Los avances de la medicina predictiva
La decodificación del genoma humano, una década atrás, abrió un nuevo tiempo en la medicina y en otras ciencias. Salvador Treber.
Se cumplió en fecha reciente una década desde que el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, anunciara al mundo que un equipo liderado por científicos locales e ingleses más colaboradores de otros siete países, financiado por el sector público de esas naciones, había concluido con éxito la decodificación completa del genoma humano.
La meta se alcanzó con un año de anticipación al tiempo originalmente estimado indispensable; se aventajó así al conjunto de investigadores que trabajaban por cuenta de laboratorios particulares.
Es obvio que era mucho más que una simple puja entre expertos, pues no sólo se buscaba lograr para sí los laureles de la gloria sino que lo que estaba en juego, en el caso de los privados, era definir de quiénes serían los valiosos derechos de autor para comercializar ese hallazgo en todo el mundo.
En el lapso que duró la competencia, hubo trabas e intrigas de todo tipo y hasta actitudes desleales como la defección de uno de los especialistas que dirigía a los primeros, el cual pasó a integrar con igual cargo el proyecto paralelo.
Felizmente, los que fueron fieles al compromiso inicial y mantuvieron incólume su honestidad científica, sin perseguir ningún lucro personal, llegaron antes a buen puerto.
Al principio se creyó, con cierta dosis de ingenuidad, que los avances futuros continuarían siendo de libre utilización, pero el señuelo económico es demasiado grande para que los intereses, que dan prioridad al "negocio", resignen esa instancia.
En forma gratuita, fueron incorporándose los ajustes y perfeccionamientos que aquellos siguieron realizando hasta completar la versión final, a mediados de 2003. El otro grupo siguió en la brecha y su director, Craig Venter, quien había cambiado de bando, consiguió crear una célula en laboratorio. La carrera, por lo visto, no terminó y recrudeció en intensidad, sumando nuevos objetivos a partir de los ya obtenidos.
Todos esperaban otros rápidos avances y, en consecuencia, una "lluvia" de sucesivos anuncios referidos al advenimiento de una etapa creativa y más cautivante de las ciencias médicas. Pese a ello, contra todos los pronósticos, esto no sucedió y las expectativas bajaron su tono.
Nada menos que el propio Venter advirtió que "los principales beneficios del proyecto del genoma humano... todavía no han alcanzado a la población, pero no tardarán mucho en llegar".
Tres áreas. Hasta ese momento, se distinguían sólo tres áreas muy diferenciadas. La más antigua y tradicional, denominada "curativa", aparecía complementada por otras dos que reconocen como campos propios la atención de períodos previos y posteriores a los que aquélla trata. Las mismas se identifican, respectivamente, como "preventiva", debido a que busca reforzar las defensas naturales del organismo y evitar las probables afecciones futuras que acechan a la salud de los individuos, y "de recuperación", que procura restaurar en plenitud las condiciones vitales y la capacidad tanto intelectual como laboral que los pacientes gozaban antes de sufrir tales padecimientos.
El acceso al ADN humano se consideró siempre como un verdadero hito que debía dar la posibilidad cierta de avanzar en una rama casi inexplorada, la cual se ha dado en llamar "medicina predictiva" o "anticipatoria". Este nuevo ámbito tiene por finalidad adelantar, en extensos períodos plurianuales previos, eventuales enfermedades sobrevivientes con base en la evaluación de algunos signos característicos que las preceden en una etapa de amplitud diversa.
Como se puede apreciar, la meta es ambiciosa y pretende abarcar un variado espectro de éstas -entre ellas, las que constituyen principales causas de muerte a nivel mundial-, cuyas primeras exteriorizaciones suelen con frecuencia ser tardíamente detectadas para encarar su efectiva atención.
Muy a pesar del tono esperanzado y eufórico con que hicieron conocer tan revolucionarios progresos de laboratorio, hasta hace poco tiempo no se advertían grandes avances respecto de las expectativas que forjaron, y era lógico que comenzara a cundir el escepticismo.
Anuncios alentadores. Sólo hace alrededor de un año esta situación registra firmes evidencias de cambio, debido a que concluyeron los estudios preparatorios sobre aplicaciones prácticas y hay elementos para pensar que estamos en la antesala de conquistas de enorme trascendencia.
El primer anuncio se refiere a la detección con hasta cinco años de anticipación de síntomas imposibles de advertir, relativos a futuras afecciones cancerosas y, de modo muy especial, en los casos que afectan a la próstata.
La segunda primicia de notoria relevancia permite, con la misma antelación, prever y corregir las condiciones desfavorables que pueden poner en serio riesgo, desde el seno materno, la salud de los niños.
Con una escasa diferencia de tiempo, en oportunidad de celebrarse en Buenos Aires, desde el 13 de junio último, el 14º Congreso Internacional de Parkinson -enfermedad que en Argentina alcanza a 60 mil personas- se divulgó un tercer gran avance en esa especialidad, que consiste en la localización de signos no motores que preceden hasta en 10 años a los primeros temblores que caracterizan a su percepción inicial.
Ello habrá de facilitar, además de una atención precoz, la posibilidad de que se formulen tratamientos innovadores y la localización de medicamentos para combatir algunas de sus causas generadoras más remotas, hasta ahora ignoradas. Ganar todo ese tiempo puede ser decisivo, ya que mediante lo conocido se está llegando muy tarde, pues las primeras exteriorizaciones de naturaleza motriz implican la culminación de un largo proceso, silencioso y traicionero, que destruye el 70 por ciento de las neuronas correspondientes a las zonas afectadas.
Seguramente este tipo de progresos u otros incluso más sorprendentes que habrán de volverse cada vez más frecuentes enriquecerán el campo de la todavía naciente medicina "predictiva".
Aunque con alguna demora, ésta ya arrancó y su previsible evolución simboliza lo que será la ciencia del futuro.
*Profesor de posgrado Facultad de Ciencias Económicas UNC

