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La vanidad y la identidad

Los vanidosos no tienen una verdadera identidad. Se aferran a la seguridad que se atribuyen y a lo que creen que generan con su presencia.

09 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Ali Badrán*
La vanidad y la identidad

L a vanidad es una forma de vanagloriarse uno mismo, y la vana gloria se basa en el orgullo; por lo tanto, la vanidad es el orgullo basado en cosas vanas. Cosa vana es todo aquello que se tiene por valioso pero que se desvía de lo que en realidad vale. Lo vano nos apega a una falsa imagen de la persona, medida por sus riquezas, por su fama y por su poder en este mundo.Lo vano carece de solidez en la vida eterna. La más sutil de las vanidades es conseguir que esta no se vea y llamar la atención sin que se note demasiado.Al igual que el orgullo, la vanidad suele ser del tipo jactancioso y burdo. Es una apariencia de normalidad, de naturaleza, de optimismo y de eficacia; por eso, las personas que poseen este rasgo pueden adaptarse a cualquier entorno y hasta triunfar en él.A la vanidad no se la encuentra entre los pecados capitales que mencionan las distintas religiones, porque no tiene una entidad propia; por ello, podemos asimilarla al orgullo.El máximo logro de los vanidosos tal vez fue imponer su pasión, que es la de aparentar para conseguir y tener un valor dominante en la actual cultura mercantilista que tratan de inculcarnos.El vanidoso se fija metas para lograr sus objetivos, planifica y ejecuta de modo fiel las estrategias para conseguir sus fines y lograr sobresalir en su medio social y profesional.El profeta Mahoma ( Muhammad, en idioma árabe) decía a sus compañeros: "No se vanaglorien de ustedes mismos ni de las buenas acciones que realizan, porque Dios no tiene en cuenta a los vanidosos".Son muchos los países en cuyas culturas se valora tanto a los ejecutivos eficaces como a las personas triunfadoras. Creen que así van a lograr que se los considere sociedades donde rige la excelencia. En verdad, no son más que paraísos de la publicidad, en los que cuenta más el envoltorio que el contenido y en los que el gesto mediático vale más que la buena intención.Los vanidosos llegan a creer que la mirada del otro es la que justifica la existencia y que los demás sólo pueden apreciarlos por su actividad y por su imagen física.Buscan agradar y triunfar a cualquier precio. Así, no es raro que padezcan de estrés, de ansiedad y que sufran infartos y otras enfermedades típicas. Todo por tratar de vanagloriarse y destacarse ante sus parientes, amigos y en su entorno en general.Algunas veces, cuando actúan en sociedad, estas personas pueden ser muy brillantes, e incluso resultan agradables y serviciales, pero cambiamos de opinión cuando vemos que su vanidad los lleva a vanagloriarse de sí mismos.Los vanidosos no tienen una verdadera identidad. Se aferran a la seguridad que se atribuyen y a lo que creen que generan con su presencia. Hablan de sus riquezas materiales, o de sus brillantes negocios, o de sus triunfos sociales, o de sus éxitos políticos.Lo concreto es que el vanidoso siempre trata de mostrar que es un triunfador y busca ser el centro de atracción en todas las reuniones. Ya lo dice el Eclesiastés: "Vanidad de vanidades. ¡Todo es vanidad!". Uassalamu alaicum (la paz sea con todos).

*Imán, miembro del Comipaz