es así pero que prefiere tomar distancia de la verdad para fortalecer su figura como faro mundial de las ideas de la libertad económica. Y esto es algo que le gusta mucho más que la pesada, gris e ingrata tarea de gobernar.
Allá recibe distinciones, cucardas y honoris causa que alimentan su ego y le hacen creer que eso demuestra que todo va excelente en su país.
Política y economía
Muchos argentinos consideran que constituye una ventaja tener un presidente economista. Siendo que nuestros principales problemas son económicos, entonces es razonable pensar que un mandatario con conocimientos en esa área nos acercará a las soluciones que otros presidentes, provenientes del mundo de la mera política, no logran alcanzar porque son apenas abogados o ingenieros.
Aun aceptando la importancia de lo económico en el panorama total de las dificultades argentinas, analizar el país a través de la pura economía es como observarlo a través del ojo de una cerradura. La visión es fragmentaria, parcial y necesariamente estrecha.
Si en economía puede permitirse la imagen de la motosierra como un símbolo de impiadosa energía transformadora, en política más bien hay que pensar en un bisturí, en cortes sutiles, en habilidad y precisión quirúrgicas.
A quien ama la rudeza de la motosierra no le será fácil ejercer la delicadeza que demanda un bisturí. Si conducir los hilos de un país puede compararse con dirigir una orquesta filarmónica, eso nunca será tarea fácil para quien está acostumbrado a batir un bombo, con su escasez de matices y posibilidades.
Gobernar no sólo consiste en posicionarse ideológicamente ante el mundo, proclamarse partidario de tal o cual corriente de pensamiento y salir de gira a dar conferencias y a gritar a los cuatro vientos que no hay nada mejor que la libertad.
La macro y la micro
Algunos dicen que “la macro está bien pero falla la micro”. En cierto modo, es una versión más técnica de la vieja frase del célebre periodista Bernardo Neustadt “estamos mal pero vamos bien”.
Lo cierto es que hay sectores que gozan de un presente muy bueno, tales como el agro, el petróleo y la minería mientras la industria, el comercio y la construcción muestran retrocesos palpables, que afectan a millones de personas.
El humor social está cambiando. Se percibe en la calle y lo reflejan algunas encuestas. La paciencia en la espera de resultados concretos se está agotando.
Tal vez sea hora de comenzar a pensar que quizá las transformaciones que todos deseamos (estabilidad, crecimiento, mejora de los ingresos) demanden un proceso de varios años, al menos de una década. Pero sucede que los votantes requieren cambios sustanciales en un par de años.
Y aunque esto resulte materialmente imposible, aparecen candidatos que se enganchan y prometen obtener resultados casi instantáneos.
Los políticos dicen aquello que los votantes quieren escuchar. Y después no pueden cumplir por razones casi tan estrictas como las leyes de la física. Entonces los votantes se enojan y comienzan a mirar hacia otro candidato que les ofrece, invariablemente, beneficios en el día. Y así.
Entonces llega la hora de la política. Como decía el expresidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, “gobernar es explicar”. Tratar de hacer comprender por qué los resultados no llegan enseguida, por qué hay avances y luego retrocesos. Pero, claro: en algún momento debe conquistarse algún territorio, cumplir alguna meta aunque sea parcial, vislumbrar algún beneficio a tanto sacrificio.
Intolerancia hacia el que piensa distinto
Pero el Gobierno carece de sólidos vínculos con la realidad cotidiana. Parece abocado a los altos equilibrios financieros. El comercio minorista, la oferta laboral, el consumo popular, el costo del crédito no forman parte de sus preocupaciones. Y no escucha advertencias en ese sentido.
Si el Gobierno suprime impuestos a los autos de lujo y reduce las retenciones al campo es una muestra de que considera que ha cumplido con su objetivo fiscal y puede permitirse aflojar con algunos impuestos. Está bien. Pero luego no puede atrasarse con los pagos a los prestadores del Pami, quitarles la gratuidad a los medicamentos de los jubilados y mezquinar subsidios a los discapacitados. Algo no está haciendo bien en lo económico y algo está haciendo pésimo en lo político.
Y como las cosas no van bien, el Presidente incurre en un clásico de los tiempos de malas noticias: el feroz ataque a la prensa. Pero más que de los periodistas, el Gobierno abomina de cualquier opinión crítica o que simplemente no coincida con la suya.
Esa actitud es muy lejana al liberalismo, reino de la tolerancia y la diversidad, donde uno siempre debe tener espacio para pensar diferente y criticar en el tono que considere oportuno.
El insulto, en cambio, nunca es muestra de una convicción sólida y madura sino más bien de inseguridad adolescente.
Analista político

