Debate. Innovación y gobernanza: ¿soberanía digital o dependencia tecnológica?

El principal peligro de implementar plataformas de integración de datos masivos en Argentina radica en la asimetría de poder.

16 de mayo de 2026 a las 12:02 a. m.
Andrea Queruz Chemes
Innovación y gobernanza: ¿soberanía digital o dependencia tecnológica?
Intersecciones, Chumbi, gobernanza e innovación, república digital, inteligencia artificial

En el siglo 21, la soberanía de una nación ya no se mide únicamente por la custodia de sus fronteras físicas o la solidez de su moneda, sino por el control absoluto sobre sus datos. Argentina se encuentra hoy en una encrucijada histórica: la promesa de la "eficiencia total" mediante la contratación de gigantes tecnológicos como Palantir Technologies.

Sin embargo, intentar modernizar el Estado utilizando tecnologías de inteligencia artificial y big data sin saber de qué se trata ni tampoco poseer un marco legal robusto ni equipos de expertos a la luz de los hechos, en términos estratégicos, es una maniobra de alto riesgo.

Estamos ante la posibilidad de pasar de una burocracia ineficiente a una dependencia tecnológica absoluta y opaca.

El riesgo de la "caja negra" en un vacío legal

Palantir nació trabajando para la comunidad de inteligencia (CIA/FBI). Su modelo de negocio depende enteramente de la confianza estatal, tiene contratos multimillonarios con multimillonarios, y con la Otan y otros gobiernos europeos.

El principal peligro de implementar plataformas de integración de datos masivos en Argentina radica en la asimetría de poder. Palantir no es un simple software de oficina, ni tampoco una propuesta a medida; se trata de una arquitectura diseñada para conectar silos de información que van desde registros migratorios y antecedentes penales hasta movimientos bancarios y datos de salud u otros muy sensibles.

El problema surge cuando esta maquinaria se instala en un país que carece de una ley de inteligencia artificial (IA) y cuya Ley de Protección de Datos Personales data del año 2000, una era donde la IA predictiva aún era ciencia ficción.

Si bien la innovación y la integración de la inteligencia artificial aplicada tanto a la gobernanza estatal como privada son claves para la eficiencia operativa, carece de efectividad real si no está subordinada a un propósito estratégico y a una mentalidad de liderazgo preparada para dirigirla.

Sin un norte ético y una cultura de gobierno capacitada, la IA no es más que una herramienta de velocidad ciega; acelera procesos, pero no garantiza resultados con sentido humano ni social.

Sin una legislación actualizada, el Estado argentino le estaría entregando a una empresa extranjera una suerte de "cheque en blanco" sobre la privacidad de sus ciudadanos. Al no existir protocolos de auditoría algorítmica obligatorios, una intervención de esta magnitud operaría como una caja negra.

Esto significa que los funcionarios argentinos tal vez puedan ver en los resultados qué comunidad presenta un “riesgo”, qué zona debe ser patrullada, qué transacciones pueden ser “sospechosas”, ¿pero según cuál criterio podrán auditar el cómo se llegó a esa conclusión y cuál es el contexto cultural de su interpretación?

Sin una ley que exija la transparencia de los modelos, el país queda expuesto a sesgos ideológicos o técnicos que nadie podría cuestionar, porque nadie tiene permitido ver el código fuente o entender cómo se procesó la data.

El factor de la soberanía y el espionaje invisible

Debemos hablar con crudeza sobre la realidad geopolítica. Palantir nació con financiamiento de In-Q-Tel, el brazo de inversión de la CIA. Su lealtad final, por estructura legal y comercial, reside en los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos.

¿Cuáles son las garantías que puede dar el Gobierno para cuidar a sus ciudadanos? ¿Cuenta con un cuerpo de élite de "controladores" ingenieros, expertos en ciberdefensa y en comportamiento humano, capaces de monitorear cada paquete de datos que sale de los servidores nacionales? De no ser así, la posibilidad de espionaje o de filtración de inteligencia estratégica es una vulnerabilidad crítica.

Bajo leyes como el US Cloud Act, las empresas estadounidenses pueden ser obligadas a facilitar acceso a datos almacenados, incluso en el extranjero, si su gobierno de origen lo requiere por razones de seguridad nacional.

Si Argentina confía su inteligencia criminal, sus mapas energéticos de Vaca Muerta o sus registros financieros a estas plataformas sin una infraestructura de soberanía de datos (Data Residency) que garantice que ni un solo bit cruce la frontera sin autorización, el país estará firmando su capitulación digital. Estaríamos permitiendo que una potencia extranjera tenga una radiografía en tiempo real de nuestras debilidades y fortalezas.

La erosión de las libertades civiles

El riesgo también es interno. La combinación de una tecnología de vigilancia predictiva con la falta de control cívico puede derivar en un control social sin precedentes. Sin una ley que limite el uso de la IA para el perfilamiento de ciudadanos, estas herramientas podrían ser utilizadas, por ejemplo, para perseguir la disidencia política o estigmatizar sectores más vulnerables bajo el manto de la "objetividad algorítmica", convirtiéndose en un sesgo más.

La eficiencia no debe ser el caballo de Troya que destruya las garantías constitucionales.

La tecnología aplicada a gobernanza sería de máxima, pero en este contexto bien puede ser un "gol en contra". Si no hay legisladores exigiendo que el humano siempre esté "en el bucle" (human-in-the-loop) para validar las decisiones de la tecnología, corremos el riesgo de ser gobernados por un código que no votamos y que no podemos auditar.

La tecnología es una herramienta, una metodología, una creación humana, no un destino. La integración de tecnologías basadas en IA e ingeniería de data a la administración pública es necesaria, pero no puede hacerse a costa de la autonomía nacional.

No se trata de rechazar la innovación, sino de exigir las condiciones para que la innovación no se convierta en subordinación y pueda instrumentarse para fortalecer la toma de decisiones y las prácticas conscientes de gobernanza.

¿Vale la pena una supuesta seguridad inmediata si el precio es entregar las llaves de nuestra privacidad y soberanía a una entidad externa? La soberanía digital no es un lujo técnico; es la base de nuestra libertad futura. Si no somos los dueños de nuestros datos, no seremos los dueños de nuestras decisiones.

Entre los silencios que se escuchan a gritos, cabe preguntarse: ¿cuál es el rol de los legisladores? ¿Son los asesores del Gobierno los que impulsaron la adopción de Libra Coin los mismos que impulsaron un acuerdo casi mágico con Palantir Tech?

La IA garantiza eficiencia, pero solo el liderazgo humano puede asegurar efectividad. Una herramienta sin propósito es potencia sin dirección; el éxito de la transformación digital no reside en el software, sino en la arquitectura mental de quienes toman las decisiones.

Especialista en Liderazgo, IA estratégica y Gobernanza