La falta de confianza degrada la política
La oposición y el kirchnerismo advirtieron lo frágil que es la jugada macrista y quieren convertirla en una oportunidad. Todo está por verse en el reino de quién da más y de las triquiñuelas de la vieja política, las que no dejan de usar los que venían a cambiarla. Macri incluido. Carlos Sacchetto.
Si hay un ingrediente que no le falta al sistema político argentino es la desconfianza. Sucesivas decepciones individuales y colectivas han creado un clima que condiciona las relaciones entre los distintos actores del sistema.
La sociedad desconfía de la proclamada honradez y sinceridad de sus dirigentes. Los que depositan su confianza en algún político saben que la frustración es una posibilidad.
Las relaciones de los dirigentes entre sí, aun las de aquellos que comulgan con una misma idea política, se caracterizan también por la desconfianza.
Mauricio Macri enfrenta por estos días la que quizá sea la encrucijada más difícil de una carrera que él imaginó con final en la Casa Rosada.
Concibió una estrategia legislativa de máximo riesgo que lo llevó a solicitar a la Legislatura su propio juicio político porque está procesado por la Justicia Federal en la causa de las escuchas telefónicas ilegales. Pero, aunque confíe en su inocencia, no puede hacer lo mismo con los jueces, a los que señala funcionales al kirchnerismo, ni con sus propios legisladores.
Los números para las votaciones que podrían llegar a salvarlo de pedir licencia o renunciar como jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, en los papeles y por poco, lo favorecen. Pero el mayor problema táctico que tiene ahora el macrismo en medio de la crisis es retener su propia tropa. Todos desconfían de todos.
Los sectores más fuertes de la oposición, y en especial el kirchnerismo, han advertido lo frágil que es la jugada macrista y quieren convertirla en una oportunidad.
Consecuencia: todo está por verse en el reino del quién da más y de las triquiñuelas que propone la cuestionada vieja política, la de siempre, la que no dejan de usar los que dijeron que venían a cambiarla. Macri incluido.
Otra pareja. La desconfianza también se extiende a otros protagonistas. Tras exhibirse como una amorosa pareja política, Elisa Carrió y Ricardo Alfonsín están ahora cruzados por los celos. Los coqueteos del radical con Cristina Fernández en un acto en Chascomús, cuyas fotos el Gobierno se encargó de distribuir en forma generosa, introdujeron una cuña en la construcción de una alternativa opositora para el año próximo.
Otro tanto sucedió en la semana con el peronismo disidente, ámbito donde tampoco nadie confía en nadie. Allí, Eduardo Duhalde terminó de convencerse de que la interna que propone Néstor Kirchner para el justicialismo es una "trampa" y dijo que jugará su candidatura por fuera del PJ, luego de consensuarla con los demás peronistas no kirchneristas. También por fuera irá Felipe Solá, pero éste, por falta de confianza en sus viejos amigos, quiere resolver la candidatura en una interna del PJ disidente. Sostiene que no está dispuesto a negociar alianzas con dirigentes que representan la vigencia de un pasado del que se quiere despegar, pero a los que necesita para engordar su base de sustentación política.
En esa tarea de acumular poder, en cambio, Kirchner marca diferencias porque lo hace desde la confrontación más dura. Luego de la sanción de la ley de matrimonio homosexual, que marcó un áspero roce con la jerarquía de la Iglesia Católica y de otros credos, está decidido a ir por más para afianzar sus lazos con el progresismo.
Ahora, la educación sexual. Aunque sin alardes innecesarios que serían irritantes para ciertos sectores de la sociedad, la idea es profundizar la misma línea en la educación sexual en las escuelas. El Gobierno quiere ahora que en las aulas se enseñe que hay tres tipos de familia y no sólo una, incorporando así a las conformadas por gays y lesbianas. Los proyectos ya están en marcha.
Dos datos corroboran que la desconfianza guía con fuerza los actos del poder. El primero es que Alfredo Chiaradía será el embajador argentino en Estados Unidos porque la Presidenta dijo no a la propuesta de que fuera Elsa Kelly, una diplomática ligada al radicalismo. El temor de reeditar situaciones como la ocurrida con el vicepresidente Julio Cobos prevaleció sobre las innegables cualidades de la candidata.
El segundo dato es que el Gobierno promete elevar al Senado el pliego para prorrogar la presencia de Enrique Petracchi como juez de la Corte Suprema. El magistrado cumplirá 75 años en noviembre y, según lo establecido por ley, debería retirarse. Pero en la Casa Rosada consideran que viene "haciendo buena letra" y prefieren que siga. Justo en una etapa en la que la Corte podría tomar decisiones muy sensibles para el Gobierno nacional.

