Las renovadas relaciones de Argentina con China
Los chinos no ignoran la difícil situación que vive nuestro país como consecuencia del fallo del juez Thomas Griesa en Nueva York, favorable a los fondos buitre.
Según los datos más recientes, China, en función del producto interno bruto, desplazó del primer lugar a Estados Unidos. Obviamente, no es así si se considera como parámetro el promedio de ingreso por habitante.
Las autoridades de Beijing no dieron demasiada relevancia a esa circunstancia y prefieren fijar como meta hasta 2034 la de equipar el nivel per capit+a estadounidense, lo cual implicaría más que cuadruplicar el que exhiben en este momento.
Conviene recordar que hoy aparece como el país más poblado del planeta, con 1.357 millones de habitantes en un territorio de 9.599.600 kilómetros cuadrados, lo que arroja una densidad de 141,4 personas por kilómetro.
De esta forma, se ubica en tercer lugar entre los más extensos del mundo, detrás de Rusia y Canadá, pero precediendo por poco a Estados Unidos. Hasta octubre de 2013 y desde 30 años atrás, se habían impuesto rígidas restricciones a la natalidad, mediante la norma denominada del “hijo único”.
En la actualidad, el límite son dos hijos por familia y ello hace prever que inician una nueva etapa en que se acelerará bastante el ritmo de crecimiento de la población, lo que evitaría un peligroso envejecimiento global.
Con la aplicación de la referida limitación, buscaban proveer de una dieta alimentaria adecuada a todos en el menor tiempo posible. Su economía logró ascender entre 1990 y 2012 a una tasa anual inédita que, en promedio, fue superior al 10 por ciento. Pero en 2013, y seguramente también en 2014, dicho índice se reducirá a 7,5 por ciento, que por lejos constituye la más elevada performance planetaria en esa materia.
Dado que no modificaron su aspiración original de elevar de forma drástica la capacidad de consumo, han optado por recalificar y trasladar a las ciudades a alrededor de 300 millones de trabajadores rurales, los que se tornan innecesarios en la medida en que se introduzca maquinaria de última generación para realizar las tareas de los campesinos.
La producción propia de alimentos es –y será cada vez más– insuficiente, razón por la cual su gobierno puso los ojos en África y, de manera muy especial, en Brasil y la Argentina, a la vez que apunta a una provisión masiva de petróleo proveniente de Venezuela.
En procura de cumplir tales objetivos, sus autoridades suscribieron hace poco 38 acuerdos con este último país, lo que da una pauta de la magnitud que se proponen lograr, pues prevén comenzar con envíos diarios de 100 mil barriles, para llegar hacia fines del decenio a nada menos que un millón.
Además de incentivar la producción de combustibles líquidos, encararán en forma conjunta otras relevantes actividades. Entre ellas, pueden citarse la alta minería, varias especialidades industriales, trazado y dotación de transporte terrestre, infraestructura y construcción masiva de viviendas, todo lo cual puede dar un enorme impulso a Venezuela.
Por lo tanto, no es de extrañar que busquen convertir al referido país sudamericano en receptor masivo de capitales y promoverlo a un expectante cuarto lugar entre sus mayores “socios” dentro de América latina.
La visita china
La posterior llegada del presidente Xi Jinping a Buenos Aires se constituyó en el punto final de su gira por cuatro países de América latina, en coordinación con la reunión del grupo Brics (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en Fortaleza, Brasil. Esta instancia adquiere una connotación mucho más relevante de lo que podría suponerse en “tiempos normales” y de las limitadas estimaciones que vienen realizando los analistas.
Los chinos no ignoran la difícil situación que vive nuestro país como consecuencia del fallo del juez Thomas Griesa en Nueva York, favorable a los fondos buitre, y de las derivaciones que puede generar la intención de apelar a la denominada cláusula Rufo (sigla en inglés de derechos sobre futuras ofertas).
Una correcta evaluación de ello es lo que los impulsó a actuar expresando un firme apoyo e insistiendo en las muy amplias perspectivas futuras en materia de intercambio. En consecuencia, lo dicho y actuado se tradujo en un formidable respaldo que nadie puede soslayar.
Los créditos para ejecutar dos centrales hidroeléctricas con participación prioritaria de una gran empresa especializada china son aspectos significativos de respaldo, pero –por sobre todas las cosas– la operación de swaps (permuta financiera) por un equivalente a 11 mil millones de dólares tiene un especial sentido de apoyo político al más débil.
China es el país que posee mayores reservas monetarias del planeta y, obviamente, no necesita disponer de “refuerzos” de moneda argentina, pues para ellos constituyen apenas una gota de agua en el océano.
En cambio, el referido importe es para Argentina –que dispone de ellas por poco menos de 30 mil millones de dólares en las arcas del Banco Central– una clara muestra de solidaridad e incluso se convierte en una expresión muy rotunda de que están dispuestos a consolidar la posición del país frente a los que pretendan aprovecharse de las circunstancias.
China ya hace tres años que viene encabezando el flujo de importaciones a estas playas, y las ha multiplicado por 10 desde 2004 a la fecha. Su dinámica ha sido tal que desplazó de esa posición a Brasil, que también ha sido nuestro principal cliente.
Al mismo tiempo, los países que constituyen la Unión Europea se debaten en un prolongado proceso recesivo que no exhibe señales de poder ser superado antes de fines de esta década. En paralelo, Estados Unidos, si bien recuperó parcialmente la dinámica de crecimiento, lo hace a un ritmo muy atenuado (+1,9 por ciento), insuficiente para absorber siquiera la nueva mano de obra doméstica que se suma por simple avance vegetativo de su población.
China requiere provisión de alimentos cada vez en mayor escala, mientras que Argentina necesita especialmente inversiones en tecnología y bienes de capital para respaldar una sólida y continua expansión. Lo importante será adoptar una vía de “ida y vuelta” que no se asemeje al esquema del librecambio aplicado en la década de 1990, cuando se privatizaron a “precios de liquidación” empresas públicas que eran verdaderos símbolos de independencia económica (por ejemplo, YPF).
Hasta donde se puede apreciar, estamos en la buena senda, pues se advierten nítidos signos de respeto recíproco. Pero no está de más que nos mantengamos vigilantes.
*Profesor de posgrado de Ciencias Económicas (UNC).

