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La escondida y el tapado

Lo único claro es la abierta contradicción entre la descripción que ministros y dirigentes oficialistas hacen de la actividad presidencial y la razón que dan a la hora de explicar su invisibilidad.

18 de enero de 2014 a las 02:03 p. m.
Claudio Fantini*
La escondida y el tapado

Su entorno la describe activa, lúcida y enérgica, sosteniendo reuniones, calibrando medidas, tomando decisiones, dando órdenes; o sea, liderando. Pero la oposición la imagina abatida, viajando entre euforias y depresiones. En la vereda crítica también se la describe cambiante, confusa y vociferando órdenes contradictorias a quienes pone y saca del timón de un país a la deriva. Pero la verdad es que no se sabe a ciencia cierta a qué se debe esta larga ausencia de Cristina Fernández, una mujer cuyo afán de protagonismo se canalizó en sobredosis de cadenas nacionales y trasmisiones de actos de todo tipo.En todo caso, lo único claro es la abierta contradicción entre la descripción que ministros y dirigentes oficialistas hacen de la actividad presidencial y la razón que dan a la hora de explicar su invisibilidad. Dicen por un lado que está de reunión en reunión y que es ella quien evalúa todo y toma todas las decisiones, pero explican que no aparece en público porque los médicos la cuidan del estrés de gobernar y le recomiendan calma y reposo.Si de lo que debe cuidarse es del estrés gubernamental y lo que necesita es calma y reposo, entonces, ¿por qué continúa con las reuniones, la evaluación de problemas y la toma de decisiones? Disertar ante un público cautivo que la adula con aplausos, sonrisas y gesticulaciones no parece una actividad muy estresante. Tampoco trepar a escenarios donde militantes se embelesarán viéndola bailar, cantar, tocar tambores o lo que se le ocurra. Nada de eso parece que pueda ponerla al borde de un ataque de nervios.Opositores y alguna prensa crítica imaginan o especulan, mientras el kirchnerismo se contradice entre lo que describe y lo que explica sobre la invisibilidad de Cristina. O la actividad presidencial que describe es cierta y la explicación de su ausencia visual es falsa, o viceversa. Pero las dos cosas, al mismo tiempo, se contradicen.Ahora bien, el Gobierno y su red de medios no son las únicas fuentes de información que distorsionan la realidad en este largo y ardiente verano.

El tapado

Leandro Santoro es el radical menos pensado. Lo hizo visible el programa que es buque bandera del aparato estatal y paraestatal de propaganda. Pero en

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ha sabido desnudar falacias del ideologismo kirchnerista mejor que muchos dirigentes de su partido que son invitados permanentes en los programas antikirchneristas.

Posiblemente, la primera vez lo invitaron por no saber con más precisión quién era ese joven dirigente de la agrupación Los Irrompibles. Quizá esperaban un “radical K”; o bien un muchacho tan poco formado como es de esperar en un partido sin entusiasmo por la formación de cuadros juveniles. El hecho es que pareció tomar por sorpresa a los entrevistadores la destreza retórica y la solidez política con que se encontraron.

La segunda vez que lo invitaron, el kirchnerismo ya estaba lanzado a la apropiación de Raúl Alfonsín. La idea es presentar al Gobierno como continuador enérgico y eficaz de un proyecto que, por haber apenas esbozado, le costó a Alfonsín un asedio despiadado de las corporaciones que, finalmente, desembocó en un “golpe de mercado”.

El kirchnerismo pasó de ningunear al expresidente a inventar un Alfonsín kirchnerista y sostener que todo alfonsinista coherente debe alabar al Nestornauta y fascinarse con Cristina.

En la consecución de esa meta, Leandro Santoro en

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fue más bien un tiro por la culata. No obstante, cabe preguntarse por qué un joven radical que sabe debatir y es un buen cuadro político aparece en un escenario ultrakirchnerista en lugar de que lo entreviste el periodismo crítico. En esos espacios desfila, como parte de un menú fijo de políticos, la dirigencia radical que centra su mirada en la agenda 
de problemas institucionales y económicos que fijan los medios opositores.

¿Por qué no muestra más la UCR a un joven radical con capacidad de debate y apego al pensamiento y las ideas políticas? ¿Le sobran jóvenes oradores con tales atributos? ¿O será que le molesta, igual que a la prensa crítica, que apruebe políticas kirchneristas sin llegar a ser un radical K, o que tenga agenda propia y no la que fijan los medios 
críticos?

Muchos opositores abonados al menú mediático también rescatan algunas políticas. Lo que no tienen es la capacidad de Santoro para desnudar la falacia de los ideologismos kirchneristas, expresando ideas y pensamiento político, aunque también haciendo evidente vacíos de la dirigencia opositora.

Por cierto, hay déficits en el discurso del joven radical. Uno de ellos es no situarse en un punto medio entre los economistas que siempre hablan del mercado como si fuera libre de impurezas como la cartelización y los monopolios y el discurso populista que describe al mercado como si fuera un ente maligno y no la comunidad expresándose a través de sus decisiones económicas.

Otro déficit es no ver la corrupción como un rasgo que el liderazgo kirchnerista trae desde Santa Cruz. ¿Acaso cree en el estrambótico argumento de que, como Jorge Lanata quería ficción, Fariña le dio ficción?

*Periodista y politólogo