"Medio término" y después
La derrota de Obama plantea interrogantes no sólo para el futuro inmediato de la política estadounidense, sino también para la economía mundial. Argentina no estará exenta de lo que suceda.
Luego de la severa derrota que sufrió el Partido Demócrata en las elecciones de mid term (medio término), Barack Obama concurrirá a la próxima reunión del Grupo de los 20 (G-20) países más desarrollados con su poder de presión deteriorado. El presidente de Estados Unidos dilapidó gran parte del caudal de simpatía y esperanzas que acumuló con una campaña proselitista atípica (uso intensivo de Internet y recolección en la Red de aportes para ella). El programa de Obama, constelado de promesas que implicarían un giro copernicano a la nefasta política republicana de George W. Bush –plagada de mentiras, incapacidades, escándalos de corrupción, irritantes beneficios para los sectores más ricos de la sociedad y guerras de agresión perpetradas con graves delitos de lesa humanidad, mientras se extendían y profundizaban el desempleo y la miseria–, le garantizó su ingreso en la Casa Blanca. Pero una cosa son las promesas desde el llano y otra la posibilidad de realizarlas desde la cima del poder. Perdió rápidamente la fe de su electorado y ahora el control de la Cámara de Representantes y retuvo, aunque bastante disminuido, el del Senado, donde ha quedado obligado a negociar leyes progresistas.La resistida reforma sanitaria, el desempleo que no se reduce, el imposible cumplimiento del cierre de la inhumana cárcel de Guantánamo y el retiro de las ruinosas venturas de Irak y Afganistán fueron elevadas facturas políticas que le presentó su electorado y no pudo pagar. Y terminó pagando en las urnas, naturalmente. El avance conservador se está dando en varios países, en particular en Europa y sobre todo en Gran Bretaña, las naciones escandinavas –otrora bastiones del genuino progresismo– y en buena parte de las ex colonias del derrumbado imperio soviético. Existe la posibilidad de que en la próxima reunión del G-20, convocada para dentro de una semana en Seúl, Corea del Sur, Estados Unidos no esté en condiciones de provocar una "guerra de monedas". Las presiones de Obama sobre China para que revalúe seguirán estrellándose contra la oposición de Beijing, ahora fortalecida tras el traspié del mandatario norteamericano. El problema que se plantea es que se está tornando cada vez más fuerte la tendencia de otros países industrializados y emergentes de seguir el ejemplo chino y devaluar sus signos monetarios para mejorar su capacidad de competencia. Brasil está tentado de sumarse a este lote. De ahí a una "guerra de monedas" y el subsiguiente desorden del comercio mundial, no recuperado aún de la catástrofe que produjo el estallido de la burbuja inmobiliaria, hay un paso.Cualquiera sea el escenario que surja dentro de una semana, las esquirlas de esa guerra real o presunta podrían afectar al comercio internacional de la Argentina, concentrado en la venta de granos a Asia y de autos a Brasil.

