Gravámenes. Los impuestos siguen siendo una carga pesada
La irrupción de bienes y servicios importados es una realidad cotidiana, que pone en la agenda económica la necesidad de aliviar la carga en impuestos que soportan familias y empresas en Argentina.
Los productos del exterior, que ganan cada vez más espacio en las góndolas de los supermercados y en los comercios, se ofrecen con una diferencia notable en relación con los precios de los bienes locales.
La caída en las ventas del comercio tradicional desde hace casi tres años está vinculada con la pérdida de ingresos reales de trabajadores y jubilados, pero también con las compras electrónicas.
Estas se dirigen hacia ofertas que provienen sobre todo de las grandes cadenas chinas de abastecimiento.
Al mismo tiempo, las fábricas advierten que los costos internos provocan que lo que se ofrece localmente cueste el triple que los bienes importados.
La flamante presidenta de la Cámara de Industriales Metalúrgicos y Componentes de Córdoba (Cimcc), Alejandra Cesolari, sostuvo que “un producto local cuesta entre 14 y 15 dólares, pero llega desde Asia a cinco dólares”.
Una de las principales razones que marca esa diferencia está en la carga tributaria.
El informe de una consultora especializada en temas fiscales detectó que en algunas ciudades hay que abonar 80 impuestos en los tres niveles del Estado: nacional, provincial y municipal.
La administración de Javier Milei avanzó en la eliminación del Impuesto Pais, que se cobraba por la compra de divisas, y en la reducción de las alícuotas de los derechos de exportación, llamados comúnmente “retenciones” a las ventas externas.
Hubo, además, la eliminación de otros tributos internos, que impactaban en la modernización laboral, la contratación de seguros y la compra de objetos suntuarios, pero con un peso marginal en la recaudación.
Por contrapartida, el Gobierno acentuó la carga sobre el Impuesto a las Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia e incrementó el Impuesto a los Combustibles, que tiene un efecto cascada sobre la actividad.
Además, las empresas soportan el peso de las contribuciones patronales, que se ubican entre las más altas del mundo, en un contexto de alta competitividad global.
La estabilidad de precios en torno del 2% al 3% mensual –que es una contracara a la alta inflación de las gestiones anteriores– y el tipo de cambio sin mayores variantes exigen mejorar los costos internos para ser competitivos.
En esa tarea deberían involucrarse los gobiernos de los distintos estamentos, pese a que las apetencias electorales para 2027 ya se activaron.
La industria y el comercio local afrontarán, por esa demora en la resolución de la carga impositiva, 18 meses desafiantes hasta la próxima asunción presidencial.
El impacto en la actividad interna y en los puestos de trabajo puede ser elevado si no se trabaja en la resolución de los costos que provienen de los impuestos nacionales y provinciales, en especial por el cobro de Ingresos Brutos, entre otros gravámenes.
La carga impositiva no puede estar sujeta a especulaciones electorales, sino que requiere de correcciones urgentes.

