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Las tortugas vienen marchando

El último escándalo provocado por el robo de las armas de la Policía demuestra que, una vez más, el gobernador está ausente. El ministro de Seguridad es un funcionario desconocido y las políticas del área quedan en manos del jefe de Policía, el discutido Julio Suárez.

01 de noviembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Las tortugas vienen marchando
(Ilustración Juan Delfini)

Tras la primera vuelta de la ­elección presidencial, la provincia quedó tapizada de votos de Mauricio Macri, en un resultado inesperado por las cifras. En realidad, los números de Córdoba y Buenos ­Aires hicieron que Macri forzara el balotaje. Tras el urnazo, José Manuel de la Sota tiene puesto el foco de atención en su futuro político. Mientras tanto, aquí huyen las tortugas.El robo de armas de la Policía provincial, advertido en junio pasado pero conocido ahora, demuestra una total falta de conducción en un área tan sensible como la seguridad.Después de la desaparición de las pistolas, en lugar de hacerse una lógica denuncia penal, se realizó una exposición en la que se dijo que existió un aparente "extravío". En perspectiva, cualquier ciudadano puede inter­pre­­tar que se trató de una maniobra infantil, propia de un niño que se comió el último durazno y ocultó el carozo abajo de su almohada.Eso pasa porque De la Sota está ausente. El ministro de Seguridad al que designó, nadie sabe cómo se llama, qué hace ni adónde está.Hay que ir a la página oficial del Gobierno para encontrar a Marcos Farina, cuya estrategia para pararse frente a este dilema fue la que siempre desplegó desde que llegó al cargo: guardar silencio.Así las cosas, la conducción del área queda en manos del jefe de la Policía, Julio Suárez, cuyas contradicciones y limitaciones son cada vez más notorias. Ante un problema en el sector que se hace público, la primera medida que suele adoptar Suárez es ignorar ese problema o negarlo.El jefe de Policía, elogiado por su condición de "tropero", fue subiendo en la escalera del poder de la mano de un examigo del gobernador, el flamante sciolista Carlos Alessandri.Lo concreto es que cada vez que De la Sota se distancia de la función por razones electorales, después tiene inconvenientes. Veamos: soñó con ser presidente en 2002. Inició una gira nacional y le fue mal. En ese tiempo, dejó la provincia en piloto automático e irrumpió en escena Luis Juez, uno de sus mayores rivales, al que recién pudo maniatar hace poco.En 2013, también tomó distancia y un grupo de policías estuvo a punto de hacer estallar la provincia.Ahora se da esta situación, que lógicamente no tiene la envergadura de los saqueos de diciembre de 2013, pero que de ninguna manera debe ser tratada a la ligera. La encerrona En estos días, la realidad puso al jefe del Ejecutivo provincial en una encerrona y luchará para defender su futuro político. La apuesta, dicen en su entorno, es quedarse como principal referente del peronismo si es que Macri derrota a Daniel Scioli. Tiene el gobernador el mismo ob­jetivo que su actual aliado nacional, Sergio Massa. No son los únicos.De acuerdo con el último discurso, quien también se anota como jefa de la oposición es la presidenta Cristina Fernández. Su mensaje fue el de aquel que perdió y quiere volver.Con vehemencia, pidió votar al modelo pero ninguneó al candidato oficialista y rechazó la propuesta sciolista de devolverle el 82 por ciento móvil a los jubilados. Una joyita.De la Sota ha galvanizado su relación con Macri y mañana se reunirá con él. Seguramente, el candidato presidencial le ofrecerá ser el canciller de su hipotético gobierno.Los propios macristas sospechan que el gobernador rechazará la propuesta porque entienden que no querrá quedar adherido a Cambiemos y abandonar al peronismo. Pero que lo mencionen y lo tengan en cuenta le sirve al gobernador para estar en la pantalla del poder.Además, el jefe del Centro Cívico tiene otro inconveniente, para nada menor: desde diciembre, el dirigente peronista con mayor poder real en el país será su aliado de pago chico Juan Schiaretti, el gobernador electo que ayer viajó a Colombia y luego lo hará a Estados Unidos.Schiaretti será el peronista que administre la provincia de mayor envergadura, ya que Buenos Aires cambió de dueño. A eso, Macri lo sabe muy bien y por eso también mantendrá una relación más que buena con las futuras autoridades provinciales.Por otro lado, el todavía jefe de Gobierno porteño es hoy prácticamente imbatible en nuestra provincia. En los comicios del domingo pasado, sacó algo más de 53 puntos y su equipo quiere llegar a 70 para el balotaje.Dolidos por la paliza en las urnas, los sciolistas ven a De la Sota como uno de los principales factores de la derrota del cultor de la "ola naranja". "De la Sota se hizo el sota y jugó para Macri", razonó un operador del go­bernador bonaerense al describir los escenarios.En realidad, el Frente para la Victoria debería mirar hacia adentro, porque padece una interna desquiciada, con dirigentes que no entienden otro modo de hacer política que con una chequera del Estado en la mano. Ruleta esquiva Quien disponía de una última ficha y la jugó pero perdió fue el exintendente de Córdoba Germán Kammerath. Amigo de la juventud de Macri, el exucedeísta podía soñar con un opera­tivo reciclaje y volver, después de su polémica y cuestionada gestión en la Municipalidad de Córdoba.Con mil sospechas de corrupción en el lomo, Kammerath se las compuso para ir capeando el temporal. Sin embargo, mucho más de una década después de haber terminado su mandato, cae por una causa si se quiere menor y le aplican tres años y medio de prisión, que se hará efectiva si se confirma la condena.Los argumentos de la fiscal Laura Battistelli resultaron arrolladores y Kammerath no pudo rebatirlos.El operativo retorno –si de verdad existía– estalló. Por lo pronto, el exfuncionario menemista afronta problemas reales con otros datos de su condena, más allá de la prisión: tiene prohibido de por vida ejercer cargos públicos y por ahora no puede salir del país, lo que le causa complicaciones importantes, ya que por razones comerciales viaja mucho a Oriente.Mientras tanto, esta semana la campaña seguirá. Scioli ya lanzó su estrategia de apelar al "voto miedo", vaticinando que si gana Macri habrá caos en el país.El candidato de Cambiemos eligió descansar hasta hoy y a partir de mañana empezará a recorrer el país hablando poco en público y sacándose muchas fotos en caravanas y actos en los que no deba exponerse de­masiado.Este jueves estará en la capital provincial la candidata a vicepresidenta Gabriela Michetti y hacia mediados de mes se dará una vuelta el propio Macri para, entre otras cosas, pasearse por algún barrio bien postergado.Los libretos están escritos y los candidatos deben actuar. El domingo 22 es la función.