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Maestros en el desasosiego

Cuando uno se da cuenta de que ha vivido, los maestros se ponen a transitar la memoria. Es que somos como ciegos en este asunto de vivir, y hay maestros que siempre nos llevan de la mano, aunque atrone el apocalipsis. Alejandro Mareco.

12 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Maestros en el desasosiego

"Ni las derrotas ni las victorias son definitivas. Eso les da una esperanza a los derrotados, y debería darles una lección de humildad a los victoriosos". Eso nos decía el gran escritor portugués José Saramago, en aquellos días memorables el Congreso de la Lengua castellana que se realizó en Rosario, en 2004. La frase, lúcida como pocas, viene a cuento de que quien la pronunciaba era (es) un maestro de esos que había amasado una enorme sabiduría sobre el hombre y sus cosas, a lo largo de muchas décadas, y si bien supo hablar una y otra vez ante los grandes auditorios, en su palabra escrita, definitivamente, está grabado tanto de lo que aprendió de sí mismo como de los hombres, que al fin al cabo, si la mirada es igual de profunda, son la misma cosa: uno y los hombres, los hombres y uno. Recinto sagrado. Cada quien, en su particular derrotero de vida y su visión de la gente y del mundo que ha incorporado a sus sentidos existenciales, marcha por la calle con un manojo de maestros bajo el brazo (como se llevan los libros) o, mejor, dicho, en la mente y hasta, en el mejor de los casos, en el pecho, recinto sagrado de la lucidez. Y si uno se atreve a decir que el pecho también es recinto sagrado de la lucidez es porque ha visto varias veces como algunas o tantas ideas contrastaban con la realidad de un momento, pero al final de lo que pudiese acaso ser planteado como una devastación ideológica, siempre hay algo que queda en pie.Por ejemplo, el sentido de justicia: hay gente a la que se le pueden volar las hojas que parecían sostenerlo todo, pero que al final, consumado el despojo argumental que puede plantear la circunstancia de un momento, el sentimiento queda de todos modos de pie porque tiene una raíz humana esencial: siempre habrá quienes busquen la justicia, sea como sea el mundo. Y en el tiempo que sea.Cuando uno se da cuenta de que ha vivido, los maestros se ponen a transitar la memoria. Las chispas del futuro. Hay maestros de la escuela como aquella Rosita Brandoli, de primer grado, que nos estremecía de un beso para felicitarnos por un dibujo y darnos la primera gran dosis de amor propio fuera de casa. O de Oscar Giosa, que mientras se cocía la arcilla a la que le habíamos dado forma, hablábamos de historia vieja mirando al fuego y todas las chispas parecían de futuro. Hay tantos maestros que contar en el camino de uno: acaso Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, Jauretche, Piazzolla, Manuel J. Castilla, Yupanqui, Nebbia Troilo, el Cuchi, Spinetta, Abelardo Ramos, Arlt, Saramago, Abelardo Castillo, Dostoievsky, James Joyce, Vargas Llosa, Kundera...Es que somos como ciegos en este asunto de vivir, y hay maestros que siempre nos llevan de la mano, aunque atrone el apocalipsis.