Entrevista. Maximiliano Ferraro: La política no es vender un producto en el mercado
Empezó en la militancia política cuando estaba en el colegio secundario y desde entonces no la ha abandonado. Le gusta leer ensayos, filosofía y literatura. En su foto de WhatsApp hay una imagen de David Bowie.
–Vas a cumplir 50 años a fines de 2025, pero hace unos 20 años que estás en las primeras líneas de la política. En 2005, eras jefe de asesores de la diputada Elisa Carrió, hace rato que sos diputado y presidente del partido. ¿Cuándo arrancaste y cómo llegaste hasta acá?
–Arranqué muy chico, en el movimiento estudiantil secundario, en los años 1990. Tuve un paso por la juventud del radicalismo, partido del que me fui a principios de 2001 junto con Lilita Carrió, a quien traté y conocí en profundidad a partir de 1999-2000, pero a quien valoraba y reconocía desde su aparición en la Convención Constituyente de 1994.
–¿Qué es hacer política?
–Hacer política tiene que ver con poder dar testimonio defendiendo valores, principios y propuestas a lo largo de toda tu vida; es animarte a y no dudar en liderar o fijar una posición por más que la pileta no esté del todo llena; es una vocación por lo público y un sentido del servicio público, que debemos honrar con una coherencia pétrea entre lo que decimos y lo que hacemos; es saber correrte de los márgenes de la ambigüedad y de la sumisión, y reconocer el carácter polifónico que tiene la democracia.
–Lo negativo de tu respuesta: si eso es hacer política, hoy casi nadie hace política, casi todos se limitan a ser ventrílocuos de lo que marcan las encuestas…
–La política no debe estar o quedar presa de las encuestas, los estudios de opinión pública y los consultores. Es importante la evidencia a la hora de definir una estrategia política electoral. Pero hay que tener cuidado con todo eso, lo mismo que con la construcción de discursos con mucha posverdad a la luz de lo que circula por las redes sociales, porque la política no es vender un producto en el mercado.
–El lado positivo de tu respuesta: hay un juego de palabras tuyo que sintetiza tu forma de hacer política, “las elecciones que me interesan no son solo las electorales”.
–Exactamente. Hay que tener muy claro el sentido de para qué estás en este servicio público. Tiene que ver también con el sentido de la vida, con defender principios y valores, con un tipo de diálogo y de conversación pública que reconozca al otro en tanto otro, semejante y diverso a la vez, de acuerdo con el principio de la alteridad definido por Lévinas…
–Emmanuel Lévinas (1906-1995), filósofo y escritor judío, sobreviviente de los campos de concentración del nazismo. ¿Sos un político lector, al mejor estilo Lilita Carrió o Raúl Alfonsín, o sos un político analfabeto, como tantos que no nombraremos y que nunca leen un libro?
–Más allá del rol político que hoy me toca, me gusta leer mucho, indagar, curiosear. No sólo leo ensayos, filosofía o ciencia política, sino también literatura, ficción. Por supuesto, fortalecí mis lecturas cuando fui asesor de Lilita. La lectura te sirve a la hora de argumentar y de contrargumentar, no solo cuando pensás un proyecto de ley, sino también cuando hacés una declaración pública o armás un documento institucional del partido. Hasta cuando viajo, llevo libros… Y un cuaderno y algunas de mis lapiceras (me gusta coleccionar lapiceras).
–Entonces, ¿qué acabás de leer, qué estás leyendo y qué libro me recomendás?
–Acabo de terminar Los ingenieros del caos, de Giuliano Da Empoli; estoy releyendo La dictadura de la minoría, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt; y te recomiendo Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez, y Las malas, de Camila Sosa Villada. Dejame agregar que me recomendaron que lea La llamada, de Leila Guerriero, y La generación ansiosa, de Jonathan Haidt.
–Hablemos de una elección personal tuya a favor de la cultura: hace 10 años que coordinás un espacio cultural en Ciudad Autónoma de Buenos Aires: La Jungla…
–Jungla Hábitat Cultural y Jungla Urbana son mis dos cables a tierra. Son dos proyectos que conversan no solo con la política, sino también con la cultura, con la diversidad, con lo territorial… Todo surgió a partir de un fuerte debate con un profundo intercambio de ideas, hace 10 años: decidimos no tener más un local partidario y en su lugar armamos un espacio que pudiera conversar y sostener otro tipo de relación con el barrio y con distintos actores de la ciudad, pertenezcan o no al ecosistema cultural. Lo hicimos y lo mantenemos bajo el sistema de la autogestión. Tenemos nuestra identidad con la Coalición Cívica, claro, pero es un espacio abierto a otros, coincidan o no con nosotros.
–¿Y qué balance hacés de estos 10 años?
–Estamos muy contentos de lo que logramos. Más allá de instalar una idea, una marca, generamos cosas importantes en términos culturales y de propuestas en otros temas. A mí me hace muy bien, me pone muy contento cuando tengo que pensar, organizar y cubrir las distintas actividades que hacemos en Jungla (talleres, charlas, muestras), muchas de ellas con la Coalición Cívica, y muchas otras con otras organizaciones no gubernamentales a las que les abrimos la puerta y con las que trabajamos: Ciclo Positivo, Creando Luz, Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos, por nombrar algunas.
–Hay otra elección, más personal todavía: tu foto de perfil de WhatsApp es una foto de un David Bowie, jovencísimo y muy bello, en blanco y negro. ¿Cómo llegó hasta ahí?
–Él es uno de mis gustos musicales, un gusto bastante ecléctico, aclaro, lo que se puede ver en mis dos listas de Spotify… podría nombrarte, para que te des una idea, a Madonna, Morrisey, Depeche Mode, Soda Stereo, The Smiths, Joaquín Sabina, algo de Los Redondos, Charly García… Pero, además, me gusta la fotografía, y esa en particular me gusta desde lo estético.
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Perfil de Maximiliano Ferraro
Maximiliano Ferraro nació en noviembre de 1975 en Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es presidente de la Coalición Cívica. Entre 2005 y 2007, fue jefe del gabinete de asesores de la diputada Elisa Carrió; de 2007 a 2011, fue subsecretario de Coordinación de la Legislatura porteña, y fue legislador porteño entre 2011 y 2019. Desde 2019 es diputado nacional.
Le gusta decir en su presentación que no tiene casa propia, que es inquilino (vive en San Telmo). Hace 10 años que coordina Jungla Hábitat Cultural, una asociación civil que se autodefine como “un espacio cultural abierto, heterogéneo, que impulsa la cultura en un sentido amplio y fomenta la creatividad, la experimentación, la diversidad y la libertad”.

