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Las propuestas políticas

Es necesario que los candidatos que ya fueron gobierno dejen de gastar –con el dinero del pueblo– elevados montos en propaganda para relatar sus grandes logros. Los ciudadanos queremos precisiones sobre el futuro.

13 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Enrique Liberati (Doctor en Derecho)
Las propuestas políticas

Cuando los candidatos proponen mejorar la educación, luchar contra el narcotráfico, devolver la seguridad que merecemos, detener la inflación descontrolada, renovar el plan vial para modernizar todas las rutas y los medios de transporte, terminar con la desnutrición infantil, vivienda para todos, terminar con la corrupción y otras fantásticas propuestas, el ciudadano común alimenta más incertidumbres que certezas y debe formularse una serie de preguntas. En efecto, la cuestión central podría sintetizarse en un interrogante: ¿qué votante puede estar en desacuerdo con estas propuestas? Ninguno. Todos las apoyaríamos. Ello certifica la inutilidad de semejantes promesas. Son conceptos desprovistos de significado.De allí se sigue que nuestros candidatos están pidiendo un cheque en blanco, basado en su imagen o la confianza que puedan generar en el electorado a partir de un marketing engañoso. En mi opinión, corresponde que filtremos esas propuestas celestiales con un baño de ácido cínico. Para ello, el elector debe exigirles a los candidatos que respondan una serie de preguntas. ¿De qué modo mejorarán la educación? ¿Qué significa priorizar los problemas de la gente? ¿De dónde sacarán los fondos? ¿Cuándo van a realizar lo que proponen? ¿Cuál será la prioridad del gasto? ¿Cómo se va a combatir al narcotráfico y la inseguridad? ¿Cómo van a proceder con los contratados; los van a pasar a planta permanente? ¿Van a seguir contratando? ¿Cómo continúa el tema de la televisación de Fútbol para Todos? ¿Cómo y cuándo resolverán el misterio de los desorbitantes costos de Aerolíneas Argentina? ¿Van a mantener en secreto el contrato de Chevron Vaca Muerta y los convenios con China y Rusia? Es necesario que los candidatos que ya fueron gobierno dejen de gastar –con el dinero del pueblo– elevados montos en propaganda para relatar sus grandes logros. Los ciudadanos queremos precisiones sobre el futuro.En el orden nacional, deberán pronunciarse sobre el destino de los más de 100 medios de comunicación que sostiene el Estado para propaganda de gestión del Gobierno que, lógicamente, abonamos entre todos.¿Cuándo van a sancionar la postergada ley de coparticipación nacional, que garantiza de forma automática la remisión de fondos a las provincias? ¿Van a propiciar cambios equitativos en la composición del Consejo de la Magistratura? El candidato a presidente, ¿utilizará el recurso de gobernar con los decretos de necesidad y urgencia?

Conclusión

Como se puede observar, las respuestas a las grandes cuestiones que aquejan al país no se encuentran en las propuestas de los aspirantes a dirigir los destinos de nuestra patria.

Bien podemos interpretar que sólo se interesan por alcanzar el poder sin mostrar vocación de servicio ni compromiso alguno para la gestión pública.

Todos los días revisan cómo miden en las encuestas y cuáles son los proyectos que el pueblo espera escuchar para, entonces, dirigir el proselitismo en esa dirección.

Nuestros candidatos deben entender que, con el lenguaje ambiguo que utilizan, ya no engañan a nadie y que el pueblo está cansado y descreído de una dirigencia que miente sin control.

Como reflexión final, resulta oportuno citar una conocida advertencia de Félix Cohen, en su ensayo

El método funcional en el derecho

, cuando expresa: “Toda palabra que no tenga provisión de fondos en moneda de hechos, a la vista, es declarada en bancarrota, y no estamos dispuestos a seguir manteniendo relaciones con ella”.

Si nuestros políticos adoptaran este razonamiento, sin dudas se quedarían mudos, ya que su discurso sería declarado en bancarrota.