Los acuerdos megarregionales y el Mercosur
Hay que comprender que el problema no está en las negociaciones interbloque; el problema radica en que la casa no está en orden, en la falta de lectura estratégica.
Se podría decir que, a lo largo del año, los principales hitos de la agenda internacional –al menos en su cobertura mediática– estuvieron marcados por la situación vivida en los países de Medio Oriente, especialmente en Egipto y Siria, y por los escandalosos casos de espionaje llevados a cabo por la inteligencia estadounidense, que en algún momento tuvieron a Edward Snowden y al exsoldado Bradley Manni ng en el centro de la escena. Estas cuestiones –sin duda de alta relevancia por su impacto en la política mundial–han soslayado o bien eclipsado un a tendencia estructural que podría representar una nueva configuración geoestratégica del sistema internacional. Estamos hablando del incremento de las negociaciones de acuerdos comerciales de amplio alcance que se han dado en llamar "tratados megarregionales". Este fenómeno –que en los últimos meses ha cobrado una inusitada importancia– consiste en una nueva generación de acuerdos que se dan entre los distintos bloques comerciales, conformando espacios económicos que involucran altos niveles de comercio, inversión y a una parte más que importante de la población mundial.Los casos más resonantes son las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio e Inversión, entre Estados Unidos y la Unión Europea, que involucran a un tercio del comercio y a la mitad de las inversiones a nivel mundial, y las negociaciones para el Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional entre los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, Australia, India, Nueva Zelanda, China, Japón y Corea, con la mitad de la población y el 30 por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial.Entre otras iniciativas, también se pueden destacar el Acuerdo Transpacífico, con la participación de países del este asiático, de América del Norte y Latinoamérica.
Nuevos escenarios
¿Por qué son importantes estos megaacuerdos?
En primer lugar, porque consolidan una tendencia hacia los regionalismos. En los últimos años, se ha dado una extraordinaria proliferación de acuerdos regionales. Hasta el momento, hay registrados 211 tratados vigentes de la más diversa índole: entre países desarrollados, entre países en desarrollo o entre ambos y, ahora, esta tendencia interbloque marca el inicio de una nueva generación, que podría cambiar la forma de pensar las relaciones económicas internacionales.
En segundo lugar, porque representan una alternativa de gobernanza, en la cual los países encuentran soluciones en el plano regional que difícilmente puedan lograr en el plano multilateral.
El caso paradigmático es la Organización Mundial del Comercio, en donde las negociaciones de la ronda de Doha permanecen estancadas desde hace algunos años, lo cual revela la dificultad para obtener consensos en los principales foros internacionales.
Asimismo, es importante mencionar que los acuerdos incorporan materias cada vez más amplias, que exceden lo estrictamente comercial, como son inversiones, cooperación y seguridad, entre las más destacadas; lo que en algún punto muestra el anacronismo de las instituciones globales, que mantienen estructuras del siglo pasado y son más bien reticentes al cambio.
Finalmente, ante la prolongada salida de la crisis económica, esta reorganización puede representar un cambio de paradigma y las bases de un nuevo orden comercial internacional en el que la división internacional del trabajo –es decir, en lo que se especializan los países para comerciar con otros– se articule mediante bloques productivos.
El Mercosur
¿Por qué hay que tener en cuenta al Mercosur?
En principio, es de todos conocido que este bloque regional es una apuesta fuerte en el marco de nuestra política exterior, y comprender estas tendencias es fundamental para avanzar y profundizar el proceso de integración.
A decir verdad, en el último tiempo no ha mostrado mayores progresos, como resultado de las restricciones en la circulación de bienes, la dificultad de aplicar un arancel externo común y las tensiones crecientes entre los distintos mandatarios del bloque.
Pero también es importante porque en el Mercosur tenemos nuestra propia aventura megarregional, en referencia a la intención de firmar un tratado de libre comercio con la Unión Europea.
Las negociaciones comenzaron a mediados de la década de 1990 y han sufrido numerosos altibajos, aunque hace algunos años que permanecen estancadas; por un lado, producto de la negativa europea para avanzar en el marco de la crisis económica, y por el otro, debido a las diferencias entre Argentina y Brasil para elaborar una propuesta conjunta.
Hay que comprender que el problema no está en las negociaciones interbloque; el problema radica en que la casa no está en orden, en la falta de lectura estratégica.
Ante esta posible nueva configuración del comercio mundial, es fundamental que los intercambios intrabloque sean de naturaleza intraindustrial, en torno de cadenas regionales de valor, y que las negociaciones con terceros mercados sean interindustriales, basadas en complementariedades de lo que cada bloque sabe producir relativamente mejor.
¿Cómo podemos pretender avanzar en una negociación de esta naturaleza sin tener un patrón de especialización regional definido, y mucho menos una estructura productiva integrada? En definitiva, el problema está en que no podemos definir qué vamos a negociar. En este contexto, no es difícil imaginar un desenlace.
Solución
La cuestión pasa por los objetivos, es decir adónde se quiere llegar con el Mercosur.
La voluntad de integración, al menos en materia de desarrollo económico, debe ser mayor que el interés nacional de cada país miembro. Sin embargo, la lógica de la soberanía nacional se ha incrementado luego de la difícil situación de la economía global, en vez de buscar una salida conjunta.
La integración de las estructuras productivas, la definición de patrones de especialización regional, la elaboración de protocolos de actuación conjunta en el escenario internacional y una estrategia articulada de negociaciones, son algunas de las cuestiones en las que hay que avanzar para lograr una exitosa inserción internacional del bloque y para que los estados miembro puedan aprovechar las ventajas de la integración.
Parece una empresa difícil, pero las exigencias en las puertas de un nuevo orden internacional así lo demandan. En diciembre será la próxima cumbre de presidentes, el primer paso es tomar una decisión sobre si continuamos girando en falso o si avanzamos como bloque.
*Director General del Grupo de Estudios Internacionales Contemporáneos

